En lo que llevamos de año han ardido casi 120.000 hectáreas en España, de las cifras más altas para esta fecha
Los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS por sus siglas en inglés) de Copernicus muestran que, hasta el 22 de julio, han ardido en España 119.458 hectáreas. La media de hectáreas quemadas de 2006 a 2025 hasta esta fecha se sitúa en 35.736 hectáreas. El incendio de la Sierra Norte de Guadalajara, con más de 30.000 hectáreas calcinadas y que sigue activo, junto con numerosos frentes en otras provincias y el incendio de Los Gallardos (Almería), en el que fallecieron 13 personas, han disparado la superficie quemada.
Vista del incendio forestal declarado en Selas (Guadalajara). EFE/ Nacho Izquierdo.
Víctor Resco - incendios julio
Víctor Resco de Dios
Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio
Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas en lo que llevamos de año. ¿Esperabas un verano así?
"Sabemos que el área quemada está aumentando y que lo seguirá haciendo. Cabe destacar que aún no nos encontramos en una cifra récord. Es decir, aunque durante la década anterior, la media anual fue de 100.000 hectáreas quemadas a lo largo de todo el verano, lo que hemos visto en las temporadas de 2022 y 2025 ha sido un repunte del área quemada y en el año 2022, por ejemplo, el área quemada era superior a la actual en este momento del año.
Podemos predecir que el área quemada va a seguir aumentando en los próximos años si no se toman medidas, porque la intensidad de los incendios está aumentando. Las zonas en las que previsiblemente veremos mayores aumentos en el área quemada son zonas montañosas, de gran altitud, que tradicionalmente no se quemaban porque estaban muy húmedas. Estamos hablando de zonas como los Pirineos, el sistema Central, o la cordillera Cantábrica, por poner solo tres ejemplos. A medida que aumente el combustible por el abandono rural, y que ese combustible se seque cada vez más por el cambio climático, nos vamos a encontrar con una mayor probabilidad de desarrollar megaincendios, o incendios extremos, porque en esas zonas es donde hay mayores acumulaciones de combustible.
Aunque sea difícil predecir hasta dónde podemos llegar, dentro de poco ya no podremos descartar escenarios dantescos como los que se viven en California o en Australia, con incendios o complejos de incendios que llegan a los cientos de miles de hectáreas o incluso al millón de hectáreas. El año pasado, por ejemplo, tuvimos una sincronización de frentes de distintas decenas de miles de hectáreas que, si se hubieran juntado (y algunos estuvieron a punto de hacerlo), hubieran dado lugar a estos complejos de incendios de más de 100.000 hectáreas y esa es la situación en la que nos encontramos actualmente".
¿Qué ha fallado en la prevención?
"En la prevención ha fallado la planificación y la ejecución. Sabemos qué es lo que tenemos que hacer: tenemos que gestionar, como mínimo, en torno al millón de hectáreas y tenemos que hacerlo de una manera inteligente, a través de distintas escalas. A escala de país o de comunidad autónoma tenemos que crear ejes de confinamiento para romper la continuidad potencial de estos megaincendios que pueden quemar decenas o cientos de miles de hectáreas.
A escala de macizo tenemos que centrarnos en unos puntos estratégicos de gestión, donde los fuegos se pueden multiplicar, incluyendo la gestión del fuego y del combustible como aspecto central también en los espacios protegidos. Y a escala local, debemos focalizarnos en los planes de prevención municipales para proteger a los pueblos, a las urbanizaciones y a las casas que están diseminadas por el por el monte".
¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano?
"Lo que queda de verano va a venir determinado por las condiciones meteorológicas y las igniciones. Por ejemplo, el año pasado, a partir del 8 de agosto se desató una simultaneidad de frentes porque nos encontramos con una serie de tormentas eléctricas que proporcionaron muchos puntos de ignición y que había sido precedido por una ola de calor que había secado el combustible.
Por tanto, si este año se repite el escenario de tormentas eléctricas, junto con el de olas de calor, cabe esperar que nos encontremos con un verano parecido al del año pasado o peor si llegan a juntarse varios frentes como hemos dicho antes. Históricamente, la región mediterránea ha sufrido sus peores incendios a principios de julio y la del noroeste, en agosto, por lo que cabe esperar un desplazamiento de los incendios del este hacia el noroeste (aunque algunas comunidades autónomas mediterráneas, como Andalucía, han sufrido también megaincendios en septiembre). Ahora bien, si empieza a llover y a remojar el combustible, veremos cómo la estación de incendios entra en letargo, por lo menos, durante unas semanas".
Eduardo Rojas - incendios julio
Eduardo Rojas Briales
Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO
Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así?
"Desde que tenemos estadísticas, julio es el peor mes con alguna contada excepción, dado que es cuando se juntan los días más largos y con ello, menor opción de rocío y menor precipitación mensual del año, además de una mayor verticalidad de los rayos de sol y menor nubosidad. La semana que comenzó el 4 de julio de 1994 ha sido en la que más hectáreas se han quemado en España, con distancia.
Llevamos, desde octubre de 2024 hasta abril de este año, un periodo muy lluvioso y además en toda España, con lo que la carga de herbáceas secas es considerable, dado que le han seguido tres meses extremadamente secos. Al menos en los años secos, la vegetación herbácea disponible es mucho menor. Por otro lado, estamos observando un aumento de los incendios no típicamente forestales (interfaz urbano-forestal: Los Gallardos, Almería; Guadalajara y Aragón), varios vinculados a la cosecha de cereal en un año de mucha cosecha y donde se teme por su pérdida por incendios, lo que puede generar una mayor presencia de incendios por cosechadoras. Pero por otra parte, si se cosecha, se reduce el combustible y además podría labrarse para generar discontinuidad del rastrojo dado que cuanto más ligero el combustible, más corre.
Por otro lado, las estimaciones de Copernicus suelen exagerar la superficie quemada, dado que obvian las zonas que quedan dentro del perímetro y que no se queman por múltiples causas, así como las zonas que no son forestales (agrícolas, urbanas, infraestructuras, embalses, etc.). De hecho, el MITECO confirmó el año pasado que de las 400.000 hectáreas que anunciaba Copernicus solo eran forestales 300.000, de las cuales arboladas 100.000, con lo que, pese a ser uno de los peores años desde el 2000, el avance del bosque de forma espontánea en nuestro país y que se estima en al menos 130.000 hectáreas al año, más las repoblaciones compensan con creces incluso un año como el pasado en término de superficie de bosques".
¿Qué ha fallado en la prevención?
"Hay que recordar que la prevención —que es donde se encuentra la clave de este reto— tiene dos acepciones: la estricta o administrativa y la integral. La primera se limita a disponer de efectivos suficientes, sistemas de observación, seguimiento meteorológico de calidad y afinado al territorio, seguimiento de la humedad del combustible (especies indicadoras), balsas de agua, accesos en condiciones, desbroces de carreteras y pistas forestales, mantenimiento de cortafuegos, etc. La segunda aborda adicionalmente el estado de abandono muy generalizado de las superficies forestales, sobre todo, las ubicadas en zonas más secas y para nada rentables y propicias a arder, y predominio del minifundio, cultivos abandonados en proceso de devenir masas forestales y matorral y pastizales, en la mayor parte de casos, abandonados.
En la primera, que es a la que las administraciones se refieren cuando se les pregunta, estamos razonablemente bien, salvo la observación meteorológica donde la zonificación es insuficientemente detallada en las zonas de montaña —al menos, en el Mediterráneo— para, en caso de incendio, poder predecir el viento en las siguientes 6-8 horas y evitar riesgos innecesarios al personal de extinción. Meteocat, por el contrario, ofrece a los bomberos de la Generalitat un gran detalle y fiabilidad. Por otro lado, en cuanto se entra en zonas protegidas, la red de vías forestales deja de ser suficiente y dificulta con ello el acceso a los montes en caso de incendio, como se pudo comprobar a finales de agosto del año pasado en la Sierra Norte de Guadalajara en el que se quemaron bosques a 2.000 metros de altitud simplemente por no ser accesibles, por lo que se deberá revisar la normativa ambiental y el sometimiento de vías de acceso para incendios a impacto ambiental, cuando en el caso de actuaciones mucho más impactantes se buscan y encuentran formas de aligerarlas (por ejemplo, la ampliación del puerto de Valencia).
Pero el verdadero cuello de botella es la prevención sensu amplio y donde el abandono rural es el problema central, tanto en su dimensión demográfica, como de la agricultura y la ganadería, y donde es perentorio integrar los incendios dentro de la PAC para construir territorios resilientes. Amplias zonas como las afectadas este año en Guadalajara y Aragón se caracterizan por densidades demográficas ínfimas propias de Laponia o Siberia, pese estar rodeadas de las zonas más pobladas de España y, además, su población casi toda está jubilada. Como bien indica Marta Corella, exalcaldesa de Orea, “un pueblo que no huele a madera, olerá a humo”. Nos equivocamos si pensamos que podemos dejar una parte considerable de nuestro territorio en un limbo y sin gestión alguna. Lo que estamos viendo es el boomerang de esa falta de criterio exacerbada por el sueño de un espacio salvaje que no ha existido aquí, al menos, en los últimos 500.000 años, cuando el ser humano dominó el fuego".
¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano?
"No se ve una mejora de las condiciones meteorológicas por ahora, pese a que la media indica que agosto supone una mejora en términos de precipitación —pero también más riesgo por rayos—, duración de la noche y rayos de sol menos verticales. También hemos de considerar que la sequía que está padeciendo Francia es épica y que podríamos no poder contar con medios de otros países si la situación se agrava en nuestro entorno. Positivo es que Portugal está teniendo un año medio y confiemos en que no empeore".
Juan Caamaño - incendios julio
Juan Caamaño
Responsable del Área de Capacitación de la Fundación Pau Costa
Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así?
"Sí se esperaba; fue una de las lecciones aprendidas del año pasado. Ya no podemos depender de las lluvias de invierno o verano para tener una campaña tranquila como era antes. Las olas de calor tan extremas y extensas que padecemos son los activadores de estos incendios y estas campañas tan extremas que empezamos a padecer desde el 2021 con los dos incendios de Sierra Culebra quemando más de 60.000 hectáreas y el de Navalacruz. con otras 20.000 hectáreas.
Para mí fue ese el verdadero punto de inflexión que se consolidó el año pasado con lo que vivimos en agosto y lo que ya estamos viviendo en el mes de julio. Son las olas de calor los verdaderos motores de estos incendios extremos y no las sequías como lo eran antes".
¿Qué ha fallado en la prevención?
"El concepto 'prevención' en el mundo de los incendios es un tema muy complejo que debe abordar muchas capas; las sociales, las de gestión del territorio, planes comarcales y municipales, el concepto de autoprotección en nuestra sociedad, etc... Esto no se puede abordar de un año para otro; esto es una forma de entender el riesgo, que genere una cultura a todos los niveles, sociales y políticos, que priorice la prevención en todas sus dimensiones como he dicho anteriormente, y esto necesita tiempo y un cambio cultural frente los riesgos a los que nos enfrentamos como sociedad. Lo de la limpieza del monte es un concepto muy muy simple para un problema estructural sumamente complejo".
¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano?
"Cuanto más nos adentramos en el verano, irá empeorando, ya que se irá sumando más carga de combustible a la ecuación, aunque ya parece que todo esté disponible por los comportamientos observados en muchos sitios, porque mientras no llueva, el combustible irá empeorando su condición.
Lo único que nos queda es observar el viento, las tormentas secas que nos multipliquen el número de igniciones en un momento temporal muy corto y que haga que los sistemas de emergencias se vean sobrepasados. Estos dos parámetros son los que determinarán verdaderamente cómo acabará la campaña. Todavía quedan dos meses por delante duros".
Cristina Santín - incendios julio
Cristina Santín Nuño
Científica titular del CSIC y jefa del Departamento de Biodiversidad y Cambio Global del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo-CSIC)
Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así?
"Después de la temporada catastrófica de 2025, 2026 se está presentando difícil también. El año pasado tuvimos mucho calor y sequedad a principios de verano, pero una primavera muy húmeda y un julio relativamente moderado, lo que contribuyó a que el pico de incendios se retrasara hasta la extraordinaria ola de calor de agosto.
Este año 2026 hemos tenido un invierno muy húmedo, pero una primavera relativamente seca y un junio muy seco, con lo cual la humedad residual se ha perdido más rápidamente y las olas de calor que llevamos hasta ahora están ya favoreciendo la propagación de los incendios.
En este sentido, 2026 se está pareciendo más a 2022, que fue también uno de los peores años de incendios de las últimas décadas. Aquel año, un invierno extremadamente seco y una situación de sequía meteorológica que las lluvias de primavera no llegaron a revertir contribuyeron a que la oleada de incendios llegara antes que en 2025, con alrededor de 200.000 hectáreas quemadas a 22 de julio (según EFFIS)".
¿Qué ha fallado en la prevención?
"Esto que está pasando no es solo cuestión de fallos en prevención. Por supuesto, mejorar la prevención es prioritario y, aunque a raíz de las últimas oleadas catastróficas de incendios sí se están haciendo más cosas en ese sentido, tenemos que pedir, como sociedad, que se hagan todavía más. Pero creo que también es importante entender que, por muy bien que se haga la prevención, el riesgo de grandes incendios es cada vez mayor.
Esto es debido a una combinación de que, en amplias zonas de la España actual, hay más vegetación y, sobre todo, más continuidad de combustible, principalmente por el abandono de usos tradicionales en las zonas rurales y, además, esta vegetación pasa más días al año 'lista para arder' por el cambio climático. Como digo, vivimos en una España con más riesgo de grandes incendios y debemos asumirlo y prepararnos para minimizar los impactos que pueden traer".
¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano?
"La ola de calor que estamos sufriendo en estos momentos debería acabar en un par de días, lo que daría, en principio, una cierta tregua, al menos, desde el punto de vista meteorológico. En cuanto al resto del verano, según la AEMET, se espera que sea más cálido de lo normal, pero no hay una previsión clara sobre las precipitaciones y cómo todo esto se va a trasladar a la actividad de incendios no está claro en estos momentos".
Víctor Fernández - incendios julio
Víctor Fernández-García
Profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León
Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así?
"Por desgracia, veranos como este son cada vez más previsibles. Se combinan factores a corto plazo, como una primavera lluviosa, con factores a largo plazo. Estos últimos incluyen los cambios en el uso del territorio, que han provocado una gran acumulación de vegetación en el paisaje, y el cambio climático, que da lugar a temperaturas más altas y a más episodios extremos. En relación con el clima, un estudio reciente estimó que las condiciones meteorológicas que favorecieron los graves incendios del verano pasado eran esperables cada varios siglos, pero ahora podrían darse cada 15 años".
¿Qué ha fallado en la prevención?
"Fallan muchas cosas, pero, sobre todo, falta gestión del monte. Esto puede hacerse mejorando la inversión en gestión del monte, pero a veces no es necesario mucho dinero para reducir riesgos. Por ejemplo, se ha avanzado poco en el uso de quemas prescritas, una herramienta viable y relativamente económica para reducir la cantidad de vegetación acumulada y crear discontinuidades en el paisaje. Si hay mucho combustible, cuando llega un incendio puede alcanzar rápidamente una intensidad y dimensiones difíciles de controlar. Realizar pequeñas quemas de forma planificada y en épocas de bajo riesgo puede ayudar a evitar incendios mucho más peligrosos".
¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano?
"Las previsiones para lo que queda de verano no son buenas, porque la vegetación está ya muy seca y todavía queda buena parte del verano. Si vuelven a coincidir temperaturas altas y baja humedad, el riesgo de nuevos grandes incendios será elevado ya que tenemos paisajes con mucho riesgo estructural (esa cantidad de combustible y continuidad del mismo que mencionaba con anterioridad, además de una alta presencia de pueblos y viviendas en zonas de cierto riesgo)".
Jesús Notario - incendios julio
Jesús Santiago Notario del Pino
Profesor Titular del departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna
Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así?
"Sí. La magnitud de los incendios es cada vez mayor. El CREAF de Cataluña nos dice que la superficie forestal en España ha aumentado un 20 % en las últimas tres décadas, de modo que cada vez hay más combustible (seguramente, el abandono del medio rural está detrás de esto) y el invierno pasado ha sido muy lluvioso. El verano está siendo muy caluroso, siguiendo la tendencia de los últimos años. No debe sorprender demasiado, en mi opinión".
¿Qué ha fallado en la prevención?
"Hablar de 'fallo' es comprometido y puede tener derivaciones que preferiría evitar. La masa de combustible crece, y no hay medios (o no se destinan suficientes recursos) para poder prevenir una situación así. Un ejemplo: Castilla y León tiene más superficie que Portugal y solo el 10 % de su PIB. La Junta no tiene recursos suficientes para prevenir los grandes incendios en todo su territorio. Existen los costes de oportunidad (el dinero que podría destinarse a prevención de incendios se destina a otros fines que por la razón que sea se consideran prioritarios) y las tareas de mantenimiento y gestión de las masas forestales requieren personal y medios; eso cuesta dinero. A veces no ha habido fallo como tal, sino imposibilidad material de prever con eficacia".
¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano?
"Dependerá de la evolución de las temperaturas y la duración de las olas de calor. Si siguen como hasta ahora, la situación seguramente empeorará, ya que el combustible se secará más aún y eso lo pondrá todo más difícil. Es lo que preveo, pero espero equivocarme".
Fernando Ojeda - incendios julio
Fernando Ojeda
Catedrático del departamento de Biología (Área de Botánica) de la Universidad de Cádiz e investigador del grupo 'Ecología, evolución y conservación en los ecosistemas terrestres' (ECOTER)
Lamentablemente, sí que me esperaba un verano así en cuanto a incendios y el que viene no será muy distinto. Eso es lo esperable cuando se plantan extensiones de pinos o eucaliptos en un paisaje mediterráneo. Eso es lo que se ha hecho en muchas zonas de la península ibérica (incluyo a Portugal) desde mediados del siglo XX. Si a eso le sumamos los valores extremadamente altos de temperatura y extremadamente bajos de humedad asociados a las olas de calor estivales (una de las caras del cambio climático actual), el cóctel está servido.
Es curioso que todo el mundo mira al pirómano/descerebrado/descuidado que inició el fuego, pero nadie señala a quien puso allí ese extenso pinar o eucaliptal; en muchos casos, deficientemente gestionados. De hecho, rara vez se menciona la conexión de la extensión y severidad de los incendios con la continuidad alarmante de forestaciones de pinos (o eucaliptos) en el paisaje. Y la hay. El reciente incendio de la Mierla (Guadalajara, 2026) es un ejemplo ilustrativo. El daño ambiental de esas plantaciones es previo al incendio, pero culmina con el incendio.