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Víctor Fernández-García

Profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León

Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así? 

"Por desgracia, veranos como este son cada vez más previsibles. Se combinan factores a corto plazo, como una primavera lluviosa, con factores a largo plazo. Estos últimos incluyen los cambios en el uso del territorio, que han provocado una gran acumulación de vegetación en el paisaje, y el cambio climático, que da lugar a temperaturas más altas y a más episodios extremos. En relación con el clima, un estudio reciente estimó que las condiciones meteorológicas que favorecieron los graves incendios del verano pasado eran esperables cada varios siglos, pero ahora podrían darse cada 15 años".   

¿Qué ha fallado en la prevención? 

"Fallan muchas cosas, pero, sobre todo, falta gestión del monte. Esto puede hacerse mejorando la inversión en gestión del monte, pero a veces no es necesario mucho dinero para reducir riesgos. Por ejemplo, se ha avanzado poco en el uso de quemas prescritas, una herramienta viable y relativamente económica para reducir la cantidad de vegetación acumulada y crear discontinuidades en el paisaje. Si hay mucho combustible, cuando llega un incendio puede alcanzar rápidamente una intensidad y dimensiones difíciles de controlar. Realizar pequeñas quemas de forma planificada y en épocas de bajo riesgo puede ayudar a evitar incendios mucho más peligrosos".  

¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano? 

"Las previsiones para lo que queda de verano no son buenas, porque la vegetación está ya muy seca y todavía queda buena parte del verano. Si vuelven a coincidir temperaturas altas y baja humedad, el riesgo de nuevos grandes incendios será elevado ya que tenemos paisajes con mucho riesgo estructural (esa cantidad de combustible y continuidad del mismo que mencionaba con anterioridad, además de una alta presencia de pueblos y viviendas en zonas de cierto riesgo)". 

ES