Los incendios forestales en 2025 quemaron más de un millón de hectáreas de la Unión Europea, casi la mitad, en la península ibérica

La temporada de incendios de 2025 fue la peor para la Unión Europea en el último siglo. Según un informe del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), gestionado por el Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, más de un millón de hectáreas ardieron el año pasado. Un 43 % de esa cifra se quemó en los grandes incendios ocurridos en España y Portugal durante el verano. Dicho informe incluye también el resto del continente europeo, Oriente Medio y África del Norte, lo que resulta en un total más de dos millones de hectáreas de superficie quemada.

31/03/2026 - 12:00 CEST
Reacciones

Victor Resco - incendios forestales

Víctor Resco de Dios

Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de la unidad conjunta CTFC-Agrotecnio

Science Media Centre España

El informe indica que en 2025 se batieron récords de área quemada. Ahora bien, cabe recordar que el periodo de referencia es relativamente corto, pues solo recoge datos del siglo XXI. En la década de los 90, por ejemplo, en España ardieron casi medio millón de hectáreas, lo que supera con creces la cifra de 2025. Por tanto, aunque la afirmación de un récord en área quemada sea ciertamente exagerada, sí es cierto estamos viendo un repunte en el área quemada. Esto es, observamos descensos en el área quemada tras los años 90, debidos al aumento en inversión para extinguir incendios, a las mejoras en formación y en estrategias y tácticas de extinción. Sin embargo, esa tendencia se está revirtiendo porque los incendios actuales queman con mayor intensidad que en décadas anteriores: cada vez hay más combustible (léase, una mayor conectividad entre masas forestales), junto con el cambio climático que deseca la vegetación y aumenta la inestabilidad atmosférica. Sí es cierto que, con más de 40.000 hectáreas, el incendio de Uña de Quintana se ha convertido en el mayor incendio en España desde que nació la estadística ministerial en 1968. Estos datos constatan que estamos entrando en la era de los incendios que no se pueden apagar, como advertimos hace ya unos años.

El informe pone el foco en las áreas protegidas y demuestra cómo están siendo afectadas de forma desproporcionada por los incendios: las áreas protegidas ocupan el 19 % de la superficie, pero concentran el 39 % del área quemada en la Unión Europea. Esto obliga a repensar la gestión de estas áreas protegidas y a incorporar el creciente riesgo que suponen desde el punto de vista de los incendios forestales. El tipo de vegetación más afectado en España fueron los matorrales, que concentraron casi la mitad del área quemada, seguida por bosques de frondosas (como los robles, castaños, etc.) y encinares, que conjuntamente suman más del 15 % del área quemada. Estos datos desmontan, una vez más, el ecomito de que los eucaliptos y los pinos son los principales responsables del área quemada. Lo que hemos visto este año no es más que el tráiler del futuro que nos espera si seguimos sin gestionar el combustible: el cambio climático es cada vez más vez más intenso y deja poco margen para la inacción.

Los estudios indican que podemos disminuir notoriamente la probabilidad de desarrollar incendios catastróficos, como ya han hecho otras partes del mundo, si gestionamos de forma preventiva en torno al 5 % del territorio forestal.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Eduardo Rojas - incendios forestales

Eduardo Rojas Briales

Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO

Science Media Centre España

¿El informe es de buena calidad? 

“El informe es oportuno ante un verano complicado en el noroeste de la península ibérica pero también en otros países. No obstante, los expertos recuerdan la variabilidad anual que existe entre ejercicios y la necesidad de utilizar series largas, al menos decenales, para identificar las tendencias de fondo dada la estocasticidad de los incendios forestales y el enmascaramiento que años aparentemente excelentes frente a otros muy complicados como este pueden generar.  

La primera consideración es que deben compararse, sobre todo cuando miramos para atrás, los mismos tipos de terrenos para poder comparar los resultados. Hasta fechas recientes solo se recogían a escala global vía FAO las superficies de bosque (en España forestal arboladas) mientras que este informe recoge todas las superficies incluidas las forestales no arboladas, agrícolas y demás zonas con vegetación. 

Veamos donde han estado el grueso de las zonas quemadas en las tres regiones estudiadas (Europa, Cercano Oriente, Norte de África): Ucrania, España y Portugal concentran del total de 46 países estudiados el 60 % de la superficie total quemada. El país más afectado es Ucrania debido a la guerra que padece con 660.000 hectáreas y ha sido un caso que debería tratarse separadamente, especialmente, por el excepcional nivel de igniciones. El siguiente es España con 401.000 hectáreas, de las que solo 103.000 (25,6 %) son bosques, el resto pastizales y matorral. Y el tercero es Portugal con 284.000 hectáreas, de las que solo el 11 % son bosques. 

Es, por tanto, cierto que los incendios han recorrido una mayor extensión de lo habitual, pero afectando a terrenos no arbolados en la práctica totalidad de países que han sufrido incendios destacables en proporción a su dimensión. Es decir, que los incendios cada vez son más de territorio no urbano y no solamente forestales. Quitando algún país nórdico como Finlandia o Suecia con una superficie muy pequeña quemada (sobre 1.000 hectáreas sobre más de 20 millones de hectáreas), en el resto la superficie de bosque quemada ha sido inferior al 25 % y, en muchos casos, por debajo del 10 %. 

En el caso de España, cabe también destacar que superan a 2025 en términos de bosque quemado un total de 9 ejercicios (1975, 1978, 1981, 1985, 1986, 1989, 1991, 1994 y 2022) considerando además que la superficie de bosque ha aumentado entre 1970 y la actualidad 7 millones de hectáreas (+59 %) y, por lo tanto, la superficie potencialmente afectada es considerablemente mayor como lo sería un aumento de accidentes del tráfico proporcional al total de km recorridos por el parque móvil. En 2025 la superficie forestal arbolada ha quemado 7 veces menos por hectárea que la superficie forestal desarbolada que no para de reducirse por el aumento de la superficie arbolada (bosque). 

Otro aspecto que considerar es que se han incluido en el informe (no en el del MITECO correspondiente a 2025) todos los fuegos ocurridos también en el caso de quemas prescritas. Y en ambos casos, en el supuesto de un incendio que la dirección de la extinción considera deseable y no lo extingue activamente se contabilizaría también. 

Se comenta que Alemania ha alcanzado un nivel nunca visto de incendios forestales cuando se trata de apenas 1.500 ha (<0,1 % de sus bosques), cuando la entonces Alemania oriental sufría incendios de más de 5.000 hectáreas/año antes de la reunificación. 

También debe considerarse que el 39 % de la superficie quemada formaba parte de la Red Natura 2000 pese a que el peso de esta respecto a los bosques es de solo el 23 % lo que confirmaría lo publicado recientemente por Resco respecto a una mayor incidencia de los incendios en las áreas protegidas. 

Finalmente, en lo que respecta a la aparente prolongación de la temporada de incendios, debe recordarse que como se puede observar en el gráfico que recoge la distribución temporal de los incendios existen dos picos que, aunque próximos no se tocan que son marzo y julio-agosto. El primero corresponde a los incendios de clima templado tras las heladas y antes de la brotación que son los que aprovechan los pastores en el Cantábrico para quemar dado que en verano no sería viable, costumbre que se ha perdido en los Pirineos del lado español, pero no del francés. Y el segundo es el vinculado al estío mediterráneo”. 

¿Cuáles son las consecuencias de tantos y tan grandes incendios? 

“En primer lugar, el hecho que se van expandiendo los incendios a terrenos urbanos (Los Ángeles, enero 2025, Tres Cantos, agosto 2025), agrícolas (Ucrania y Rusia julio 2010), matorral y pastizales debiéndose abordar como wildland-fires y no solo forestales. Sin duda el cambio climático es una causa, pero no la única y con mucha probabilidad el abandono y despoblación rural sea una mayor todavía (al menos en el Mediterráneo), junto a cuestiones estructurales como el minifundio que impera en toda Europa sudoccidental”. 

¿Qué estrategias se pueden seguir para evitar que esto ocurra?   

“Existe un amplio consenso entre los especialistas que el enfoque represor está agotado como lo está en la política sanitaria el énfasis en proveer servicios sanitarios si la población no ajusta sus patrones de vida o en enfoque meramente policial ante situaciones de exclusión social. Invertir más medios en extinción es una huida hacia delante que no lleva a ningún lado dado y que de acuerdo con la paradoja de extinción, lo ganado por más medios se verá con creces compensado por el colapso de los medios en un megaincendio. Son necesarios enfoques y políticas más proactivas tanto en el ámbito de los incendios forestales como de la biodiversidad. 

La solución pasa por recuperar la gestión del territorio rural y periurbano incluido el paisaje e integrar el riesgo de incendio en todas las actividades de índole territorial abordando problemas estructurales como el minifundio, la separación de la gestión y la propiedad de los terrenos, actualizando la gestión forestal publica, reforzando la demanda de la lana, biomasa y los productos naturales y sostenibles que el territorio ofrece y superando el free-riding (gorroneo) sistémico de los bosques y el territorio rural que ha impuesto la sociedad urbana y que el hundimiento demográfico del interior y los incendios ponen en evidencia. Sirvan solo dos ejemplos: 

  1. Los bosques están alargando la vida útil de los embalses, pero el canon hidroeléctrico va a inversiones en regadío y no a la montaña o cuando se van extinguiendo las centrales hidroeléctricas no se retornan a los propietarios del terreno, los ayuntamientos de montaña ni vía el recibo del agua retorna nada a los bosques, pero sí a las depuradoras, potabilizadoras, canales, etc. en aplicación del principio de plena recuperación de costes previsto en la Directiva de Aguas y al que le faltan los servicios. 
  2. Los bosques compensan el 20 % de las emisiones de CO2 de España, pero solo pueden entrar en los mercados voluntarios de carbono si se plantan nuevos bosques con lo que las zonas de nuestro país que nunca deforestaron tienen ahora una nueva carga (mantener los stocks) sin que reciban el más mínimo reconocimiento en virtud del éticamente más que discutible principio de adicionalidad”. 
Declara no tener conflicto de interés
ES

Fernando Ojeda - incendios forestales

Fernando Ojeda

Catedrático del departamento de Biología (Área de Botánica) de la Universidad de Cádiz y responsable del grupo de investigación Función, Ecología y Biodiversidad en Ecosistemas Mediterráneos en el Instituto de Investigación Vitivinícola y Agroalimentaria (IVAGRO)

Science Media Centre España

Gran parte de los ecosistemas mediterráneos son pirófilos. Es decir, no solo son resilientes a los incendios, sino que su biodiversidad y funcionalidad dependen de la presencia recurrente de incendios. Muchas especies vegetales han desarrollado mecanismos de persistencia y regeneración que solo se activan tras el fuego. Esta interdependencia se extiende a la fauna, que encuentra nichos ecológicos vitales en paisajes modelados por el fuego. No obstante, la relación positiva entre biodiversidad y fuego es delicada y depende de un equilibrio preciso en el régimen de incendios. La magnitud de los incendios forestales de 2025, con cerca de 700.000 hectáreas afectadas entre España y Portugal, se aleja de dicho equilibrio y es realmente alarmante. El informe JRC-EFFIS de la Comisión Europea sugiere condicionantes climáticos (fire weather index) como factores explicativos de dicha magnitud. Sin embargo, la extensión y severidad de un incendio no dependen solo de la meteorología, sino de la continuidad y la inflamabilidad de la vegetación que el fuego encuentra a su paso. Las modificaciones antrópicas del paisaje a través de plantaciones forestales extensas y homogéneas, principalmente de pinos y eucaliptos, han creado una arquitectura de biomasa combustible altamente peligrosa.              

El informe JRC-EFFIS indica que las formaciones que presentan una mayor superficie de área quemada en España y Portugal no son las formaciones de coníferas, donde se incluyen las plantaciones forestales, sino las denominadas other natural land, que incluyen matorrales y pastizales. Esto parece contradecir lo expresado anteriormente. Sin embargo, sabemos que las plantaciones forestales se asocian a los niveles más elevados de severidad de los incendios, lo que favorece la ignición de la vegetación adyacente y, sobre todo, compromete la regeneración natural posincendio. Durante gran parte del siglo XX, la gestión del medio natural en la península ibérica priorizó la forestación y reforestación sobre la diversidad estructural en el medio natural. Ello ha conllevado una pérdida de heterogeneidad paisajística y biodiversidad asociadas a un incremento de biomasa altamente inflamable, potenciando el riesgo de incendios catastróficos, especialmente bajo condiciones extremas de aridez y temperatura. Entender que la homogeneización del paisaje es determinante en la extensión y severidad de los incendios es fundamental para transitar hacia una gestión territorial que reduzca la vulnerabilidad de nuestros ecosistemas y fortalezca su resiliencia y funcionalidad ante el nuevo escenario climático.

Declara no tener conflicto de interés
ES
Publicaciones
Advance report on Forest Fires in Europe, Middle East and North Africa 2025
    • Informe
31/03/2026
Autores

Sedano, F. et al.

Tipo de estudio:
  • Informe
Las 5W +1
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