Eduardo Rojas Briales
Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO
¿El informe es de buena calidad?
“El informe es oportuno ante un verano complicado en el noroeste de la península ibérica pero también en otros países. No obstante, los expertos recuerdan la variabilidad anual que existe entre ejercicios y la necesidad de utilizar series largas, al menos decenales, para identificar las tendencias de fondo dada la estocasticidad de los incendios forestales y el enmascaramiento que años aparentemente excelentes frente a otros muy complicados como este pueden generar.
La primera consideración es que deben compararse, sobre todo cuando miramos para atrás, los mismos tipos de terrenos para poder comparar los resultados. Hasta fechas recientes solo se recogían a escala global vía FAO las superficies de bosque (en España forestal arboladas) mientras que este informe recoge todas las superficies incluidas las forestales no arboladas, agrícolas y demás zonas con vegetación.
Veamos donde han estado el grueso de las zonas quemadas en las tres regiones estudiadas (Europa, Cercano Oriente, Norte de África): Ucrania, España y Portugal concentran del total de 46 países estudiados el 60 % de la superficie total quemada. El país más afectado es Ucrania debido a la guerra que padece con 660.000 hectáreas y ha sido un caso que debería tratarse separadamente, especialmente, por el excepcional nivel de igniciones. El siguiente es España con 401.000 hectáreas, de las que solo 103.000 (25,6 %) son bosques, el resto pastizales y matorral. Y el tercero es Portugal con 284.000 hectáreas, de las que solo el 11 % son bosques.
Es, por tanto, cierto que los incendios han recorrido una mayor extensión de lo habitual, pero afectando a terrenos no arbolados en la práctica totalidad de países que han sufrido incendios destacables en proporción a su dimensión. Es decir, que los incendios cada vez son más de territorio no urbano y no solamente forestales. Quitando algún país nórdico como Finlandia o Suecia con una superficie muy pequeña quemada (sobre 1.000 hectáreas sobre más de 20 millones de hectáreas), en el resto la superficie de bosque quemada ha sido inferior al 25 % y, en muchos casos, por debajo del 10 %.
En el caso de España, cabe también destacar que superan a 2025 en términos de bosque quemado un total de 9 ejercicios (1975, 1978, 1981, 1985, 1986, 1989, 1991, 1994 y 2022) considerando además que la superficie de bosque ha aumentado entre 1970 y la actualidad 7 millones de hectáreas (+59 %) y, por lo tanto, la superficie potencialmente afectada es considerablemente mayor como lo sería un aumento de accidentes del tráfico proporcional al total de km recorridos por el parque móvil. En 2025 la superficie forestal arbolada ha quemado 7 veces menos por hectárea que la superficie forestal desarbolada que no para de reducirse por el aumento de la superficie arbolada (bosque).
Otro aspecto que considerar es que se han incluido en el informe (no en el del MITECO correspondiente a 2025) todos los fuegos ocurridos también en el caso de quemas prescritas. Y en ambos casos, en el supuesto de un incendio que la dirección de la extinción considera deseable y no lo extingue activamente se contabilizaría también.
Se comenta que Alemania ha alcanzado un nivel nunca visto de incendios forestales cuando se trata de apenas 1.500 ha (<0,1 % de sus bosques), cuando la entonces Alemania oriental sufría incendios de más de 5.000 hectáreas/año antes de la reunificación.
También debe considerarse que el 39 % de la superficie quemada formaba parte de la Red Natura 2000 pese a que el peso de esta respecto a los bosques es de solo el 23 % lo que confirmaría lo publicado recientemente por Resco respecto a una mayor incidencia de los incendios en las áreas protegidas.
Finalmente, en lo que respecta a la aparente prolongación de la temporada de incendios, debe recordarse que como se puede observar en el gráfico que recoge la distribución temporal de los incendios existen dos picos que, aunque próximos no se tocan que son marzo y julio-agosto. El primero corresponde a los incendios de clima templado tras las heladas y antes de la brotación que son los que aprovechan los pastores en el Cantábrico para quemar dado que en verano no sería viable, costumbre que se ha perdido en los Pirineos del lado español, pero no del francés. Y el segundo es el vinculado al estío mediterráneo”.
¿Cuáles son las consecuencias de tantos y tan grandes incendios?
“En primer lugar, el hecho que se van expandiendo los incendios a terrenos urbanos (Los Ángeles, enero 2025, Tres Cantos, agosto 2025), agrícolas (Ucrania y Rusia julio 2010), matorral y pastizales debiéndose abordar como wildland-fires y no solo forestales. Sin duda el cambio climático es una causa, pero no la única y con mucha probabilidad el abandono y despoblación rural sea una mayor todavía (al menos en el Mediterráneo), junto a cuestiones estructurales como el minifundio que impera en toda Europa sudoccidental”.
¿Qué estrategias se pueden seguir para evitar que esto ocurra?
“Existe un amplio consenso entre los especialistas que el enfoque represor está agotado como lo está en la política sanitaria el énfasis en proveer servicios sanitarios si la población no ajusta sus patrones de vida o en enfoque meramente policial ante situaciones de exclusión social. Invertir más medios en extinción es una huida hacia delante que no lleva a ningún lado dado y que de acuerdo con la paradoja de extinción, lo ganado por más medios se verá con creces compensado por el colapso de los medios en un megaincendio. Son necesarios enfoques y políticas más proactivas tanto en el ámbito de los incendios forestales como de la biodiversidad.
La solución pasa por recuperar la gestión del territorio rural y periurbano incluido el paisaje e integrar el riesgo de incendio en todas las actividades de índole territorial abordando problemas estructurales como el minifundio, la separación de la gestión y la propiedad de los terrenos, actualizando la gestión forestal publica, reforzando la demanda de la lana, biomasa y los productos naturales y sostenibles que el territorio ofrece y superando el free-riding (gorroneo) sistémico de los bosques y el territorio rural que ha impuesto la sociedad urbana y que el hundimiento demográfico del interior y los incendios ponen en evidencia. Sirvan solo dos ejemplos:
- Los bosques están alargando la vida útil de los embalses, pero el canon hidroeléctrico va a inversiones en regadío y no a la montaña o cuando se van extinguiendo las centrales hidroeléctricas no se retornan a los propietarios del terreno, los ayuntamientos de montaña ni vía el recibo del agua retorna nada a los bosques, pero sí a las depuradoras, potabilizadoras, canales, etc. en aplicación del principio de plena recuperación de costes previsto en la Directiva de Aguas y al que le faltan los servicios.
- Los bosques compensan el 20 % de las emisiones de CO2 de España, pero solo pueden entrar en los mercados voluntarios de carbono si se plantan nuevos bosques con lo que las zonas de nuestro país que nunca deforestaron tienen ahora una nueva carga (mantener los stocks) sin que reciban el más mínimo reconocimiento en virtud del éticamente más que discutible principio de adicionalidad”.