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Incendios de sexta generación: qué son, cómo les afecta el cambio climático y formas de prevenirlos

El aumento de las temperaturas, las sequías, olas de calor y material abundante sin tratar en los bosques son el cóctel perfecto para que surjan incendios. Cuando exceden del control de los servicios de extinción –por su intensidad, velocidad e imprevisibilidad– hablamos de megaincendios o incendios de sexta generación, un fenómeno que no es nuevo pero cuya frecuencia podría aumentar por el abandono rural y el cambio climático. Algunos expertos han calificado así al incendio de Tenerife que empezó el pasado 15 de agosto y que ha obligado a evacuar o confinar a miles de personas.

18/08/2023 - 16:17 CEST
Actualizado el Añadidas declaraciones de Adrián Regos.
 
incendio

Imagen del barrio de Pinolere, en el municipio de La Orotava, que ha sido evacuado a consecuencia de la cercanía del incendio forestal que afecta a varios municipios de la isla de Tenerife. EFE/Ramón de la Rocha.

¿Qué es un incendio de sexta generación? 

Aunque no hay una definición estándar, estos incendios, conocidos como megaincendios fuera de España, se caracterizan por ser extremos en términos de tamaño, comportamiento o impacto.  

Los umbrales de tamaño más comunes son los mayores de 10.000 hectáreas, según una investigación publicada en Global Ecolology and Biogeography en la que los autores analizaron un centenar de estudios donde se definía este fenómeno.  

“El término ‘sexta generación’ se refiere a incendios de una intensidad tal que alteran la dinámica de las capas altas de la atmosfera y generan vientos que pueden ser muy difíciles de modelar, por lo que no nos es posible predecir el comportamiento del fuego. Junto a ese factor concurren otros aspectos de las generaciones anteriores”, señala al SMC España Inazio Martínez de Arano, director de la Oficina Regional del Mediterráneo del Instituto Forestal Europeo (EFI por sus siglas en inglés). 

¿Cuáles son sus principales rasgos? 

Como enumera el experto, en estos incendios confluyen los siguientes factores:  

  • Muy alta intensidad. 
  • Muy alta velocidad de propagación. 
  • Proyección de pavesas a larga distancia que saltan los cortafuegos. 
  • Simultaneidad de focos. 
  • Comportamiento impredecible, que supera los modelos actuales. 

¿No se pueden sofocar? 

Aunque se cuente con muchos recursos asignados para su extinción, estos incendios pueden propagarse sin control y superar la capacidad de extinción, como recoge el informe Fire and forest fires in the Mediterranean; a relationship story between forest and society del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña (CTFC). “No son apagables”, recalca Martínez de Arano. “No se pueden sofocar hasta que cambien las condiciones meteorológicas”, añade.  

No son apagables. No se pueden sofocar hasta que cambien las condiciones meteorológicas

Inazio Martínez de Arano

La reducción y el abandono de actividades agrícolas como el pastoreo en el sotobosque, la extracción de madera y leña, y la pérdida de paisajes en forma de mosaico con tierras de cultivo y zonas arboladas permiten el crecimiento excesivo de los bosques y el aumento de la biomasa forestal. Esta biomasa acumulada en los recurrentes ciclos de sequía y calor de los meses de verano actúa como combustible y desencadena incendios extremadamente intensos, que incluso pueden saltar grandes distancias sin cubierta vegetal.  

¿El cambio climático está haciendo que sean más frecuentes?  

“Está provocando que haya más días de muy alto riesgo y está extendiendo el área amenazada”, afirma Martínez de Arano, quien añade que, además del cambio climático, otro factor que está incrementando la frecuencia de incendios extremos es la expansión del bosque por el abandono rural. 

Según el informe del CTFC, en muchas zonas mediterráneas este abandono rural de las últimas décadas ha provocado que el riesgo de sufrir incendios intensos sea mayor. Esta situación se ve agravada por el cambio climático y la prolongación de los periodos cálidos con condiciones similares a la sequía, una situación que aumenta el riesgo de incendios incluso en regiones y ecosistemas no acostumbradas a fuegos tan intensos. 

Por su parte, el sexto informe de síntesis del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) habla de los incendios, en general, y concluye que es muy probable que el factor humano haya aumentado el riesgo de eventos extremos compuestos desde la década de 1950. Entre esos eventos están los incendios en algunas regiones. También destaca que los impactos económicos atribuibles al cambio climático están afectando cada vez más a los medios de subsistencia de las personas y están causando impactos económicos y sociales más allá de las fronteras nacionales, con los incendios forestales como fenómeno que afecta a las construcciones, la actividad económica y la salud.  

En muchas zonas mediterráneas el abandono rural de las últimas décadas ha provocado que el riesgo de sufrir incendios intensos sea mayor

Además, según el informe del IPCC, con un mayor calentamiento global se prevén cambios regionales como un aumento de la aridez y de los incendios, de las olas de calor y de las sequías, incluso simultáneamente en varios lugares. Entre los principales riesgos asociados previstos a corto plazo (con un calentamiento global de 1,5 °C), el informe destaca los daños provocados por los incendios forestales. 

¿Qué características tienen los incendios de otras categorías?  

Una generación de incendios viene definida por un escenario donde existe un factor que limita la capacidad de extinción, posibilitando que el incendio pueda convertirse en un gran incendio forestal, como indica la guía La Prevención de los Grandes Incendios Forestales adaptada al Incendio Tipo editada por la Generalitat de Cataluña. Estas generaciones están marcadas por la evolución del paisaje según los cambios socioeconómicos y son las siguientes: 

  • Primera generación: su propagación está condicionada por el combustible continuo que hay en superficie, principalmente herbazales y arbustos fruto de un abandono de los campos de cultivo. El periodo de acumulación de combustible del que se nutren es de dos a 15 años, son incendios de media intensidad, que queman entre 1.000 y 5.000 hectáreas, y las medidas de extinción se basan en efectivos locales y bomberos estacionales. 
  • Segunda generación: la acumulación de combustible debida al abandono de cultivos y de la actividad agropecuaria y forestal tradicional provoca incendios más rápidos e intensos que se propagan puntualmente con focos secundarios. El periodo de acumulación de combustible es de 10 a 30 años. Su superficie oscila entre las 5.000 a 10.000 hectáreas y hacen falta medios aéreos para su extinción. 
  • Tercera generación: se propagan por las copas de los árboles en alta intensidad debido a la homogeneidad de los bosques, fruto de la falta de gestión forestal y de la no extinción de los incendios de media y baja intensidad. El periodo de acumulación de combustible es de 30 a 50 años. Son incendios de 10.000 a 20.000 hectáreas, con fuego de copas, columnas convectivas y focos secundarios masivos a largas distancias. Hay pocas oportunidades de extinción y cambios de comportamiento rápidos que superan la capacidad de los recursos de extinción. Pueden aparecer con las olas de calor. 
  • Cuarta generación: gran incendio forestal que se propaga por la masa forestal, por los jardines y casas sin dificultades debido a la densidad de vegetación y a la continuidad de carga de combustible entre la zona forestal y la urbanizada. Puede haber simultaneidad de incendios en una misma zona y darse con las olas de calor. Se pasa del ataque de incendios a la defensa de personas y bienes en una nueva situación defensiva. 
  • Quinta generación: grandes incendios forestales simultáneos en zonas de riesgo, con comportamientos extremos, rápidos y virulentos, cruzando zonas urbanizadas. Aparecen fuegos de copas simultáneos, con interfases urbana y forestal. Supera a los medios de agua convencionales. Hace falta la coordinación entre los diferentes cuerpos y agentes de extinción. 

¿Qué incendios de sexta generación ha habido en España? ¿Y en otros países? 

Adrián Regos, investigador del Centro Tecnológico y Forestal de Catalunya (CTFC), explicaba al SMC España que el incendio de Tenerife originado el pasado 15 de agosto lo sería. "El incendio de Tenerife entró el sábado a la tarde en la categoría de incendio de sexta generación. Las condiciones de fuerte viento y baja humedad están dificultando enormemente las labores de extinción, sobrepasando la capacidad actual de extinción. Estos incendios extremos son capaces de generar sus propias dinámicas y turbulencias que favorecen un comportamiento errático y poco predecible, lo que aumenta su peligrosidad", señalaba.

"A nivel de extinción hay poco más que se pueda hacer, aparte de la enorme tarea que ya están llevando a cabo los sistemas de extinción. Es fácil que este incendio pueda sobrepasar las 10.000 hectáreas, entrando así en la categoría de megaincendio, aunque por su comportamiento es ya un incendio extremo", afirmaba el experto.

La meteoróloga Marta Almarcha, en un artículo publicado en eltiempo.es, coincidía: "Las características del incendio de Tenerife, lo llevan a clasificarlo como un incendio de sexta generación. Estos incendios se caracterizan por tener una gran intensidad, ser altamente destructivos y liberar una gran cantidad de energía, dando lugar a que se forme una meteorología propia dentro del incendio y a lo que se ha visto en las últimas horas, los pirocúmulos", apunta. También Diana Colomina, coordinadora del programa de bosques de WWF, compartía esa definición en declaraciones a Infobae.

Previamente, el incendio de Sierra Bermeja (Málaga), originado en septiembre de 2021 y en cuyas labores de extinción falleció un bombero forestal, se catalogaría como un incendio de sexta generación. Pero antes ha habido más, tal y como explicaba a elDiario.es Cristina Montiel, directora del Grupo de Investigación Geografía, Política y Socioeconomía Forestal de la Universidad Complutense de Madrid. Hace 25 años en la península hubo fuegos de este tipo en la comarca del Solsonès y en parte del Bages y la Segarra, en Cataluña. 

Fuera de nuestras fronteras, en las últimas décadas se han desarrollado megaincendios en Estados Unidos, Australia, Brasil, la República Democrática del Congo o en la Federación Rusa. 

¿Se pueden prevenir?  

Como indican desde el CTFC, la extensión y gravedad de los incendios forestales son reflejo de la relación actual que, como sociedad, mantenemos con los bosques. “Se puede reducir el riesgo abordando las causas de ignición y reduciéndolas al mínimo en días de muy alto riesgo”, señala Martínez de Arano, quien añade que también se puede minimizar el riesgo de daños graves, aunque para eso es necesario manejar el combustible a escala de paisaje y en la interfaz urbano-forestal. “Es importante crear espacios donde el fuego es apagable”, recalca.  

Se puede reducir el riesgo abordando las causas de ignición y reduciéndolas al mínimo en días de muy alto riesgo

Inazio Martínez de Arano

Sobre una correcta gestión del estado de los bosques y del territorio forestal que les rodea para prevenir incendios se refería también Eduardo Rojas Briales en un artículo publicado en el SMC España. “A la larga será imposible abordar los fuegos. ¿El motivo? Que su continuidad y densidad de combustible impedirán la actuación de los medios de extinción, al superar en mucho sus límites técnicos y de seguridad del personal”, afirmaba Rojas, profesor de la Universitat Politècnica de València, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes y presidente de PEFC-International

El experto recordaba la paradoja de la extinción: cuanto más eficientes sean los servicios de extinción, estos llegarán a apagar casi todos los fuegos fáciles, pero cuando se combinen las peores circunstancias, incluida la simultaneidad, unos pocos devendrán catastróficos, lo que provocará que se cuestione la inversión realizada en extinción. 

“Apostar por la extinción es una respuesta reactiva e insuficiente que solo pospone y agrava el problema”, reiteraba Rojas. Por eso planteaba actuar en, al menos, tres frentes: financiación pública suficiente, abordar el minifundio y apostar por la gestión activa. 

¿Se esperan más generaciones de incendios? 

En primer lugar, para evitar ambigüedades, lo que algunos autores plantean es una definición homogénea de megaincendio como aquel de más de 10.000 hectáreas provocado por una o varias igniciones relacionadas. En cuanto a nuevas categorías de estos fenómenos, proponen dos términos adicionales: gigaincendio, para los mayores de 100.000 hectáreas, y teraincendio, para los superiores al millón de hectáreas.  

“A medida que cambian el clima y los ecosistemas de la Tierra, es importante que los científicos puedan comunicar con claridad las tendencias en la aparición de incendios más grandes y extremos”, recalcan los autores en su artículo de Global Ecolology and Biogeography. 

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