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Víctor Resco de Dios

Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de la unidad conjunta CTFC-Agrotecnio

El informe indica que en 2025 se batieron récords de área quemada. Ahora bien, cabe recordar que el periodo de referencia es relativamente corto, pues solo recoge datos del siglo XXI. En la década de los 90, por ejemplo, en España ardieron casi medio millón de hectáreas, lo que supera con creces la cifra de 2025. Por tanto, aunque la afirmación de un récord en área quemada sea ciertamente exagerada, sí es cierto estamos viendo un repunte en el área quemada. Esto es, observamos descensos en el área quemada tras los años 90, debidos al aumento en inversión para extinguir incendios, a las mejoras en formación y en estrategias y tácticas de extinción. Sin embargo, esa tendencia se está revirtiendo porque los incendios actuales queman con mayor intensidad que en décadas anteriores: cada vez hay más combustible (léase, una mayor conectividad entre masas forestales), junto con el cambio climático que deseca la vegetación y aumenta la inestabilidad atmosférica. Sí es cierto que, con más de 40.000 hectáreas, el incendio de Uña de Quintana se ha convertido en el mayor incendio en España desde que nació la estadística ministerial en 1968. Estos datos constatan que estamos entrando en la era de los incendios que no se pueden apagar, como advertimos hace ya unos años.

El informe pone el foco en las áreas protegidas y demuestra cómo están siendo afectadas de forma desproporcionada por los incendios: las áreas protegidas ocupan el 19 % de la superficie, pero concentran el 39 % del área quemada en la Unión Europea. Esto obliga a repensar la gestión de estas áreas protegidas y a incorporar el creciente riesgo que suponen desde el punto de vista de los incendios forestales. El tipo de vegetación más afectado en España fueron los matorrales, que concentraron casi la mitad del área quemada, seguida por bosques de frondosas (como los robles, castaños, etc.) y encinares, que conjuntamente suman más del 15 % del área quemada. Estos datos desmontan, una vez más, el ecomito de que los eucaliptos y los pinos son los principales responsables del área quemada. Lo que hemos visto este año no es más que el tráiler del futuro que nos espera si seguimos sin gestionar el combustible: el cambio climático es cada vez más vez más intenso y deja poco margen para la inacción.

Los estudios indican que podemos disminuir notoriamente la probabilidad de desarrollar incendios catastróficos, como ya han hecho otras partes del mundo, si gestionamos de forma preventiva en torno al 5 % del territorio forestal.

ES