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Eduardo Rojas Briales

Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO

¿La investigación es de buena calidad?    

“La investigación se basa en análisis meteorológicos y atmosféricos realizados en un tiempo récord. Se limita a esta dimensión de los incendios, no considerando otras como la orografía, la carga y continuidad del combustible, la ignición o la compleja situación que un incendio de interfaz urbano-forestal como el del oeste de Madrid comporta. 

Se asevera que la severidad meteorológica ha sido 20 veces superior a la preindustrial. No obstante, se carece de información meteorológica detallada de esa época y solo a través de evidencias indirectas podemos conocer el entorno de la temperatura media pero no las fluctuaciones que ocurren en lapsus de tiempo bastante reducidos como son las olas de calor (7-10 días).  

Se habla de extremadamente baja precipitación en julio ignorando que al sur del paralelo 40 donde se encuentra el gran incendio del oeste de Madrid, las precipitaciones medias de julio son insignificantes desde que existen registros (INM 1931-60), es decir, inferiores a 10 mm para el conjunto del mes”.    

¿Cómo encaja con la evidencia existente?   

“Todos los datos sobre extensión quemada provienen de Copernicus que básicamente identifica con gran rapidez el perímetro del fuego, pero no lo contrasta con el uso del suelo ni se valoran las zonas solo superficialmente quemadas en su interior como, por ejemplo, zonas de rastrojos de campos de cereal que obviamente no comportan pérdida de bosques. Se recuerda que en 2025, mencionado como año récord en España, Copernicus reportó 400.000 hectáreas, pero posteriormente el MITECO redujo el área a 300.000 hectáreas forestales de las que solo estaban arboladas 1/3, es decir, 100.000 hectáreas. 

No se pueden adscribir causas de los incendios en un plazo tan corto dado que son meras hipótesis de trabajo de los cuerpos de seguridad o incluso informaciones periodísticas que requerirán tiempo hasta que puedan ser confirmadas o no. 

La propia dinámica de un incendio de interfaz urbano-forestal en una zona con un alto número de casas dispersas en el medio rural/forestal tras otro reciente incendio con un número de víctimas importante y un considerable impacto sobre el turismo en España comporta, por un lado, una gran tensión social y mediática y, por otro, el obvio riesgo que se abandone en las primeras horas clave el incendio y que este devenga imposible de extinguir en un plazo razonable, teniendo esto más que ver con la priorización de las personas y viviendas frente a las zonas forestales y agrícolas”.   

¿Qué implicaciones tiene para la gestión de incendios?   

“Los especialistas en extinción reconocen que el calentamiento global y la mayor inestabilidad de la atmósfera refuerzan las situaciones de meteorología crítica en caso de que una ignición acabe ocasionando un incendio forestal. Pero para que ocurra esto y, sobre todo, se transforme en un megaincendio, hace falta que no se aborde (o se pueda abordar) al principio correctamente el ataque sobre el fuego en una zona con considerables medios y que exista una irresponsable continuidad vertical y horizontal de combustible dispuesto a arder”.   

¿Tiene alguna limitación importante que haya que tener en cuenta?   

“Limitarse a análisis meteorológicos sin considerar las condiciones concretas del incendio y la zona afectada, así como de la gestión de la extinción”. 

ES