Elisabet Domínguez
Psicóloga y doctora en farmacología del Hospital de Sant Pau de Barcelona, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi) y coordinadora de la iniciativa Psychedelicare en España
Se trata de una revisión sistemática y metaanálisis de alta calidad metodológica, publicada en JAMA Psychiatry, que analiza 26 ensayos clínicos aleatorizados con más de 1.100 pacientes. En general, las conclusiones están bien respaldadas por los datos: la ketamina intravenosa muestra una reducción rápida (en cuestión de horas) de los síntomas depresivos y suicidas, con tamaños del efecto de moderados a altos, especialmente en las primeras 24 horas. Esto es clínicamente muy relevante, ya que ningún tratamiento disponible actualmente actúa con esa rapidez en situaciones de riesgo suicida agudo.
El estudio encaja bien con la evidencia acumulada en los últimos años y la refuerza. Confirma que la ketamina puede producir mejoras rápidas en el malestar depresivo que los antidepresivos convencionales no logran en ese corto plazo. De hecho, este cuerpo de evidencia ya está empezando a tener impacto regulatorio: recientemente, Francia ha aprobado su uso en determinados contextos clínicos para síntomas suicidas graves.
Aun así, hay limitaciones importantes que conviene tener en cuenta. Existe cierta heterogeneidad entre los estudios incluidos, y en algunos casos el efecto disociativo de la ketamina puede haber comprometido el ciego, ya que los pacientes pueden intuir qué tratamiento han recibido. Además, la mayoría de los ensayos tienen tamaños muestrales pequeños y, sobre todo, hay muy pocos datos sobre la seguridad y la eficacia a largo plazo, ya que los estudios se centran en el efecto agudo.
En cuanto a sus implicaciones, estos resultados son especialmente relevantes para pacientes con depresión resistente al tratamiento y para situaciones de crisis suicida que requieren una intervención urgente. Sin embargo, no es un tratamiento general para la depresión, y su uso plantea cuestiones clave sobre cómo, dónde y bajo qué supervisión debe administrarse. También es importante considerar el potencial de abuso y los posibles efectos adversos a largo plazo antes de plantear una expansión de su uso.
En conjunto, este metaanálisis refuerza la idea de que estamos ante una herramienta terapéutica potencialmente muy valiosa en contextos clínicos específicos, especialmente por su rapidez de acción. Sin embargo, también pone de relieve que todavía estamos en una fase relativamente temprana, y que el verdadero reto no es solo demostrar eficacia a corto plazo, sino definir cómo integrarla de forma segura, sostenible y basada en evidencia dentro de los sistemas de salud.