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Ernesto Rodríguez Camino

Meteorólogo Superior del Estado y presidente de la Asociación Meteorológica Española

Nos acercamos a un incremento observado de la temperatura media global de 1,5 ºC respecto al período preindustrial, prescrito en el Acuerdo de París como objetivo político —no superar ese 1,5 ºC de temperatura— para evitar las indeseadas consecuencias del actual cambio climático. Según estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), podría alcanzarse, ya en esta década, este calentamiento de 1,5 ºC. Una vez superado este límite (overshooting), para poder seguir manteniendo el objetivo de calentamiento del 1,5 ºC habría que plantear una estrategia que tienda asintóticamente a este límite por encima de la curva de evolución y no por debajo como se planteaba inicialmente. Esta estrategia deberá basarse en una acción rápida, colectiva y global para revertir la evolución de la temperatura global y poder alcanzar 1,5 ºC al final del siglo XXI.

El actual informe, basado en las conclusiones del IPCC, dibuja un panorama todavía posible y esperanzador siempre y cuando la superación del límite de 1.,5 ºC no sea superior a unas pocas décimas de grado (0,2–0,3 ºC) y limitado en el tiempo. Para revertir la evolución de la temperatura habría que cambiar el objetivo final de emisiones netas cero de gases de efecto invernadero (GEI) y considerarlo como un objetivo intermedio hacia emisiones netas negativas que conduzcan a una eliminación de GEI de la atmósfera. Esto solo se conseguirá con una implementación a gran escala de formas de remoción o eliminación del CO2 atmosférico bien basadas en reforestación, forestación (plantar árboles en zonas donde históricamente ha habido un bosque), restauración de ecosistemas o bien basadas en técnicas no convencionales como, por ejemplo, la generación de bioenergía combinada con captura y almacenamiento de carbono. Por supuesto, la eliminación a gran escala del CO2 atmosférico es adicional a la urgente mitigación, que pasa por la supresión del uso de los combustibles fósiles y su sustitución por fuentes de energía renovables, y a la adaptación especialmente necesaria en las regiones y colectivos donde los efectos negativos del cambio climático ya se han dejado sentir.

En definitiva, se trata no tanto de cambiar el mismo objetivo a largo plazo del 1,5 ºC de calentamiento respecto al período preindustrial, sino de acercarnos a él asintóticamente desde arriba de la curva de evolución de la temperatura global con ambiciosas políticas de urgente mitigación y fuerte despliegue de un mix de técnicas de eliminación de CO2 atmosférico. El uso de técnicas de eliminación de CO2 atmosférico nunca debe entenderse como sustitutivo de la urgente reducción de emisiones de GEI, sino adicional a esta reducción, ya que, de no ser así, implicaría un traspaso del problema a futuras generaciones.

ES