José César Perales
Catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada
Este estudio analiza la relación entre la presión académica percibida en la adolescencia (15 años) y la aparición de síntomas depresivos y autolesiones, con o sin intención suicida, en distintos momentos entre los 16 y los 22 años. Los resultados muestran que una mayor presión académica a los 15 años predice una mayor intensidad de los síntomas depresivos y una mayor probabilidad de autolesiones en evaluaciones posteriores. En el caso de la depresión, esta relación se debilita con el paso del tiempo, aunque no llega a desaparecer. En cambio, la asociación con las autolesiones parece mantenerse de forma estable independientemente del momento de evaluación.
Limitaciones:
- La presión académica se midió mediante un autoinforme compuesto por varios ítems. Aunque estos ítems parecen conformar una medida con garantías psicométricas suficientes, es importante recordar que la presión académica percibida no equivale necesariamente a la presión académica objetiva. La vivencia de las demandas escolares depende tanto del entorno educativo como de las expectativas propias y familiares, así como de características individuales y de personalidad (por ejemplo, la tendencia al perfeccionismo). Dado que estos componentes no pueden separarse en esta medida, resulta prematuro afirmar que la presión escolar es un riesgo modificable únicamente mediante cambios en el entorno educativo, tal y como sugiere el artículo.
- Los participantes pertenecen a una cohorte no representativa nacida en 1991-1992, evaluada en presión escolar a los 15 años (aproximadamente en 2006) y posteriormente a los 16, 17, 18, 21 y 22 años. El seguimiento, por tanto, se extendió hasta alrededor de 2014. Aunque no hay motivos claros para pensar que el impacto de la presión académica sobre la salud mental haya cambiado desde entonces, sí es cierto que en ese periodo se han producido transformaciones sociales relevantes, como la digitalización, los movimientos por la igualdad o la pandemia de covid-19. Estos cambios podrían haber modificado el peso relativo de la presión académica dentro del conjunto de factores que influyen en la salud mental. Esta posibilidad no se contempla en las limitaciones del estudio.
- El tamaño de los efectos resulta difícil de interpretar. Se indica que un incremento de un punto en presión académica predice aproximadamente medio punto de aumento en la escala de depresión, pero no se proporcionan coeficientes estandarizados ni información suficiente sobre la escala que permita interpretar adecuadamente el significado de estas puntuaciones y de sus incrementos. En el caso de las autolesiones, la variable dependiente es dicotómica, por lo que el incremento del riesgo es objetivamente interpretable, aunque seguimos sin saber qué representa cualitativamente un punto adicional de presión académica. En general, las odds ratios inferiores a 1.5 suelen considerarse efectos pequeños, pero esta interpretación aporta poco en este contexto. Es, en definitiva, una práctica poco recomendable limitarse a reportar la significatividad estadística sin ofrecer una interpretación cualitativa del tamaño del efecto que permita contextualizarlo.
Fortalezas:
- Se trata de un estudio longitudinal con una muestra amplia y un periodo de seguimiento prolongado, lo que supone un avance respecto a la mayoría de estudios previos, que suelen ser transversales y con muestras reducidas.
- El control de posibles variables confusoras es amplio y detallado. En este tipo de investigaciones resulta especialmente importante controlar las puntuaciones de línea base en las medidas de salud mental, es decir, comprobar si la presión académica predice la evolución posterior más allá del estado inicial de cada participante. No controlar estas medidas impediría estimar si la presión académica en la adolescencia tiene realmente valor predictivo sobre los cambios en salud mental posteriores.
- Los resultados son consistentes con la literatura previa, que apunta a que la presión académica percibida es un factor relevante para explicar los cambios en salud mental en adolescentes y adultos jóvenes. El estudio supera algunas de las limitaciones metodológicas habituales en este campo, aunque no todas.