La presión académica en la adolescencia se relaciona con depresión y autolesiones hasta que empieza la edad adulta

Una alta presión académica en la adolescencia se asocia con mayores tasas de síntomas depresivos y autolesiones, que pueden persistir hasta el inicio de la edad adulta. Este resultado, publicado en The Lancet Child & Adolescent Health, se ha observado en una muestra de casi 5.000 jóvenes nacidos en Inglaterra (Reino Unido) en 1991 y 1992. La presión académica se midió cuando los participantes tenían 15 años, su salud mental fue evaluada repetidamente entre los 16 y los 22 años y las autolesiones se analizaron hasta los 24 años. Aunque la asociación con los síntomas depresivos se observó hasta los 22 años, esta fue más fuerte a los 16. En cuanto a las autolesiones, cada aumento de un punto en la presión académica se asoció con un 8 % más de probabilidad de autolesionarse. 

13/02/2026 - 00:30 CET
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2026 02 13 Alexandra Morales presión estudios

Alexandra Morales

Profesora titular en el departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández de Elche e investigadora en Centro de Investigación de la Infancia y la Adolescencia

Science Media Centre España

¿El estudio es de buena calidad? 

“El estudio presenta una calidad metodológica elevada. Una de sus principales fortalezas es el diseño longitudinal con una muestra amplia (casi 5.000 participantes). Hace un seguimiento de los participantes desde que tienen 15 años hasta los 24 años. Aborda la relación entre la presión académica y las conductuales de autolesiones, escasamente estudiada de forma longitudinal. Emplean instrumentos validados como el Short Mood and Feelings Questionnaire (SMFQ) para evaluar síntomas depresivos, además de controlar varios factores de confusión relevantes y aplicar análisis estadísticos robustos. Aunque es más apropiado hablar de asociación que de causalidad, ofrece evidencia bien fundamentada sobre el posible impacto de la presión académica en la salud mental de los jóvenes”. 

¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente? 

“Los resultados refuerzan la idea de que la presión académica percibida por los adolescentes puede ser un factor de riesgo relevante para el desarrollo de síntomas depresivos y conductas de autolesión, con efectos que se extienden hasta la adultez temprana. El estudio sugiere que reducir esta presión académica mediante cambios en el sistema académico o con intervenciones escolares centradas en el bienestar emocional puede mejorar la salud mental infanto-juvenil. 

Los hallazgos amplían y refuerzan la evidencia previa que ya señalaba la relación entre el estrés académico y el malestar psicológico, pero que hasta ahora se basaba mayoritariamente en estudios transversales y con menor calidad (con muestras pequeñas o sin controlar factores de confusión). El diseño longitudinal, con diversas medidas en el tiempo, aporta datos más sólidos sobre cómo esta asociación evoluciona en el tiempo. Principalmente destaca la necesidad de tener en consideración el entorno académico como parte de las estrategias preventivas en salud mental”. 

¿Tiene alguna limitación importante que haya que tener en cuenta? 

“Todos los estudios tienen limitaciones que deben ser consideradas al interpretar sus resultados. Este no es una excepción. En primer lugar, no es posible establecer causalidad entre las variables estudiadas. Aunque se observan tendencias, es más apropiado hablar de asociación, como muy bien hacen los autores. Es decir, aunque el diseño longitudinal fortalece la evidencia, las asociaciones que han observado no permiten afirmar que la presión académica sea la causa directa de los síntomas de depresión o conductas de autolesión.  

En segundo lugar, los datos provienen de una cohorte nacida en 1991-1992, cuya adolescencia transcurrió en un contexto social y tecnológico diferente al actual. Aunque estos adolescentes tuvieron acceso a internet, especialmente a través de cibercafés, chats o plataformas digitales de ese momento, su ecosistema digital no es el mismo que tenemos actualmente. Por ejemplo, no existía el uso tan generalizado de smartphones ni de redes sociales tan influyentes como TikTok, Snapchat o Instagram. Por tanto, aunque estos adolescentes nacidos en los noventa estuvieron expuestos a tecnologías digitales, el nivel de presión social, las formas de interacción social y los estímulos permanentes que hoy tienen los adolescentes son distintos. Esto reduce la aplicabilidad de los resultados al contexto de los jóvenes de hoy.  

En tercer lugar, el uso de autoinformes como único instrumento de evaluación también puede considerarse una limitación. El estado emocional del adolescente y factores como la deseabilidad social pueden influir en las respuestas. A pesar de estas limitaciones, el estudio está bien diseñado y ofrece evidencia sólida sobre un posible factor de riesgo que merece atención.  

Los participantes del estudio nacieron hace s de 30 años. ¿Se puede aplicar a los adolescentes de hoy?  

“Las exigencias evolucionan y se transforman según el contexto social, económico e histórico. Aunque la presión académica continúa siendo un factor relevante, los adolescentes están hoy expuestos a una combinación s amplia y compleja de demandas, muchas de ellas derivadas de su entorno digital y social. Las redes sociales los exponen a comparaciones constantes, a la necesidad de proyectar una imagen idealizada y a buscar validación externa. Todo ello puede ser caldo de cultivo para dificultades emocionales como la ansiedad, así como sentimientos de inseguridad o insuficiencia. 

Probablemente, nos encontramos en un escenario con mayor incertidumbre: con un futuro laboral que se percibe como inestable, la crisis climática como una preocupación real y la pandemia por la covid-19 que dejó secuelas emocionales, bien documentadas por la evidencia científica. Por eso, aunque la presión académica es importante, debe ser entendida como parte de un conjunto más amplio de factores que influyen en la salud mental de los venes”. 

¿El uso de redes sociales en adolescentes está opacando a las demás variables que afectan su salud mental? ¿O las redes tienen ese lugar porque realmente lo merecen? 

“El uso de redes social ocupa un lugar destacado en el debate actual sobre la salud mental de los jóvenes. Un uso intensivo o incluso pasivo (basado en la comparación social) se asocia con síntomas de ansiedad, baja autoestima y alteraciones de sueño. Sin embargo, la salud mental es un fenómeno multifactorial. El efecto de las redes depende del contenido, el tipo de interacción, del contexto familiar y escolar, y el estado emocional previo del adolescente.  

La literatura científica también recoge factores de riesgo y protectores de la salud mental, entre ellos: la presión académica, el entorno socioeconómico, el apoyo familiar, las experiencias de acoso escolar y la calidad del sueño 

Por tanto, aunque es innegable el protagonismo que las redes sociales tienen en la vida cotidiana de los jóvenes actualmente, no debe considerarse de forma aislada. La salud mental resulta de la interacción de factores individuales, familiares, escolares y socioculturales. Su abordaje requiere un enfoque integral que consideren esa complejidad y permita identificar tanto riesgos como factores protectores”. 

No declara conflicto de interés
ES

José César Perales - presión académica

José César Perales

Catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada

Science Media Centre España

Este estudio analiza la relación entre la presión académica percibida en la adolescencia (15 años) y la aparición de síntomas depresivos y autolesiones, con o sin intención suicida, en distintos momentos entre los 16 y los 22 años. Los resultados muestran que una mayor presión académica a los 15 años predice una mayor intensidad de los síntomas depresivos y una mayor probabilidad de autolesiones en evaluaciones posteriores. En el caso de la depresión, esta relación se debilita con el paso del tiempo, aunque no llega a desaparecer. En cambio, la asociación con las autolesiones parece mantenerse de forma estable independientemente del momento de evaluación. 

Limitaciones: 

  1. La presión académica se midió mediante un autoinforme compuesto por varios ítems. Aunque estos ítems parecen conformar una medida con garantías psicométricas suficientes, es importante recordar que la presión académica percibida no equivale necesariamente a la presión académica objetiva. La vivencia de las demandas escolares depende tanto del entorno educativo como de las expectativas propias y familiares, así como de características individuales y de personalidad (por ejemplo, la tendencia al perfeccionismo). Dado que estos componentes no pueden separarse en esta medida, resulta prematuro afirmar que la presión escolar es un riesgo modificable únicamente mediante cambios en el entorno educativo, tal y como sugiere el artículo. 
  2. Los participantes pertenecen a una cohorte no representativa nacida en 1991-1992, evaluada en presión escolar a los 15 años (aproximadamente en 2006) y posteriormente a los 16, 17, 18, 21 y 22 años. El seguimiento, por tanto, se extendió hasta alrededor de 2014. Aunque no hay motivos claros para pensar que el impacto de la presión académica sobre la salud mental haya cambiado desde entonces, sí es cierto que en ese periodo se han producido transformaciones sociales relevantes, como la digitalización, los movimientos por la igualdad o la pandemia de covid-19. Estos cambios podrían haber modificado el peso relativo de la presión académica dentro del conjunto de factores que influyen en la salud mental. Esta posibilidad no se contempla en las limitaciones del estudio. 
  3. El tamaño de los efectos resulta difícil de interpretar. Se indica que un incremento de un punto en presión académica predice aproximadamente medio punto de aumento en la escala de depresión, pero no se proporcionan coeficientes estandarizados ni información suficiente sobre la escala que permita interpretar adecuadamente el significado de estas puntuaciones y de sus incrementos. En el caso de las autolesiones, la variable dependiente es dicotómica, por lo que el incremento del riesgo es objetivamente interpretable, aunque seguimos sin saber qué representa cualitativamente un punto adicional de presión académica. En general, las odds ratios inferiores a 1.5 suelen considerarse efectos pequeños, pero esta interpretación aporta poco en este contexto. Es, en definitiva, una práctica poco recomendable limitarse a reportar la significatividad estadística sin ofrecer una interpretación cualitativa del tamaño del efecto que permita contextualizarlo. 

Fortalezas: 

  1. Se trata de un estudio longitudinal con una muestra amplia y un periodo de seguimiento prolongado, lo que supone un avance respecto a la mayoría de estudios previos, que suelen ser transversales y con muestras reducidas. 
  2. El control de posibles variables confusoras es amplio y detallado. En este tipo de investigaciones resulta especialmente importante controlar las puntuaciones de línea base en las medidas de salud mental, es decir, comprobar si la presión académica predice la evolución posterior más allá del estado inicial de cada participante. No controlar estas medidas impediría estimar si la presión académica en la adolescencia tiene realmente valor predictivo sobre los cambios en salud mental posteriores. 
  3. Los resultados son consistentes con la literatura previa, que apunta a que la presión académica percibida es un factor relevante para explicar los cambios en salud mental en adolescentes y adultos jóvenes. El estudio supera algunas de las limitaciones metodológicas habituales en este campo, aunque no todas. 
No declara conflicto de interés
ES
Publicaciones
The association between academic pressure and adolescent depressive symptoms and self-harm: a longitudinal, prospective study in England
    • Revisado por pares
    • Estudio observacional
    • Humanos
Revista
The Lancet Child & Adolescent Health
13/02/2026
Autores

Xuchen Guo et al.

Tipo de estudio:
  • Revisado por pares
  • Estudio observacional
  • Humanos
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