José Ignacio Canudo
La investigación sobre un posible diplodocus en Teruel se va a publicar en una de las revistas con más prestigio en la paleontología de vertebrados. Los fósiles están bien descritos y bien figurados, así que la investigación es buena calidad. Toda investigación, y más en paleontología de dinosaurios que trabajamos con material fragmentario, tiene una parte de dato y otra de interpretación.
Los restos estudiados son una parte de la cola que los colegas han interpretado como de Diplodocus, lo cual les sirve como prueba que había una conexión intercontinental entre Iberia y Norteamérica en el Jurásico Superior. Esta afirmación no es nueva, ya que es defendida por otros autores desde hace años; lo novedoso es que por primera vez se ha encontrado con un saurópodo, cuando anteriormente se había hecho con otros dinosaurios como el carnívoro Allosaurus. Personalmente, creo que el resto es demasiado fragmentario, son únicamente vértebras caudales, para asignarlo al género Diplodocus y la conclusión de la relación paleobiogeográfica entre los Europa y Norteamérica se hubiera podido proponer de igual manera sin descender a una clasificación tan precisa, que el tiempo dirá si es correcta o no.
Es un buen trabajo y una buena aportación a la historia de los dinosaurios del final del Jurásico.