Josep Maria Suelves
Investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo
A lo largo de cerca de dos décadas, el uso de cigarrillos electrónicos ha ido popularizándose en nuestro entorno, ayudado por la capacidad adictiva de la nicotina, la utilización de aromas y diseños especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes, y una información que presenta estos dispositivos como si se limitaran a emitir vapor de agua. La acumulación de estudios sobre los efectos del uso de cigarrillos electrónicos sobre la salud, que escaseaban cuando se inició su comercialización, aleja cualquier duda sobre el perjuicio que supone la adicción a la nicotina en la adolescencia y los daños que ocasiona el uso de estos dispositivos sobre la salud respiratoria y cardiovascular.
Es difícil todavía aportar datos epidemiológicos del impacto del uso de cigarrillos electrónicos sobre la incidencia y la mortalidad por cáncer porque, como en el caso de otros factores causales de esta enfermedad como el uso de tabaco, es previsible que transcurran décadas desde el comienzo de la exposición hasta que empieza a diagnosticarse un número significativo de casos. Sin embargo, la extensa revisión que acaba de publicar la revista Carcinogenesis aporta datos de numerosos estudios que indican que la exposición a los aerosoles de los cigarrillos electrónicos con nicotina se asocia a algunas de las características clave de la carcinogénesis, como daños al ADN, estrés oxidativo y cambio epigenéticos, que contribuyen a aumentar el riesgo de cáncer de la cavidad oral, cáncer de pulmón y otras formas de cáncer entre las personas que utilizan estos dispositivos, incluso aunque no hayan sido usuarios de productos convencionales del tabaco.
De acuerdo con la evidencia científica disponible, no es adecuado proponer el uso de cigarrillos electrónicos como una estrategia segura y efectiva para reducir los riesgos asociados al uso de tabaco, y es necesario adoptar nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, regulando mejor su promoción y comercialización, limitando el uso de aromas y diseños que les confieren un mayor atractivo, evitando la comercialización de dispositivos desechables, y sometiendo a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo sobre la salud pública, tal y como se viene reclamando desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo y otras organizaciones científicas y sanitarias.