Una revisión de estudios alerta sobre el potencial cancerígeno de los cigarrillos electrónicos con nicotina
Un equipo de Australia ha realizado una revisión de estudios de diferentes tipos sobre cigarrillos electrónicos desde 2017 hasta 2025. Sus conclusiones son que los cigarrillos electrónicos que contienen nicotina probablemente son carcinogénicos para los humanos y causarán un número aún indeterminado de casos de cáncer de boca y pulmón. En una nota de prensa, los autores, que publican los resultados en la revista Carcinogenesis, afirman que “la conclusión es inequívoca, aunque los estudios en humanos que estimen el riesgo tardarán décadas en acumularse”.
Rodrigo Córdoba - revisión vaping
Rodrigo Córdoba
Medico de familia, profesor asociado de la facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, miembro del Grupo de Tabaco de semFYC y delegado del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo
Llevo publicando trabajos sobre este asunto (los e-cigs) desde 2009 y siempre dije que esta relación del e-cig con el efecto cancerígeno era una posibilidad que tardaría en demostrarse, dado que hace falta un consumo promedio durante 15 o 20 años para poder demostrarlo.
En mi opinión, creo que el estudio es una revisión sistemática de buena calidad (no soy epidemiólogo para juzgarla con mayor precisión) y que aporta datos muy sólidos para comenzar a hablar de vapeo y cáncer. Se describen los procesos de pirolisis por los que se generan cancerígenos mediante la modificación de los aromatizantes y la nicotina, de describen los estudios que demuestran las alteraciones del material genético y los estudios en animales (ratones) que ya observaron efecto cancerígeno sobre pulmón y vejiga urinaria. Se revela que ya hay varios estudios que vincula e-cigs a cáncer oral y se presentan los primeros estudios de cáncer de pulmón. A menudo se ha dicho por parte de autores vinculados a la industria que el contenido tóxico es muy inferior, pero omiten que un consumidor habitual de estos productos puede hacer más de 70.000 inhalaciones al año y que no hay un umbral de seguridad frente a carcinógenos de grupo A como los metales pesados, las nitrosaminas y otros. Por lo tanto, las conclusiones son plenamente plausibles.
Respecto a las implicaciones, es evidente que lo que debería conducir toda la evidencia disponible sobre sus efectos respiratorios y cardiovasculares a corto plazo y los efectos cancerígenos a largo plazo es que la regulación debería ser idéntica a toda la estricta regulación que hay con el tabaco y los cigarrillos tradicionales, no hay motivo para una regulación más blanda ni más permisiva. Asimismo, deberá informarse a la población general y particularmente a los más jóvenes de los riesgos de estos productos que en España han consumido el 26 % de los escolares entre 14 y 18 años según la encuesta ESTUDES más reciente. En cualquier caso, el principio de precaución debería ser suficiente para fortalecer estas regulaciones.
Respecto a las limitaciones, es evidente que falta más casuística clínica de casos en los que se haya observado esta asociación y ver qué ocurre con el cáncer de vejiga urinaria y otros cánceres, pero todo indica que por más estudios que se hagan no se va a descartar esta asociación sino más bien lo contrario. Hay un estudio que encontró una relación de 2.2 de cáncer en humanos usuarios de e-cigs sobre no usuarios ni fumadores. Los autores fueron obligados a retractarse por la revista una vez publicado el artículo por causas que desconocemos. Quiero decir que la industria hace todo lo posible por desacreditar a todos los científicos que publican este tipo de artículos que ponen en riesgo su formidable negocio y eso hay que tenerlo en cuenta.
Respecto a la nota de prensa, creo que refleja fielmente el mensaje en su última frase.
Josep Suelves - revisión vaping
Josep Maria Suelves
Investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo
A lo largo de cerca de dos décadas, el uso de cigarrillos electrónicos ha ido popularizándose en nuestro entorno, ayudado por la capacidad adictiva de la nicotina, la utilización de aromas y diseños especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes, y una información que presenta estos dispositivos como si se limitaran a emitir vapor de agua. La acumulación de estudios sobre los efectos del uso de cigarrillos electrónicos sobre la salud, que escaseaban cuando se inició su comercialización, aleja cualquier duda sobre el perjuicio que supone la adicción a la nicotina en la adolescencia y los daños que ocasiona el uso de estos dispositivos sobre la salud respiratoria y cardiovascular.
Es difícil todavía aportar datos epidemiológicos del impacto del uso de cigarrillos electrónicos sobre la incidencia y la mortalidad por cáncer porque, como en el caso de otros factores causales de esta enfermedad como el uso de tabaco, es previsible que transcurran décadas desde el comienzo de la exposición hasta que empieza a diagnosticarse un número significativo de casos. Sin embargo, la extensa revisión que acaba de publicar la revista Carcinogenesis aporta datos de numerosos estudios que indican que la exposición a los aerosoles de los cigarrillos electrónicos con nicotina se asocia a algunas de las características clave de la carcinogénesis, como daños al ADN, estrés oxidativo y cambio epigenéticos, que contribuyen a aumentar el riesgo de cáncer de la cavidad oral, cáncer de pulmón y otras formas de cáncer entre las personas que utilizan estos dispositivos, incluso aunque no hayan sido usuarios de productos convencionales del tabaco.
De acuerdo con la evidencia científica disponible, no es adecuado proponer el uso de cigarrillos electrónicos como una estrategia segura y efectiva para reducir los riesgos asociados al uso de tabaco, y es necesario adoptar nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, regulando mejor su promoción y comercialización, limitando el uso de aromas y diseños que les confieren un mayor atractivo, evitando la comercialización de dispositivos desechables, y sometiendo a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo sobre la salud pública, tal y como se viene reclamando desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo y otras organizaciones científicas y sanitarias.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
Stewart et al.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares