Rodrigo Córdoba
Medico de familia, profesor asociado de la facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, miembro del Grupo de Tabaco de semFYC y delegado del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo
Llevo publicando trabajos sobre este asunto (los e-cigs) desde 2009 y siempre dije que esta relación del e-cig con el efecto cancerígeno era una posibilidad que tardaría en demostrarse, dado que hace falta un consumo promedio durante 15 o 20 años para poder demostrarlo.
En mi opinión, creo que el estudio es una revisión sistemática de buena calidad (no soy epidemiólogo para juzgarla con mayor precisión) y que aporta datos muy sólidos para comenzar a hablar de vapeo y cáncer. Se describen los procesos de pirolisis por los que se generan cancerígenos mediante la modificación de los aromatizantes y la nicotina, de describen los estudios que demuestran las alteraciones del material genético y los estudios en animales (ratones) que ya observaron efecto cancerígeno sobre pulmón y vejiga urinaria. Se revela que ya hay varios estudios que vincula e-cigs a cáncer oral y se presentan los primeros estudios de cáncer de pulmón. A menudo se ha dicho por parte de autores vinculados a la industria que el contenido tóxico es muy inferior, pero omiten que un consumidor habitual de estos productos puede hacer más de 70.000 inhalaciones al año y que no hay un umbral de seguridad frente a carcinógenos de grupo A como los metales pesados, las nitrosaminas y otros. Por lo tanto, las conclusiones son plenamente plausibles.
Respecto a las implicaciones, es evidente que lo que debería conducir toda la evidencia disponible sobre sus efectos respiratorios y cardiovasculares a corto plazo y los efectos cancerígenos a largo plazo es que la regulación debería ser idéntica a toda la estricta regulación que hay con el tabaco y los cigarrillos tradicionales, no hay motivo para una regulación más blanda ni más permisiva. Asimismo, deberá informarse a la población general y particularmente a los más jóvenes de los riesgos de estos productos que en España han consumido el 26 % de los escolares entre 14 y 18 años según la encuesta ESTUDES más reciente. En cualquier caso, el principio de precaución debería ser suficiente para fortalecer estas regulaciones.
Respecto a las limitaciones, es evidente que falta más casuística clínica de casos en los que se haya observado esta asociación y ver qué ocurre con el cáncer de vejiga urinaria y otros cánceres, pero todo indica que por más estudios que se hagan no se va a descartar esta asociación sino más bien lo contrario. Hay un estudio que encontró una relación de 2.2 de cáncer en humanos usuarios de e-cigs sobre no usuarios ni fumadores. Los autores fueron obligados a retractarse por la revista una vez publicado el artículo por causas que desconocemos. Quiero decir que la industria hace todo lo posible por desacreditar a todos los científicos que publican este tipo de artículos que ponen en riesgo su formidable negocio y eso hay que tenerlo en cuenta.
Respecto a la nota de prensa, creo que refleja fielmente el mensaje en su última frase.