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"Es un trabajo de muy buena calidad, especialmente por cómo ancla estos fósiles en un contexto estratigráfico y cronológico sólido, algo crucial cuando hablamos de ~773.000 años. Lo más interesante es que rellena un vacío clave del registro africano justo cerca del intervalo en el que la genética sitúa la separación entre el linaje que acabará en Homo sapiens y el clado neandertal–denisovano. En ese sentido, los homininos de Casablanca pueden leerse como un ‘equivalente africano’ de Homo antecessor (Atapuerca): dos ventanas casi paralelas a ambos lados del Mediterráneo, con evolución en mosaico, pero con TD6 apuntando más hacia la trayectoria neandertal y Casablanca hacia la africana. Aun así, el conjunto es parcial (mandíbulas, dientes y vértebras) y no permite identificar al ‘último ancestro común’ como tal, que sería una población, no un individuo”.

¿Es un trabajo de buena calidad?

“Es un trabajo de muy buena calidad y, sobre todo, muy bien construido para un tramo cronológico donde la incertidumbre suele ser máxima. Su fortaleza principal es que ancla los fósiles en un contexto estratigráfico y cronológico muy consistente (en torno a la transición Matuyama–Brunhes) y, a partir de ahí, despliega un análisis anatómico comparativo detallado. Dicho de forma sencilla: no “presenta unos huesos”, sino que los sitúa con bastante precisión en el tiempo y los hace entrar de lleno en el debate sobre cómo se diversificaron los linajes humanos en África y Eurasia”.

¿Cómo encaja con la evidencia existente y qué implicaciones podría tener?

“Encaja en un problema clásico: el vacío de fósiles africanos bien datados alrededor del final del Pleistoceno inferior e inicio del Pleistoceno medio, justo en el intervalo en el que se estima que tuvo lugar la divergencia entre el linaje africano que acabará dando Homo sapiens y el clado euroasiático (neandertales/denisovanos). En ese sentido, el hallazgo funciona como un punto de referencia esencial. Además, la comparación con Homo antecessor (Atapuerca, TD6) es especialmente útil: los homininos de Casablanca podrían entenderse, en términos generales, como un “equivalente africano” de H. antecessor, en el sentido de que ambos representarían formas evolucionadas de H. erectus s.l. en dos extremos del Mediterráneo en fechas cercanas, con una anatomía en mosaico (rasgos arcaicos combinados con rasgos más derivados). La diferencia interesante es direccional: H. antecessor muestra rasgos que lo sitúan, en conjunto, más cerca de la trayectoria neandertal euroasiática, mientras que Casablanca se interpreta como más próximo a las poblaciones africanas que desembocarán en H. sapiens. Esto refuerza la idea de que la diferenciación regional entre Europa y el norte de África ya estaba en marcha muy temprano y pone el foco en el Magreb como región clave para entender esa fase de diversificación.

Un aspecto particularmente sugerente es si los restos de Thomas Quarry (África) y los de Gran Dolina (Europa) serían las formas humanas más cercanas al último antepasado común de sapiens y neandertales. Son, probablemente, dos de los mejores candidatos fósiles para aproximarnos a poblaciones cercanas a esa divergencia, sobre todo por su posición temporal. Pero conviene matizar algo importante: el “último antepasado común” no es un individuo, sino una población o conjunto de poblaciones, y es muy difícil que un fósil concreto sea “el” antepasado común. Lo que sí aporta este trabajo es situar a Casablanca muy cerca del punto de separación entre linajes africanos y euroasiáticos y ofrecer un contraste informativo con Atapuerca TD6: dos ventanas casi paralelas, a ambos lados del Estrecho, sobre el tramo evolutivo que precede a la diferenciación clara entre neandertales y sapiens”.

¿Hay limitaciones importantes que haya que tener en cuenta?

“Sí, y decirlas no resta importancia. Primero, el conjunto fósil sigue siendo parcial, lo que limita comparaciones con otros fósiles clásicos del Pleistoceno medio (como Kabwe o Bodo) y obliga a sostener parte del argumento en regiones anatómicas concretas. Segundo, el contexto tafonómico sugiere acumulación por carnívoros y parte del material histórico tiene una procedencia estratigráfica menos segura, de modo que no todas las piezas pesan igual en la interpretación. Y tercero, aunque el anclaje cronológico principal es convincente, algunas aproximaciones de datación complementaria pueden aportar lecturas más tensas o deben interpretarse como edades mínimas, lo que aconseja mantener prudencia con afirmaciones demasiado taxativas”.

ES