Luis Cereijo
Profesor ayudante doctor de Educación Física y Deportiva e investigador en Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Alcalá
El estudio liderado por el profesor Ulf Ekelund es un excepcional estudio que evidencia que mayores niveles de actividad física moderada a vigorosa tienen un impacto significativo en la reducción de la mortalidad. Este estudio viene a consolidar la evidencia existente hasta ahora con una muestra poblacional extensa aportando una enorme relevancia científica y social en un contexto en el que las aproximaciones farmacológicas parecen estar recibiendo una mayor atención que a la relevancia contrastada que tienen las condiciones de vida.
Si bien el estudio sigue un diseño observacional, limitando la confirmación causal, los autores han tomado medidas para reducir el sesgo de causalidad inversa. Además, la medición de actividad física se ha realizado de forma objetiva usando dispositivos de acelerometría, lo que aporta un rigor muy superior frente a otros estudios poblacionales que suelen basarse en cuestionarios autorreportados. Sin embargo, su principal limitación reside en que la medición de actividad física solo se realizó al inicio del seguimiento, lo que impide considerar en los análisis posibles cambios en los hábitos de actividad física de las personas participantes durante el tiempo y que podrían influir en los resultados.
Asimismo, deben sumarse dos comentarios al análisis del presente estudio que, sin limitar la calidad y relevancia de este, son relevantes para una discusión completa. En primer lugar, el estudio solo considera el nivel socioeconómico de las personas participantes como variable de ajuste (sin profundizar en las diferencias), lo que nos impide saber en qué medida este efecto es diferente según la desigualdad. Se puede esperar, dada la evidencia existente, que el efecto podría ser mayor para aquellas poblaciones de bajo nivel socioeconómico debido a que su estado de salud de base es –en términos generales– inferior a quienes tienen un mayor nivel socioeconómico, lo que ahonda en la relevancia de este tipo de investigaciones. Y, en segundo lugar, el estudio no incluye población española o de otros países del sur de Europa. Esto es relevante ya que existen importantes diferencias en patrones de actividad física, hábitos alimentarios, perfiles de riesgo de mortalidad y contextos sociales y urbanos que podrían mostrar asociaciones diferentes.
Más allá de lo anterior, el estudio del equipo del profesor Ekelund es, sin lugar a dudas, una investigación de alcance con una metodología de alto rigor que consolida la evidencia de la relevancia de los hábitos de actividad física moderada a vigorosa para mejorar los estados de salud de la población y, en última instancia, reducir la mortalidad prematura de la ciudadanía. Esto incide en la importancia de poner en el centro de las políticas públicas acciones para promover su acceso equitativo a todas las personas, especialmente a quienes tienen un nivel socioeconómico inferior y cuyo riesgo de mortalidad es mayor.