Juan Muñoz Arnanz
Investigador especializado en química ambiental en el Instituto de Química Orgánica General (IQOG-CSIC)
En mi opinión, el artículo es de muy alta calidad científica. Está muy bien escrito y destaca por varios motivos: el uso de una metodología transparente y reproducible, la integración coherente de modelos de flujos materiales con evaluación del ciclo de vida y la traducción clara de emisiones ambientales en métricas de salud humana comparables (los DALYs).
El trabajo es especialmente riguroso en la documentación de supuestos, escenarios y fuentes de incertidumbre, y lo que es muy importante: evita afirmaciones especulativas. Los autores son claros al señalar qué efectos están incluidos y cuáles no, algo que pienso fortalece la credibilidad del estudio.
El estudio no solo encaja muy bien con la evidencia previa, sino que ofrece un salto cualitativo importante. A día de hoy, existe abundante literatura que documenta efectos adversos de los plásticos en distintas etapas del ciclo de vida, así como estudios de LCA [análisis del ciclo de vida] centrados en emisiones climáticas o contaminación. Sin embargo, en mi conocimiento, no es común una cuantificación integrada de los impactos sobre la salud humana a escala global.
Este trabajo confirma y refuerza hallazgos previos que señalaban que la producción primaria de plásticos es una fuente dominante de impactos ambientales y sanitarios, y demuestra que centrarse exclusivamente en la gestión de residuos es insuficiente (aspecto/hallazgo clave). Por eso, aporta una base cuantitativa sólida para justificar políticas como la reducción de la producción de plásticos, la simplificación de los compuestos químicos empleados y la transparencia obligatoria en la composición de materiales.
Creo, además, que es importante resaltar que, en el contexto actual de las negociaciones del Tratado Global sobre Plásticos, el artículo proporciona evidencia directamente relevante para apoyar un enfoque de ciclo de vida completo y no limitado al final de vida de los productos.
Diría que la limitación más importante es la exclusión de los efectos directos de exposición humana a compuestos químicos presentes en los plásticos, microplásticos y nanoplásticos, así como de los impactos durante la fase de uso de los productos. Estas exclusiones son debidas a la falta de datos disponibles en inventarios de LCA, muy especialmente por la falta de transparencia industrial sobre la composición química de los plásticos. Además, el estudio cubre solo una parte del universo de plásticos (principalmente, residuos municipales) y no incluye sectores como la construcción, textiles, electrónica o agricultura, que utilizan polímeros potencialmente más peligrosos y en mayores volúmenes. Esto es importante porque implica que las estimaciones presentadas probablemente subestiman la carga sanitaria real. Otra limitación relevante es la elevada incertidumbre inherente a los modelos globales a largo plazo. Aunque los autores incorporan análisis de sensibilidad y simulaciones Montecarlo procedentes del modelo P2O, no es posible una cuantificación completa de la incertidumbre acumulada.
No obstante, todas estas limitaciones están recogidas de forma explícita en el artículo y, en mi opinión, no debilitan el mensaje central del artículo. Por el contrario, refuerzan la conclusión de que incluso manejando estimaciones prudentes y conservadoras estas muestran impactos sanitarios muy notables, y que, por tanto, los efectos reales podrían ser considerablemente mayores.