Pedro L. Valenzuela
Investigador en la Unidad de Fisiología de la Universidad de Alcalá
El artículo me parece interesante especialmente por la temática que aborda y el panorama (aunque sea a futuro) que muestra. El análisis de los últimos 50 años es muy interesante porque muestra una tendencia al alta; las mayores temperaturas se han dado después del 2018 y es previsible que la situación vaya a peor. Además, no solo analiza la temperatura, que es uno de los factores que afecta al estrés térmico, sino que analiza también otros factores como la humedad o la velocidad del aire que pueden hacer que a una determinada temperatura los deportistas sufran mucho más.
Todos sabemos que el calentamiento global es una realidad y que las temperaturas en verano son cada vez más extremas. Este estudio es interesante porque muestra con datos esa situación: si la tendencia continúa, cada vez va a ser más frecuente que los ciclistas se enfrenten a temperaturas que pueden poner en riesgo no solo su rendimiento, también su salud. Todavía quizá el contexto no es enormemente preocupante en general, excepto en algunas etapas concretas, pero quién sabe si de aquí a unas décadas la normalidad serán esas temperaturas extremas (como ya ha ocurrido en otros eventos como el Mundial de Atletismo de Doha en Catar). De hecho, ya hemos visto en en los últimos JJOO de París que el calor era el protagonista en muchas pruebas. Además, remarca la importancia de que los ciclistas se aclimaten correctamente a las altas temperaturas incluso semanas antes de acudir a la prueba.
[En cuanto a limitaciones] Más que limitaciones del estudio, sí que hay ciertas consideraciones. La primera es que, para una determinada temperatura, el tipo de deporte practicado puede influir en el estrés térmico. Al igual que un maratón a mediodía en julio en Francia sería algo prácticamente impensable o que conllevaría un gran riesgo para los atletas, en ciclismo las tasas de sudoración suelen ser algo menores por la velocidad de los propios ciclistas. Esto no quita relevancia a los hallazgos del estudio ni mucho menos, pero sí que es algo a tener en cuenta al considerar los peligros de que se realice una prueba. Por otro lado, estudios como este pueden servir para intentar predecir en qué fechas u horas puede ser más conveniente que se desarrollen las competiciones, aunque seguramente sean decisiones organizativas que puedan variar enormemente incluso de una semana para otra según la previsión meteorológica.