José César Perales
Catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada
¿El estudio es de buena calidad? ¿Están las conclusiones respaldadas por datos sólidos?
“El estudio es metodológicamente muy simple. En la primera parte se corrobora, en adolescentes australianos, y poco antes de la entrada en vigor de la prohibición de usar redes sociales para menores de 16 años:
- a) Una relación muy débil o despreciable entre tener una cuenta de redes sociales y una puntuación mayor en una escala estandarizada de ansiedad, y entre tener una cuenta en redes sociales o haberlas usado alguna vez y la puntuación en una escala de depresión.
- b) Una relación débil entre haber usado redes alguna vez y la puntuación en ansiedad, y entre una edad de inicio más temprana y mayores puntuaciones tanto en depresión como en ansiedad.
La evaluación de estos efectos como débiles o muy débiles se fundamenta en los criterios habituales para las ciencias sociales, aunque no dejan de ser umbrales arbitrarios. Más importante es la evaluación de estos en términos de relevancia clínica. Ninguno de los coeficientes de regresión alcanza una magnitud suficiente para considerarse un efecto clínicamente significativo.
Por otra parte, el enlace en el que se describen otros detalles metodológicos no está aún operativo, por lo que no he podido hacer una evaluación cuidadosa de todos ellos. Por lo descrito en el artículo, estos análisis tienen las mismas limitaciones de interpretación que otros similares. Primero, que están basados exclusivamente en medidas de autoinforme y, segundo, que la edad de inicio de uso se evalúa retrospectivamente, lo que implica posibles sesgos de recuerdo o problemas de fiabilidad.
No se facilita información sobre el posible control de variables extrañas, aunque es posible que esa información esté disponible en el material suplementario no accesible.
La segunda parte evalúa la intención de seguir usando redes después de la prohibición, y se observa que la mayoría de los adolescentes encuestados tenía la intención de seguir usándolas. De nuevo, parece tratarse de un análisis bastante simple, en el que hay dos limitaciones importantes. Primero, que la intención no es una medida directa del comportamiento real posterior y, segundo, que, por la información disponible, no se trata de una muestra representativa, por lo que no se pueden extrapolar los porcentajes de intención observados al total de la población adolescente”.
¿Cómo encaja este trabajo con la evidencia existente?
“La primera parte es perfectamente compatible con la corroboración de que las variables de uso de redes sociales correlacionan muy débilmente con indicadores de salud mental. Metaanálisis y revisiones sistemáticas previas han observado, más allá de los datos de este estudio concreto, que esas correlaciones:
- a) son tanto más débiles cuando mayores son las garantías metodológicas y estadísticas del estudio,
- b) están parcialmente explicadas por terceras variables”.
¿Cuáles son las implicaciones para el mundo real?
“Las implicaciones son muy escasas. La discusión es particularmente pobre en este aspecto, puesto que ignora completamente las limitaciones consustanciales a este tipo de estudios y obvia la necesaria discusión sobre el tamaño y la relevancia de los efectos reportados. La afirmación de que “En conjunto, estos hallazgos coinciden en que la adolescencia temprana es un periodo de vulnerabilidad frente a los efectos adversos de las redes sociales sobre la salud mental, y respaldan el argumento a favor de retrasar el acceso de los adolescentes a estas plataformas” no está en absoluto respaldada por los resultados.
La corroboración de que un porcentaje no menor de adolescentes no tiene intención de cumplir las limitaciones de uso de redes sociales establecidas en la ley es interesante y algunos análisis ya lo habían predicho como una de las debilidades importantes de este tipo de prohibiciones generales. Los datos provisionales disponibles con la ley ya en vigor apuntan en esa misma dirección, a saber, que la prohibición no ha tenido éxito, o al menos no todo el esperado por sus promotores, en su objetivo de disminuir sustancialmente el uso de redes sociales por adolescentes”.