La mayoría de jóvenes australianos tenían la intención de seguir utilizando las redes sociales, aunque su prohibición entrara en vigor

Un estudio publicado en la revista JAMA Network Open evaluó la actitud de los adolescentes australianos en el marco de la aplicación de las restricciones de edad mínima para el uso de las redes sociales en su país. El equipo observó que la mayoría de los encuestados manifestaban su intención de seguir utilizando las redes sociales tras la entrada en vigor de la normativa, a pesar de que, en esta muestra, los síntomas de ansiedad y depresión se asociaban con el historial de uso de las redes sociales y con una edad más temprana en el momento del primer uso. 

Reacciones

Sánchez Vera - rrss australia

María del Mar Sánchez Vera

Profesora titular del departamento de Didáctica y Organización Escolar, y miembro del grupo de investigación de Tecnología Educativa

Science Media Centre España

Este estudio es interesante, al tratar de plantear un análisis desde una perspectiva longitudinal y tratar de manera empírica los supuestos fundamentales que sustentan la Restricción de Edad Mínima en Redes Sociales (SMMAR) australiana. Sin embargo, es importante señalar que sus limitaciones metodológicas (particularmente, el tamaño muestral relativamente reducido, la composición sociodemográfica homogénea limitada a participantes urbanos y acomodados, y el carácter de autoinforme de los datos) restringen su generalización. El autoinforme es interesante porque permite acceso a las intenciones de los adolescentes, pero inevitablemente introduce sesgos inherentes de deseabilidad social que pueden no reflejar con precisión el comportamiento real. Estas limitaciones no invalidan el estudio, pero sí sugieren que sus hallazgos deben interpretarse como indicadores preliminares más que como evidencia concluyente. El estudio usa el término genérico 'redes sociales', sin diferenciar entre TikTok, Instagram, Snapchat, YouTube, Discord, etc. Cada plataforma tiene dinámicas, riesgos y funciones sociales muy distintas, por lo que sería interesante un análisis más pormenorizado.

Lo interesante de este estudio es el análisis de la efectividad de las políticas de restricción de edad y la intención declarada de los adolescentes, ya que nos hace entender cómo vivencian las políticas de restricción. Parece que un 75 % de los adolescentes planeaba seguir usando redes sociales encontrando formas de eludir la restricción. Este estudio se suma a otros que están empezando a publicarse que sugieren algo interesante, que no basta simplemente con aumentar la edad mínima de acceso a redes sociales para resolver los problemas de bienestar de los adolescentes. Es decir, parece que las restricciones legales por sí solas no son suficientes y que se necesitan estrategias adicionales para que funcionen. También es interesante que la motivación para seguir usando redes sociales no está impulsada principalmente por problemas de salud mental, sino por otras razones (conexión social, identidad, entretenimiento).

Otro aspecto importante reconocido en el propio estudio es que solo incluyó participantes urbanos y acomodados, dejando fuera las perspectivas de adolescentes en zonas rurales o aisladas. En estas áreas, las redes sociales podrían ser herramientas importantes para conectarse con otros, acceder a información o a diferentes oportunidades educativas. Para poblaciones vulnerables y dispersas geográficamente, restringir el acceso a redes sociales puede tener consecuencias sociales diferentes. Por lo tanto, aunque este estudio es interesante y contribuye al debate sobre políticas digitales, no puede aplicarse de manera generalizada.

Finalmente, destacar que los estudios longitudinales acercan más la posibilidad de entender relaciones causales que los estudios transversales simples, por lo que será interesante seguir de cerca los resultados de las investigaciones de los autores.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Perales - rrss australia

José César Perales

Catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada

Science Media Centre España

¿El estudio es de buena calidad? ¿Están las conclusiones respaldadas por datos sólidos? 

“El estudio es metodológicamente muy simple. En la primera parte se corrobora, en adolescentes australianos, y poco antes de la entrada en vigor de la prohibición de usar redes sociales para menores de 16 años: 

  • a) Una relación muy débil o despreciable entre tener una cuenta de redes sociales y una puntuación mayor en una escala estandarizada de ansiedad, y entre tener una cuenta en redes sociales o haberlas usado alguna vez y la puntuación en una escala de depresión. 
  • b) Una relación débil entre haber usado redes alguna vez y la puntuación en ansiedad, y entre una edad de inicio más temprana y mayores puntuaciones tanto en depresión como en ansiedad. 

La evaluación de estos efectos como débiles o muy débiles se fundamenta en los criterios habituales para las ciencias sociales, aunque no dejan de ser umbrales arbitrarios. Más importante es la evaluación de estos en términos de relevancia clínica. Ninguno de los coeficientes de regresión alcanza una magnitud suficiente para considerarse un efecto clínicamente significativo. 

Por otra parte, el enlace en el que se describen otros detalles metodológicos no está aún operativo, por lo que no he podido hacer una evaluación cuidadosa de todos ellos. Por lo descrito en el artículo, estos análisis tienen las mismas limitaciones de interpretación que otros similares. Primero, que están basados exclusivamente en medidas de autoinforme y, segundo, que la edad de inicio de uso se evalúa retrospectivamente, lo que implica posibles sesgos de recuerdo o problemas de fiabilidad. 

No se facilita información sobre el posible control de variables extrañas, aunque es posible que esa información esté disponible en el material suplementario no accesible. 

La segunda parte evalúa la intención de seguir usando redes después de la prohibición, y se observa que la mayoría de los adolescentes encuestados tenía la intención de seguir usándolas. De nuevo, parece tratarse de un análisis bastante simple, en el que hay dos limitaciones importantes. Primero, que la intención no es una medida directa del comportamiento real posterior y, segundo, que, por la información disponible, no se trata de una muestra representativa, por lo que no se pueden extrapolar los porcentajes de intención observados al total de la población adolescente”. 

¿Cómo encaja este trabajo con la evidencia existente? 

“La primera parte es perfectamente compatible con la corroboración de que las variables de uso de redes sociales correlacionan muy débilmente con indicadores de salud mental. Metaanálisis y revisiones sistemáticas previas han observado, más allá de los datos de este estudio concreto, que esas correlaciones: 

  • a) son tanto más débiles cuando mayores son las garantías metodológicas y estadísticas del estudio,  
  • b) están parcialmente explicadas por terceras variables”. 

¿Cuáles son las implicaciones para el mundo real? 

“Las implicaciones son muy escasas. La discusión es particularmente pobre en este aspecto, puesto que ignora completamente las limitaciones consustanciales a este tipo de estudios y obvia la necesaria discusión sobre el tamaño y la relevancia de los efectos reportados. La afirmación de que “En conjunto, estos hallazgos coinciden en que la adolescencia temprana es un periodo de vulnerabilidad frente a los efectos adversos de las redes sociales sobre la salud mental, y respaldan el argumento a favor de retrasar el acceso de los adolescentes a estas plataformas” no está en absoluto respaldada por los resultados. 

La corroboración de que un porcentaje no menor de adolescentes no tiene intención de cumplir las limitaciones de uso de redes sociales establecidas en la ley es interesante y algunos análisis ya lo habían predicho como una de las debilidades importantes de este tipo de prohibiciones generales. Los datos provisionales disponibles con la ley ya en vigor apuntan en esa misma dirección, a saber, que la prohibición no ha tenido éxito, o al menos no todo el esperado por sus promotores, en su objetivo de disminuir sustancialmente el uso de redes sociales por adolescentes”. 

Conflicto de intereses: “Junto con Fátima García Doval soy coautor del libro Ni frágiles ni idiotas: Cómo la mala ciencia ha construido el estereotipo adolescente (Shackleton Books, 2026), en el que tratamos este tema en profundidad. En ese libro hacemos una revisión bibliográfica profunda del impacto de la tecnología en la adolescencia y, por tanto, puede argumentarse que personalmente ya tenía una posición fijada en este debate que puede haber afectado a la evaluación de este artículo. Por lo demás, mi trabajo y la financiación que recibo para investigación son públicos y totalmente independientes de cualquier empresa o institución vinculadas a las actividades relevantes en este campo”.

ES

Tatiana Íñiguez - rrss australia

Tatiana Íñiguez Berrozpe

Profesora titular de Sociología y vicedecana de Tecnologías de la Información y la Comunicación en la facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza
Science Media Centre España

¿El estudio es de buena calidad? 

“Podemos decir que se trata de un estudio correctamente planteado, pero que mide más bien poco. El diseño del estudio, la pregunta de investigación, la muestra, etc., son elementos bien delimitados. No obstante, podemos poner varias pegas a los resultados: primero, el análisis que se presenta es transversal, por lo que no podemos establecer una dinámica de causa-efecto, solo asociaciones (¿las redes pueden causar ansiedad o debido a la ansiedad los adolescentes se refugian en las redes?). Segundo, y más importante, el tamaño del efecto es muy pequeño, ya que en él las redes explican solo entre el 1 % y el 5 % de la salud mental en este grupo de edad. Tercero, pero relacionado con lo anterior, precisamente lo que la ley prohíbe es lo que aparece en el estudio como menos asociado al malestar”. 

¿Cómo encaja este trabajo con la evidencia existente? 

“Encaja perfectamente con la evidencia existente, pero esto no es positivo. Precisamente, una de las cuestiones a las que más aludimos los investigadores que somos críticos con el pánico moral asociado al tema es que existe una gran cantidad de estudios que tratan de demostrar el perjuicio de las redes sociales para la salud mental de los menores con análisis transversales (que no demuestran causalidad) y con tamaños del efecto muy pequeños, como es el caso del que nos ocupa. En general todos estos estudios concluyen que la asociación entre redes sociales y salud mental existe, pero es muy pequeña. 

No obstante, es interesante el análisis que se hace de las intenciones de uso tras la prohibición. Pero esto también confirma lo que ya sabíamos: pese a las prohibiciones, los adolescentes van a seguir usando las redes sociales”. 

¿Han tenido en cuenta los autores los factores de confusión? ¿Hay limitaciones importantes que haya que tener en cuenta? 

“En esto el estudio también encaja con un vasto número de trabajos previos sobre el tema: no se controla por variables sociodemográficas fundamentales que ciencias, como la sociología, ya han demostrado que tienen un peso mucho mayor en el malestar de los menores. El nivel socioeconómico, la estructura y dinámicas familiares, las redes de apoyo, etc., son elementos que no se han tenido en cuenta en el análisis y que suponen una variación mucho mayor en la salud mental que las redes sociales, cuyo efecto, como hemos dicho, es muy menor. Es más, la propia muestra se centra en chicos y chicas urbanos y de familias acomodadas, que no son precisamente el colectivo que está en mayor riesgo”. 

¿Cuáles son las implicaciones para el mundo real? 

“Sin duda, algo de lo que ya venimos hablando desde que se implantó la medida en Australia, tal y como especificábamos en este artículo: que las medidas de prohibición de las redes sociales no son efectivas, ya que los menores van a seguir utilizándolas, pero ahora con menor control, dado que pueden falsear su acceso. Es fundamental poner el foco en las obligaciones reales de las plataformas para el control de sus contenidos, transparencia de sus algoritmos, y evitar consumos pasivos perniciosos como el scroll infinito, y, en definitiva, su responsabilidad en la protección de los menores. Asimismo, el acompañamiento a las familias y el potenciar la educación digital crítica desde la infancia deben estar en el foco principal de las medidas. La prohibición, además de inefectiva, puede causar el efecto contrario: crear espacios menos seguros para los menores y no servir de protección para los colectivos vulnerables que las usan como red de apoyo”. 

No declara conflicto de interés
ES
Publicaciones
Planned Social Media Ban and Depression and Anxiety in Adolescents
    • Artículo de investigación
    • Revisado por pares
Revista
JAMA Network Open
Autores

Petersen et al.

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
  • Revisado por pares
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