Raúl Martínez Fernández
Neurólogo e investigador clínico en el HM CINAC-Hospital Puerta del Sur
El estudio es de buena calidad. El diseño es adecuado y la metodología en general es correcta. Neurology es una muy buena revista y publicar ahí implica, en general, que el artículo está bien hecho.
Ya era bastante conocido que el fumar menos se asociaba a un riesgo relativo mayor de enfermedad de Parkinson. De hecho, se había planteado como posible factor protector para padecer la enfermedad, asociado al efecto de la nicotina. Pero lo cierto es que el porqué es desconocido. Lo que se sospechaba, y de hecho los autores lo mencionan también, es que en personas con riesgo de padecer enfermedad de Parkinson o que están en una fase muy inicial prediagnóstica ya hay déficit de dopamina, por tanto, también del circuito de la recompensa y de los mecanismos de la adicción. Es decir, les es más fácil dejar de fumar porque ya tienen déficits biológicos relacionados con la enfermedad (como digo, déficit de dopamina), no es que al dejar de fumar incrementen el riesgo. En favor de esta hipótesis es que lo que modifica el riesgo es dejar o no de fumar, no cuánto hayan fumado.
[En cuanto a posibles limitaciones] Fundamentalmente, que es un estudio retrospectivo y que, como en todos los estudios epidemiológicos de este tipo, no es posible controlar todos los factores genéticos y ambientales que pueden incidir en el riesgo. De todos modos, los autores lo contrarrestan parcialmente incluyendo una muestra enorme y controlando por aquellos factores más conocidos (edad, actividad física, tensión arterial, colesterol, etc.)
Más allá de estos matices estadísticos, lo que queda claro es que seguir fumando aumenta la mortalidad (y seguro que también la morbilidad). Independientemente de la causa subyacente a que la gente que lo deja tenga mayor incidencia de enfermedad de Parkinson, fumar es malo para la salud.