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Víctor Resco de Dios

Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida

El cambio climático se está acelerando. La velocidad con la que crecen las temperaturas año a año es cada vez mayor. Los datos confirman que el calentamiento global ya supera los 1,5 ºC, tal y como habían anticipado los modelos climáticos. El calor de 2023 y 2024 fue propiciado por El Niño, cuyo efecto se desvaneció en 2025 y repercutió en un descenso de 0,1 ºC en la temperatura de 2025 (en comparación con 2024). Algunos modelos indican que El Niño podría regresar a partir de la segunda mitad de 2026, lo que catalizaría un previsible aumento de 1,7 ºC en 2027. Hay incertidumbres sobre esta predicción para el 2027, puesto que los modelos ‘oficiales’ creen que la subida de temperaturas no será tan brusca.  

Dentro de este escenario, y en medio de un cambio climático antropogénico brutal cuya intensidad vamos notando verano tras verano, nos encontramos con un informe que tiende hacia el catastrofismo y confunde los efectos directos que ejerce el clima sobre el sistema Tierra con los indirectos. El ejemplo más claro lo vemos cuando habla sobre los incendios, cuya acción depende de la interacción entre el clima, la urbanización (vivir en zonas ‘inflamables’) y la actividad forestal preventiva: el auge en la actividad pírica no es únicamente atribuible al cambio climático. En el caso de los incendios, además, el informe asegura que Europa vivió un récord de emisiones por incendios en 2025, algo que solo es verdad a una escala temporal muy corta (20 años). Esta precisión es importante porque el texto usa como referencia el periodo preindustrial (1850-1900) al hablar de clima y debería aclarar que, en la sección de incendios, se refiere a una ventana temporal mucho menor. 

Más allá de estas imprecisiones, debemos recordar que el cambio climático es cada día más una cuestión de salud pública y de protección civil, con importantes impactos sobre sectores como el turismo, la agricultura o el transporte, por poner tres ejemplos. Y también debemos recordar que, aunque la mitigación del cambio climático depende la geopolítica mundial, la adaptación al cambio de clima sí depende de nosotros: podemos hacer mucho por protegernos de las peores consecuencias del cambio climático en ciernes.  

Las temperaturas del verano de 2025 han sido extremas, sin duda. Pero probablemente serán unas condiciones benignas en comparación con las que existirán en 2040 o 2050.

ES