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José Saturnino Martínez

Sociólogo especializado en educación y desigualdad social y profesor de Sociología en la Universidad de La Laguna

El hecho de que el descenso sea mayor en las familias de más alto nivel socioeconómico y cultural en muchos países plantea la necesidad de buscar qué es lo que ha cambiado en este grupo. Se insiste mucho en que estos hogares pueden contar con más dispositivos tecnológicos, pero creo que también habría que explorar las condiciones de vida de este grupo.  

Los datos señalan también que los adolescentes están recibiendo menos apoyo en casa, y eso es coherente con algo que ya vimos en la oleada de 2022: las condiciones de trabajo de las madres universitarias están empeorando. Es decir, un efecto indirecto de la crisis de 2009 es haber dificultado la conciliación y, por tanto, el apoyo familiar. La crisis no afectó en las primeras oleadas de PISA, pues eran adolescentes ya criados, pero los de ahora ya han crecido en la 'nueva normalidad': familias de clase media alta con menos disponibilidad de tiempo.   

Hasta 2015 en PISA se veía una España del norte y otra del sur, que representaban una tendencia secular de diferencias educativas que llegaban por lo menos al siglo XIX. Desde entonces, surge un nuevo grupo: las comunidades bilingües. Habría que estudiar con más detalle por qué antes de 2015 varias de estas comunidades lo hacían por encima de la media (País Vasco, Navarra y Cataluña) o cerca de la media (Comunidad Valenciana) y han empeorado. La explicación fácil —la lengua— no explica los resultados previos a 2015, y la llegada de la inmigración ya ha sido estudiada y solo es una parte de la disminución, pero no toda. Al ser un tema polémico políticamente, exige un estudio sosegado y fundado en el análisis de la realidad concreta de cada comunidad, no solo mirando los datos de PISA de forma superficial. 

ES