Josep Maria Suelves
Investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo
Los autores del trabajo que acaba de publicar Frontiers in Developmental Psychology presentan conclusiones basadas en la revisión de diferentes estudios experimentales en los que se investigó el efecto sobre el bienestar o sobre la salud mental de la restricción en el acceso a las redes sociales. Aunque se indica que la mayoría de los estudios revisados pusieron de manifiesto efectos beneficiosos después de restringir el acceso a las redes, los autores sostienen que las deficiencias metodológicas ponen en entredicho esos aparentes beneficios, lo que los lleva a sostener que algunos países están prohibiendo el acceso de los menores a las redes sociales sin saber qué efectos tendrá esa medida sobre su salud.
¿Carece efectivamente de fundamento limitar el acceso de los menores a las redes sociales? En su revisión de la literatura, los autores de este nuevo estudio no indican haber seguido las rigurosas exigencias metodológicas de una revisión sistemática: no se explica suficientemente, por ejemplo, con qué criterios se seleccionaron los estudios revisados, en qué poblaciones se llevó a cabo cada estudio, cuántos estudios fueron desestimados y por qué razón ni cuáles eran exactamente las intervenciones evaluadas y cuáles los efectos evaluados. Además, los autores indican que optaron por seleccionar exclusivamente estudios experimentales aleatorizados, lo que supone un criterio muy restrictivo que prescinde de la evidencia aportada por otros estudios que pueden haber recurrido a metodologías menos concluyentes, pero más habituales en condiciones de la vida real, donde a menudo la evaluación se fundamenta en diseños preexperimentales y cuasiexperimentales, o en estudios observacionales.
¿Debemos entonces restringir el acceso de los menores a las redes sociales? Hay pruebas de que el tiempo dedicado a las redes sociales interfiere con comportamientos más saludables, reduciendo el tiempo dedicado a la actividad física, el descanso nocturno y la interacción personal. Además, las redes sociales exponen frecuentemente a los menores a contenidos que promueven comportamientos de riesgo, entre los que se incluye el uso de productos relacionados con el tabaco, el uso de alcohol, o las estrategias para conseguir una delgadez extrema. Hay también algunas pruebas de que el tiempo dedicado a las redes sociales podría, al menos en ciertos casos, asociarse a ciertos trastornos mentales. Sin embargo, plantear la prohibición en el acceso de los menores a las redes sociales puede ser una medida difícil de implementar y pasa por alto la necesidad de impulsar otras acciones más efectivas, necesarias y éticas, como la limitación de contenidos dañinos (como la difusión de contenidos falsos o la promoción de la violencia, del uso de sustancias adictivas, las dietas no saludables, etc.), o el recurso a estrategias de diseño adictivas por parte de las plataformas, que basan sus beneficios en el tiempo de conexión de sus usuarios.