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Miquel Llorente

Director del departamento de Psicología de la Universidad de Girona, profesor agregado Serra Húnter e investigador principal del grupo de investigación Comparative Minds

Este artículo me parece de una calidad excelente y supone un soplo de aire fresco en el estudio de la cognición animal. Lo más destacable es que los autores no se han limitado a describir una anécdota, sino que han testado al animal de manera controlada y sistemática. Al presentar la herramienta en orientaciones aleatorias, han podido demostrar que la vaca, Veronika, no actuaba por repetición mecánica, sino con una intención clara y funcional.  

Hasta ahora el uso de herramientas se consideraba un club selecto, casi exclusivo de primates (especialmente grandes simios, pero también macacos y capuchinos), algunas aves como córvidos y loros y mamíferos marinos como los delfines. El hecho de encontrarlo en una vaca es un ejemplo fascinante de evolución por convergencia: la inteligencia surge como respuesta a problemas similares, sin importar que el 'diseño' del animal sea muy distinto.  

La verdadera novedad aquí no es solo que use un objeto, sino el uso flexible y polivalente. Veronika distingue qué parte de la herramienta (cerdas o palo) es más adecuada según la sensibilidad de la zona de su cuerpo que quiere rascar, algo que fuera de humanos solo se había documentado con tal claridad en chimpancés. Esto es asombroso si consideramos sus limitaciones anatómicas; al carecer de manos o trompa, debe realizar ajustes de agarre y anticipación muy finos usando solo su boca.  

Como limitaciones, debemos ser cautos: estamos ante un estudio de un solo individuo y no podemos generalizar que todas las vacas tengan esta capacidad de forma innata. Aquí es crucial la ontogenia y la historia individual de Veronika: es una vaca con una vida larga, en un entorno enriquecido y con un contacto humano constante, factores que probablemente han permitido que florezca una capacidad cognitiva que en vacas estabuladas o de producción masiva queda totalmente latente.  

Este trabajo abre una nueva frontera en la ciencia: la cognición en ungulados, históricamente ignorada por nuestro sesgo utilitario hacia ellos. Nos obliga a repensar las demandas ecológicas y cognitivas de estos animales y tiene implicaciones directas en su bienestar: si tienen este potencial mental, el enriquecimiento ambiental en granjas no debería ser un lujo, sino una necesidad ética para su mantenimiento y cuidado.

ES