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Víctor Briz

Científico Titular en el Instituto de Salud Carlos III, en el área de Toxicología Ambiental del Centro Nacional de Sanidad Ambiental

Existen múltiples factores genéticos y ambientales implicados en la aparición del trastorno del espectro autista (TEA), así como en otros trastornos del neurodesarrollo relacionados. En el estudio publicado en la revista Nature Communications, los autores usan un modelo de inflamación durante la gestación materna, empleado habitualmente en ratones para inducir en la progenie síntomas relacionados con el TEA, como son las conductas estereotípicas/repetitivas, la hipersensibilidad sensorial y las alteraciones en determinados circuitos neuronales. Los autores emplean un abordaje multidisciplinar combinando conducta animal, resonancia magnética funcional, electrofisiología y técnicas de análisis de expresión génica de última generación en célula única para ahondar en los mecanismos neurobiológicos alterados en el TEA, lo que proporciona información científica relevante en el campo y avala la utilidad del modelo en investigación. Además, muestran que el tratamiento con rapamicina, un fármaco ampliamente utilizado como inmunosupresor para prevenir el rechazo en trasplantes de órganos o en diversas terapias contra el cáncer, podría ser beneficioso para tratar algunos de los síntomas del TEA.

Aunque son muchos los estudios que han demostrado los beneficios terapéuticos del tratamiento con rapamicina en múltiples modelos animales de TEA y de otros trastornos neurológicos, la novedad de este trabajo es que muestra que el tratamiento agudo de unas horas es suficiente para revertir los síntomas del TEA en individuos adultos. Los autores argumentan que esto implica que el cerebro adulto del ratón es todavía capaz de remodelarse y es, por tanto, susceptible de beneficiarse de esta y, posiblemente, otras terapias farmacológicas.

La mayor limitación del trabajo es que los beneficios terapéuticos de la rapamicina son solo transitorios y pierden efectividad con el tiempo (debido a su elevada tolerancia). Aunque interesantes y prometedores, estos resultados han de tomarse con cautela; en palabras de los propios autores el tratamiento con rapamicina está lejos de tener aplicación en humanos debido a sus numerosos efectos secundarios, así como a su indicada tolerancia. En mi opinión, está por ver si otros fármacos con mecanismos de acción similares, pero distinto perfil farmacológico y toxicológico, pueden servir para este propósito.

En cualquier caso, conviene recordar que el TEA y otras neurodivergencias no son enfermedades que requieran una cura y la investigación debe centrase en buscar terapias para tratar aquellos síntomas más incapacitantes para los pacientes.

ES