Víctor Fernández-García
Profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León
¿A qué se debe la intensidad de estos tres incendios?
“Lo que estamos viendo estos años responde a la confluencia de problemas a corto plazo y problemas estructurales más a largo plazo. A corto plazo, la meteorología primaveral (lluviosa) y del verano (sequedad) son clave y tienen mucho que ver con el cambio climático. Pero estas condiciones actúan sobre un territorio que lleva décadas transformándose en un polvorín en todo el país (abandono de cultivos y aprovechamientos, acumulación y continuidad de la vegetación, expansión de las zonas residenciales hacia el monte, y plantaciones y matorrales cada vez más cerca de los núcleos de población)”.
¿Qué papel juega el tipo de vegetación de estas zonas?
“La vegetación de la zona tiene un papel determinante. En cuanto a su composición, se trata de vegetación bastante propensa al fuego e inflamable (como ocurre en casi todo el país), con bastantes pinares de pino resinero y piñonero, o zonas densas de matorral. Como vegetación un poco menos inflamable hay robledales y castaños. En cualquier caso, buena parte de esta vegetación está adaptada a arder y arde con facilidad en verano. Más allá de la composición, importa mucho la cantidad y continuidad de esta vegetación, que es el combustible que alimenta el fuego.
Probablemente volveremos a escuchar que el cambio climático es el principal responsable, pero presentarlo como la única causa puede servir para eludir aquello sobre lo que sí podemos actuar, que es la vegetación que alimenta al fuego; esto es la gestión del monte y de las interfaces urbano-forestales".
Están afectando a la interfaz urbano-forestal. ¿Cómo proteger a las viviendas y al entorno?
“La mejor manera de proteger las viviendas es evitar que el combustible (la vegetación) y las viviendas estén próximos. En las zonas de interfaz urbano-forestal las normativas autonómicas han avanzado en esa dirección. Determinadas urbanizaciones, edificaciones e instalaciones colindantes con terrenos forestales deben disponer de un plan de autoprotección y mantener una franja perimetral libre de vegetación seca y con el arbolado poco denso. También deben gestionarse las parcelas sin edificar, los accesos y las cunetas.
El problema es que aprobar normas y planes no garantiza su aplicación, ya que muchas de estas que hay que mantener libres de vegetación son zonas con pequeñas fincas privadas, con numerosos propietarios y, en ocasiones, abandonadas, lo que dificulta enormemente la gestión".
¿Qué puede hacerse para que las llamas no causen tantos daños?
"No hay una única receta mágica, pero un aspecto clave puede ser usar más el fuego en el paisaje, el fuego que nos interesa, incendios buenos para combatir la aparición de los incendios malos.
No podemos impedir desde un municipio o comunidad autónoma la próxima ola de calor, pero sí gestionar la vegetación, que es lo que alimenta el fuego. El objetivo no es ‘limpiar’ todo el monte, sino trabajar en zonas estratégicas para conseguir que, cuando llegue el fuego, encuentre menos combustible y pueda ser controlado sin poner en peligro a la población. Tratar todas las zonas de riesgo de forma mecánica sería inviable económicamente, por lo que debemos complementar los trabajos de prevención tradicionales con alternativas eficientes como las quemas prescritas. Incluso se debería plantear dejar arder determinados incendios de poco riesgo, como son muchos incendios de invierno o primavera, ya que esas zonas quemadas actuarán como grandes cortafuegos durante unos años.
Se sabe con certeza que suprimir sistemáticamente cualquier fuego genera una falsa sensación de seguridad. Si durante décadas no hay incendios ni una gestión que sustituya su función, se acumula combustible y aumenta su continuidad. Cuando finalmente llega el fuego (muy probablemente en verano y bajo condiciones meteorológicas extremas) resulta mucho más intenso y difícil de controlar ya que se encuentra grandes cantidades de vegetación y, además, paisajes poco fragmentados por incendios previos. Esto es, en buena medida, lo que está ocurriendo. Naturalmente, los incendios que amenazan a personas y bienes deben extinguirse, pero esa extinción tiene que complementarse durante el resto del año con gestión”.