Interior declara la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila por tres incendios forestales
La pasada madrugada, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, declaraba la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila por los incendios forestales de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Burgohondo. Según el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, los fuegos se encontraban fuera de la capacidad de extinción y representaban una grave amenaza para la población. La Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 ha comunicado que, pese a que los trabajos nocturnos han sido efectivos, los incendios siguen sin estar perimetrados ni controlados. Permanecen evacuadas más de 10.000 personas.
Víctor Resco de Dios - incendios Madrid julio
Víctor Resco de Dios
Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio
¿A qué se debe la intensidad de estos tres incendios?
"La intensidad de las temporadas de incendios ha aumentado entre un 30-40 % a nivel promedio en las últimas décadas. Llevamos advirtiendo de esto muchos años. Este aumento en la intensidad se debe a toda la energía guardada en los montes en forma de biomasa, como resultado del abandono rural y, en ocasiones, de políticas ambientales excesivamente proteccionistas. También, por otro lado, porque la atmósfera está cargada de energía desecante, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles".
¿Qué papel juega el tipo de vegetación de estas zonas?
"Lo importante no es el tipo de vegetación, sino el tipo de combustible, es decir, cuánta biomasa existe y, sobre todo, cómo está conectada espacialmente. Por eso hablamos de crear paisajes mosaico, donde se crean discontinuidades en el paisaje: zonas donde la intensidad de las llamas disminuye y los bomberos pueden apagar los incendios. Se dice que los pinos y eucaliptos son culpables de los incendios. La realidad es que el 70 % de lo que quema son matorrales y que la superficie de pinares afectada está disminuyendo (los incendios en eucaliptales siempre han sido anecdóticos, pues ocupan una superficie muy pequeña). Por el contrario, los estudios nos indican cómo los espacios protegidos arden cada vez más, precisamente por esa continuidad en la vegetación y en la biomasa (lo que no quiere decir que los espacios protegidos sean malos, sino que hay que gestionar el combustible y el fuego)".
Están afectando a la interfaz urbano-forestal. ¿Cómo proteger a las viviendas y al entorno?
"Hay muchas guías disponibles con detalles que cualquier ciudadano puede consultar. Tiene que tomar una serie de medidas para proteger su casa y, en colaboración con el ayuntamiento, ejecutar planes de protección".
¿Qué puede hacerse para que las llamas no causen tantos daños?
"Gestionar el combustible, la biomasa, lo que quema en un incendio. Debemos gestionar 1 millón de hectáreas a escala nacional, centrados en unos ejes de confinamiento a escala nacional y regional, puntos estratégicos a escala de macizo y luego, adicionalmente, a escala local con los planes de prevención".
Eduardo Rojas - incendios Madrid
Eduardo Rojas Briales
Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO
¿A qué se debe la intensidad de estos tres incendios?
"La voracidad de los incendios que afectan a Toledo, Madrid y Ávila responde a una acumulación de factores entre los que destacan dos años seguidos muy lluviosos con un súbito parón de lluvias en mayo y la llegada inmediata del verano con altas temperaturas constantes y baja humedad. A ello se suma que se trata de la zona del sistema Central con menor precipitación por la reducción de la altitud de las cotas más altas y, por ello, una vegetación más xerófita y proclive a quemar que en otras áreas del sistema Central.
A todo ello se une un desplazamiento hacia el norte del contraalisio (viento de origen tropical seco y cálido del SW) en los últimos años que se precipita a tierra en zonas elevadas al sur del carrusel de borrascas templadas y que se conoce bien en Tenerife y La Palma, en los incendios de los pinares más elevados. Finalmente, la fuerte presión inmobiliaria de Madrid y la calidad de estos paisajes ha generado muchas construcciones dispersas en parte anteriores a una regulación urbanística moderna y que comportan muchos riesgos y distracción de efectivos".
¿Qué papel juega el tipo de vegetación de estas zonas?
"Como he indicado, desde la vertical de Ávila ciudad hasta prácticamente El Escorial, el sistema Central se hunde unos 1.000 metros, perdiendo mucha de su capacidad de atracción de lluvia y tormentas, facilitando también el intercambio de masas de aire más cálidas y secas desde el sur. Con ello desaparecen los elementos templados y de alta montaña (pino silvestre, rebollo…) para ser sustituidos por pino pinaster y piñonero, además de encina. Adicionalmente, los suelos no retienen mucha agua ni nutrientes y son bastante superficiales".
Están afectando a la interfaz urbano-forestal. ¿Cómo proteger a las viviendas y al entorno?
"Un primer paso es dotarse de normativa autonómica orientada a prevenir incendios en las zonas de interfaz urbano-forestal adaptadas a cada territorio y legislación. Seguidamente, exigir a los ayuntamientos de forma individual o conjunta disponer de planes para prevenir y minimizar incendios de interfaz en un sentido integral, ofreciendo ayudas para su ejecución, especialmente, a los ayuntamientos más pequeños y con menor capacidad económica. Dentro de las actividades previstas debe preverse formación y simulacros con los vecinos, especialmente, en relación con la evacuación cuando se requiera. Hay comunidades autónomas que han avanzado mucho en este ámbito y podrían utilizarse de referencia con las adaptaciones necesarias".
¿Qué puede hacerse para que las llamas no causen tantos daños?
"Implementar los planes indicados y, en el caso de casas aisladas, revisando la vegetación y elementos ligeros de madera o plástico existentes para impedir que el fuego afecte a las viviendas. Igualmente, complementar la infraestructura para asegurar siempre una doble salida/entrada y señalización adecuada".
Juli G. Pausas - incendios Madrid
Juli G. Pausas
Profesor del CSIC en el CIDE (Centro de Investigaciones sobre Desertificación), Valencia
Es la crónica de una situación anunciada. Una vez hemos aceptado, como sociedad, cambiar el clima, estos incendios pasan a estar dentro de la normalidad; es decir, es lo que esperábamos. Desde hace décadas se viene anunciando que, si seguimos aumentando las temperaturas, las consecuencias pueden ser muy negativas, incluyendo el incremento significativo de la actividad (frecuencia, tamaño e intensidad) de los incendios. Con estas temperaturas y olas de calor que estamos viviendo actualmente, casi cualquier tipo de vegetación puede arder. El verano pasado vimos arder bosques de hayas (Fagus sylvatica), algo inesperado.
Desde el punto de vista ecológico cabe recordar que muchas de las zonas afectadas por incendios, especialmente las más mediterráneas, se recuperan y no se perderá diversidad. Es más problemático el caso de los incendios que afectan a zonas de mayor altitud, donde las especies no están tan adaptadas al fuego, como el caso de las hayas que acabo de mencionar.
Las soluciones, evidentemente, no son sencillas, e incluyen tanto luchar de manera agresiva contra el cambio climático para que esto no vaya a más, como realizar una prevención de incendios más adaptada al nuevo clima. La prevención puede incluir, entre otras acciones:
- Generar heterogeneidad en el paisaje (mosaicos), es decir, fragmentar las grandes superficies forestales, alternando con zonas poco inflamables (por ejemplo, zonas agrícolas) y así crear paisajes que generen regímenes de incendios más sostenibles, tanto ecológica como socialmente.
- Potenciar los incendios pequeños, frecuentes y de baja intensidad, ya sea aprovechando incendios naturales fuera del verano o realizando quemas prescritas.
- Estimular, en la medida de lo posible, la actividad rural extensiva. La introducción de herbívoros, ya sean nativos (rewilding) o ganado (rebaños privados o municipales), puede reducir la cantidad de combustible y, por lo tanto, limitar los incendios (y facilitar las quemas prescritas).
- Realizar un manejo agresivo de la vegetación alrededor de viviendas en la interfaz urbano-forestal; en estas zonas, también se debe potenciar la autoprotección y la asunción de responsabilidades y costes por vivir en paisajes inflamables.
- Limitar la interfaz urbano-forestal, es decir, limitar la expansión de urbanizaciones y polígonos industriales en zonas rurales y naturales.
Víctor Fernández-García - incendios madrid julio 26
Víctor Fernández-García
Profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León
¿A qué se debe la intensidad de estos tres incendios?
“Lo que estamos viendo estos años responde a la confluencia de problemas a corto plazo y problemas estructurales más a largo plazo. A corto plazo, la meteorología primaveral (lluviosa) y del verano (sequedad) son clave y tienen mucho que ver con el cambio climático. Pero estas condiciones actúan sobre un territorio que lleva décadas transformándose en un polvorín en todo el país (abandono de cultivos y aprovechamientos, acumulación y continuidad de la vegetación, expansión de las zonas residenciales hacia el monte, y plantaciones y matorrales cada vez más cerca de los núcleos de población)”.
¿Qué papel juega el tipo de vegetación de estas zonas?
“La vegetación de la zona tiene un papel determinante. En cuanto a su composición, se trata de vegetación bastante propensa al fuego e inflamable (como ocurre en casi todo el país), con bastantes pinares de pino resinero y piñonero, o zonas densas de matorral. Como vegetación un poco menos inflamable hay robledales y castaños. En cualquier caso, buena parte de esta vegetación está adaptada a arder y arde con facilidad en verano. Más allá de la composición, importa mucho la cantidad y continuidad de esta vegetación, que es el combustible que alimenta el fuego.
Probablemente volveremos a escuchar que el cambio climático es el principal responsable, pero presentarlo como la única causa puede servir para eludir aquello sobre lo que sí podemos actuar, que es la vegetación que alimenta al fuego; esto es la gestión del monte y de las interfaces urbano-forestales".
Están afectando a la interfaz urbano-forestal. ¿Cómo proteger a las viviendas y al entorno?
“La mejor manera de proteger las viviendas es evitar que el combustible (la vegetación) y las viviendas estén próximos. En las zonas de interfaz urbano-forestal las normativas autonómicas han avanzado en esa dirección. Determinadas urbanizaciones, edificaciones e instalaciones colindantes con terrenos forestales deben disponer de un plan de autoprotección y mantener una franja perimetral libre de vegetación seca y con el arbolado poco denso. También deben gestionarse las parcelas sin edificar, los accesos y las cunetas.
El problema es que aprobar normas y planes no garantiza su aplicación, ya que muchas de estas que hay que mantener libres de vegetación son zonas con pequeñas fincas privadas, con numerosos propietarios y, en ocasiones, abandonadas, lo que dificulta enormemente la gestión".
¿Qué puede hacerse para que las llamas no causen tantos daños?
"No hay una única receta mágica, pero un aspecto clave puede ser usar más el fuego en el paisaje, el fuego que nos interesa, incendios buenos para combatir la aparición de los incendios malos.
No podemos impedir desde un municipio o comunidad autónoma la próxima ola de calor, pero sí gestionar la vegetación, que es lo que alimenta el fuego. El objetivo no es ‘limpiar’ todo el monte, sino trabajar en zonas estratégicas para conseguir que, cuando llegue el fuego, encuentre menos combustible y pueda ser controlado sin poner en peligro a la población. Tratar todas las zonas de riesgo de forma mecánica sería inviable económicamente, por lo que debemos complementar los trabajos de prevención tradicionales con alternativas eficientes como las quemas prescritas. Incluso se debería plantear dejar arder determinados incendios de poco riesgo, como son muchos incendios de invierno o primavera, ya que esas zonas quemadas actuarán como grandes cortafuegos durante unos años.
Se sabe con certeza que suprimir sistemáticamente cualquier fuego genera una falsa sensación de seguridad. Si durante décadas no hay incendios ni una gestión que sustituya su función, se acumula combustible y aumenta su continuidad. Cuando finalmente llega el fuego (muy probablemente en verano y bajo condiciones meteorológicas extremas) resulta mucho más intenso y difícil de controlar ya que se encuentra grandes cantidades de vegetación y, además, paisajes poco fragmentados por incendios previos. Esto es, en buena medida, lo que está ocurriendo. Naturalmente, los incendios que amenazan a personas y bienes deben extinguirse, pero esa extinción tiene que complementarse durante el resto del año con gestión”.
Susana Gómez - incendios Madrid
Susana Gómez González
Coordinadora del Máster en Conservación y Gestión del Medio Natural e investigadora del departamento de Biología-IVAGRO de la Universidad de Cádiz
¿A qué se debe la intensidad de estos tres incendios?
"La intensidad de los incendios viene dada por las condiciones meteorológicas extremas, con altas temperaturas y fuertes vientos, unido a la presencia de vegetación densa y muy seca (altamente inflamable). Si además, el año pasado fue muy lluvioso, esto hace que tengamos una mayor acumulación de vegetación, respecto a años más secos. El cambio climático está intensificando estas condiciones y favoreciendo la ocurrencia de incendios grandes y severos, particularmente en los biomas templados del mundo, como es el Mediterráneo".
¿Qué papel juega el tipo de vegetación de estas zonas?
"El cambio climático por sí solo no causa estos incendios extremos, sino que interacciona con la presencia de combustible denso y continuo en el paisaje, generando una combinación muy peligrosa. En las zonas afectadas, hay mucha abundancia de pino resinero (Pinus pinaster), que es un pino bastante inflamable. En el pasado se realizaron numerosas repoblaciones de estos pinos por toda la península, incluso en zonas donde estos no estaban presentes de forma natural (por ejemplo, sobre brezales). Por otro lado, tenemos el abandono rural, que promueve la matorralización y la pérdida de paisajes en mosaico (donde se combinan zonas naturales con cultivos, zonas de pastoreo, etc.). Por lo tanto, en las últimas décadas, se ha incrementado la inflamabilidad del paisaje en España y, junto al cambio climático, esto aumenta el riesgo de grandes incendios".
Están afectando a la interfaz urbano-forestal. ¿Cómo proteger a las viviendas y al entorno?
"Dado que el clima no lo podemos cambiar a corto plazo, lo más importante es hacer prevención a través del manejo del combustible en el paisaje y de una buena ordenación territorial. Es decir, la gestión del combustible debe ser prioritaria en estas zonas, pero además, debe limitarse la construcción de viviendas en zonas no urbanas, respetando los planes de ordenación".
¿Qué puede hacerse para que las llamas no causen tantos daños?
"Debemos actuar a diferentes escalas espaciales. Por un lado, ordenar el territorio para que tengamos mayor heterogeneidad de usos del suelo (paisaje en mosaico), pues esto ayuda a frenar el incendio cuando este encuentra zonas de poca vegetación. Para esto hay que promover actividades rurales como el pastoreo sostenible. Por otro lado, hay que priorizar la gestión del combustible en zonas de interfaz urbano-forestal y en plantaciones forestales que sean muy densas. Y por supuesto, seguir abordando la emergencia climática, limitando las emisiones de carbono y conservando los ecosistemas que lo secuestran".