Es la crónica de una situación anunciada. Una vez hemos aceptado, como sociedad, cambiar el clima, estos incendios pasan a estar dentro de la normalidad; es decir, es lo que esperábamos. Desde hace décadas se viene anunciando que, si seguimos aumentando las temperaturas, las consecuencias pueden ser muy negativas, incluyendo el incremento significativo de la actividad (frecuencia, tamaño e intensidad) de los incendios. Con estas temperaturas y olas de calor que estamos viviendo actualmente, casi cualquier tipo de vegetación puede arder. El verano pasado vimos arder bosques de hayas (Fagus sylvatica), algo inesperado.  

Desde el punto de vista ecológico cabe recordar que muchas de las zonas afectadas por incendios, especialmente las más mediterráneas, se recuperan y no se perderá diversidad. Es más problemático el caso de los incendios que afectan a zonas de mayor altitud, donde las especies no están tan adaptadas al fuego, como el caso de las hayas que acabo de mencionar. 

Las soluciones, evidentemente, no son sencillas, e incluyen tanto luchar de manera agresiva contra el cambio climático para que esto no vaya a más, como realizar una prevención de incendios más adaptada al nuevo clima. La prevención puede incluir, entre otras acciones: 

  1. Generar heterogeneidad en el paisaje (mosaicos), es decir, fragmentar las grandes superficies forestales, alternando con zonas poco inflamables (por ejemplo, zonas agrícolas) y así crear paisajes que generen regímenes de incendios más sostenibles, tanto ecológica como socialmente. 
  2. Potenciar los incendios pequeños, frecuentes y de baja intensidad, ya sea aprovechando incendios naturales fuera del verano o realizando quemas prescritas.  
  3. Estimular, en la medida de lo posible, la actividad rural extensiva. La introducción de herbívoros, ya sean nativos (rewilding) o ganado (rebaños privados o municipales), puede reducir la cantidad de combustible y, por lo tanto, limitar los incendios (y facilitar las quemas prescritas). 
  4. Realizar un manejo agresivo de la vegetación alrededor de viviendas en la interfaz urbano-forestal; en estas zonas, también se debe potenciar la autoprotección y la asunción de responsabilidades y costes por vivir en paisajes inflamables. 
  5. Limitar la interfaz urbano-forestal, es decir, limitar la expansión de urbanizaciones y polígonos industriales en zonas rurales y naturales.  
ES