Víctor Fernández-García
Profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León
Que el cambio climático está impulsando las condiciones meteorológicas que favorecen los incendios no es una sorpresa. Los científicos llevamos años cuantificándolo y está muy claro. Por ejemplo, en la región mediterránea la temporada de peligro extremo se ha alargado un mes en cuatro décadas, las noches ofrecen cada vez menos tregua y episodios de calor que antes eran extraordinariamente raros están dejando de serlo. En este sentido, está bien demostrado que las condiciones meteorológicas extremas asociadas a los incendios de 2025 en la península ibérica son ahora esperables aproximadamente una vez cada 13 años, frente a menos de una vez cada 2.500 años en un clima preindustrial. El verano de este 2026 ha vuelto a romper récords, siendo el verano más cálido registrado en España, superando el récord establecido en 2025.
Lo novedoso del trabajo de Pietroiusti y colaboradores es poner todo eso en una escala fácil de comprender, que es la de una vida humana. En lugar de hablar solamente de grados o de índices meteorológicos, nos dice cuántos años adicionales tendrán que convivir las generaciones jóvenes con condiciones extremas de incendio. El estudio estima que, para una persona nacida en 2025 en España, cada grado adicional a finales de siglo se traduciría en unos 448 días más de exposición a condiciones meteorológicas extremas de incendio a lo largo de su vida.
Es importante señalar que el trabajo no predice cuántos incendios habrá, sino cómo están cambiando las condiciones meteorológicas que hacen más fácil que el fuego se inicie, se propague y resulte más difícil de controlar. El riesgo real depende también de otros factores (como la cantidad, continuidad e inflamabilidad de la vegetación y otros combustibles del territorio, las igniciones o la exposición de personas y bienes). En ese sentido, estos resultados son una llamada más de atención para ponernos a trabajar en la mitigación del cambio climático y, al mismo tiempo, a actuar sobre todos esos otros factores del riesgo sobre los que tenemos una mayor capacidad de acción a escala local.