Víctor Fernández-García
Profesor en el departamento de Ingeniería y Ciencias Agrarias de la Universidad de León
El estudio ofrece una de las aproximaciones más sólidas hasta la fecha para anticipar cómo cambiarán las grandes perturbaciones forestales en Europa (incendios, escolítidos y viento). Su principal virtud es metodológica ya que combina un análisis continental con simulaciones a 100 m e integra retroalimentaciones de la vegetación y la interacción entre agentes de perturbación, algo muy novedoso.
Los resultados son contundentes, ya que muestran cómo las perturbaciones aumentan bajo todos los escenarios climáticos. El trabajo predice un impacto particularmente grande en la región Mediterránea, clave para España, proyectando un incremento de las áreas severamente perturbadas entre un 52 % y un 89 % para finales de siglo, según el escenario climático. En esta región, la perturbación dominante es el fuego y el patrón proyectado se alinea con evidencias previamente demostradas, como que el calentamiento aumenta el peligro meteorológico de incendio, debilita la barrera nocturna al fuego, que las temporadas de incendios son cada vez más largas y que como consecuencia de lo anterior, entre otros factores, los episodios de incendios más extremos parecen aumentar en los últimos tiempos, como se vio en 2025. Aun así, la superficie forestal quemada en Europa no ha mostrado una tendencia de aumento durante las últimas décadas.
Como en cualquier estudio a gran escala, los datos y modelos no son los ideales, sino los disponibles, que en este caso se usan para generar la mejor evidencia posible sobre dinámicas futuras. En este sentido, los autores reconocen algunas limitaciones, incluyendo asunciones en sus simulaciones como que no hay cambios en la gestión forestal. Además, se centran únicamente en perturbaciones de alta severidad. A esto se suman otras incertidumbres relacionadas con el uso de umbrales o el proceso de modelización. No se trata explícitamente el matorral pese a su papel en el fuego, y la composición de especies proviene de teledetección, mapas y modelos de distribución, no de inventarios de campo que serían más precisos.
Con todo, el mensaje es difícil de eludir: sin mitigación, Europa y especialmente el Mediterráneo se encaminan hacia más área perturbada y pérdidas relativas de bosques maduros, con impactos crecientes a medida que aumenta la temperatura. La implicación práctica es doble, indica que hay que abordar la causa (emisiones) y reorientar la gestión hacia la resiliencia forestal.