Reacción a "Una IA diseña bacteriófagos funcionales desde cero"
Víctor de Lorenzo
Profesor de Investigación del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología
El trabajo de King et al. constituye uno de los primeros ejemplos del potencial de lo que empieza a denominarse genómica generativa: el diseño computacional de novo de genomas de microorganismos —y, previsiblemente, en un futuro, también de genomas eucarióticos— para dotarlos de funciones específicas. Como ha sucedido en otros momentos de la historia de la biología, las primeras demostraciones de este tipo de avances se hacen en sistemas relativamente sencillos, en este caso bacterias y bacteriófagos.
A mi juicio, la aportación científica más relevante del estudio no es únicamente el éxito técnico alcanzado, sino la demostración de un principio mucho más profundo: la evolución natural ha explorado solo una pequeña fracción del espacio funcional potencial. En consecuencia, resulta posible concebir y construir cromosomas y sistemas biológicos con arquitecturas, composiciones y propiedades funcionales que difieren sustancialmente de las que conocemos en la naturaleza. Esta idea amplía de forma extraordinaria el horizonte de la biología sintética y redefine nuestra concepción de lo que constituye un genoma posible.
El artículo describe el desarrollo acelerado de bacteriófagos capaces de eliminar patógenos frente a los que el arsenal antibiótico convencional ha dejado de ser eficaz. En un contexto de creciente resistencia antimicrobiana, esta posibilidad representa una contribución de enorme valor biomédico. Sin embargo, la misma tecnología también pone de manifiesto el dilema de las innovaciones disruptivas. La capacidad para diseñar virus dirigidos contra bacterias patógenas implica, por la misma lógica, la posibilidad de generar virus dirigidos contra microorganismos beneficiosos o componentes esenciales del microbioma. Más aún, si estas estrategias llegaran a extenderse a virus con tropismo por células eucariotas, surgirían oportunidades como el diseño de virus oncolíticos altamente específicos, pero también escenarios preocupantes, como la creación de virus con afinidad selectiva por determinados tipos celulares, tejidos o incluso grupos de población.
Estas posibilidades no cuestionan el enorme interés científico del trabajo, pero sí plantean preguntas legítimas sobre la bioseguridad, la gobernanza y el marco regulatorio que debería acompañar al desarrollo de la genómica generativa. Como ha ocurrido repetidamente en la historia de la ciencia, una misma tecnología puede servir para resolver problemas o, en ausencia de precauciones adecuadas, convertirse en una fuente de nuevos riesgos. El reto no reside únicamente en ampliar nuestras capacidades tecnológicas, sino en desarrollar también los mecanismos regulatorios y sociales que permitan aprovechar sus beneficios minimizando sus posibles usos indebidos.