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Yolanda Cabello

Embrióloga clínica independiente, consultora en reproducción asistida y profesora del máster en dirección Sanitaria y Gestión Clínica de la Universidad Internacional de Valencia

Este trabajo utiliza una fuente de datos ampliamente reconocida, el estudio Global Burden of Disease (GBD) 2023, que constituye una referencia para analizar tendencias epidemiológicas a escala mundial. Los métodos empleados son sólidos y apropiados para describir la evolución temporal y las diferencias entre países, utilizando indicadores estandarizados como la prevalencia ajustada por edad y los años de vida ajustados por discapacidad (DALYs). Sin embargo, conviene recordar que el GBD no mide directamente la infertilidad mediante estudios clínicos en cada país, sino que genera estimaciones a partir de múltiples fuentes y modelos estadísticos. Por tanto, los resultados son muy útiles para analizar tendencias globales, pero no deben interpretarse como cifras exactas de prevalencia en cada país. El estudio confirma una realidad bien conocida: la infertilidad femenina aumenta con la edad y, a medida que la maternidad se retrasa, el número de mujeres afectadas seguirá creciendo. Su principal novedad es centrarse específicamente en mujeres de 35 a 49 años y analizar la evolución en 204 países durante más de tres décadas, además de proyectar la carga futura hasta 2036. Los autores estiman que el número de mujeres afectadas en este grupo de edad podría aumentar cerca de un 50 % en los próximos diez años si continúan las tendencias actuales. En España, como ocurre en otros países de renta alta, las cifras probablemente reflejan la combinación de varios factores. El más importante es el retraso de la maternidad, consecuencia de cambios sociales, laborales y económicos que llevan a muchas mujeres a intentar el embarazo a edades en las que la fertilidad ya ha disminuido de forma natural. Además, un mejor acceso al diagnóstico y a los tratamientos de reproducción asistida hace que se detecten más casos que en países donde estos recursos son menos accesibles. Por ello, una mayor carga estimada no implica necesariamente una peor salud reproductiva de la población, sino también una mayor capacidad diagnóstica y un mayor uso de los servicios sanitarios. Una limitación importante es precisamente que las estimaciones pueden estar influidas por diferencias entre países en el acceso a la atención sanitaria, la búsqueda de ayuda médica, la disponibilidad de técnicas de reproducción asistida y la calidad de los registros. Los propios autores reconocen que la infertilidad puede estar infradiagnosticada en países con menos recursos y, por el contrario, detectarse con mayor frecuencia en los sistemas sanitarios más desarrollados. Además, el estudio no permite identificar las causas concretas del aumento observado ni separar el peso relativo de factores biológicos, ambientales o sociales. Desde el punto de vista clínico y de salud pública, el mensaje más importante es que la infertilidad debe abordarse como un problema de salud que requiere prevención, información y acceso equitativo a la atención. En España, además de seguir mejorando el acceso a los tratamientos cuando están indicados, probablemente las medidas con mayor impacto serían facilitar que quienes deseen tener hijos puedan hacerlo antes si así lo desean, mediante políticas de conciliación, estabilidad laboral y apoyo a la maternidad y paternidad. Al mismo tiempo, es fundamental mejorar la educación sobre el efecto de la edad en la fertilidad, ya que los avances en reproducción asistida no compensan completamente el descenso fisiológico de la fertilidad femenina asociado al envejecimiento. Me he encontrado a muchas pacientes durante mis 25 años de experiencia. Algunas pensaban que daba igual la edad porque para eso estábamos las clínicas de reproducción asistida, otras pensaban que los recién nacidos podrían tener problemas genéticos pero que era fácil conseguir la gestación espontánea y otras simplemente creían que estaban estupendas con 48 años y que por ello sus ovarios también eran maravillosos y capaces de ovular óvulos sanos. El principal matiz que trasladaría a los periodistas es evitar titulares como 'La infertilidad se dispara un 50 %'. Ese 50 % corresponde a una proyección del número de casos en mujeres de 35-49 años, impulsada en gran medida por el envejecimiento poblacional y el retraso de la maternidad, y no significa que el riesgo biológico individual de infertilidad vaya a aumentar un 50 %. Tampoco debe interpretarse que los países con mayor carga estimada tengan necesariamente peor salud reproductiva, ya que las diferencias en acceso al diagnóstico y a la reproducción asistida también influyen de forma importante en las estimaciones.
ES