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¿Qué implicaciones tiene el informe y cómo encaja con la evidencia existente?  

Este informe es un esfuerzo más para intentar transmitir la urgencia de abordar los problemas ambientales que el crecimiento de la población y el uso de recursos naturales ha experimentado en los últimos cincuenta años. En este caso, se centra en la disponibilidad de agua, el recurso más esencial. Como en otros aspectos del cambio global inducido por la humanidad, las evidencias son abrumadoras y aumentan año a año. El problema no son las evidencias, sino cómo se consigue transmitirlas a los órganos de decisión y agentes sociales de modo que se tengan en consideración de una forma efectiva. En esta tarea, el informe aumenta el énfasis utilizando el término de la bancarrota del agua.  

¿Cómo se está atendiendo ahora a la escasez de agua y cómo debería modificar dicha atención este informe? 

El informe señala que el lenguaje y las acciones asociadas utilizados hasta ahora sugerían una emergencia temporal que revertiría con algunas medidas. Esto no ha sido suficiente y la situación en muchos lugares ha empeorado extraordinariamente. Como en otros ámbitos, el mundo ha traspasado los límites de seguridad en el uso del agua. Traspasar esos límites implica entrar en una situación donde lo impredecible domina sobre aquello que se puede gestionar razonablemente. Reconocer esto no necesariamente implica resignación, sino que debería ser un acicate para una acción más determinante frente a la crisis climática y el desarrollismo incontrolado en el uso de recursos.  

¿Estamos ya en un punto de no retorno?  

Localmente hay muchos puntos de no retorno, porque hay estructuras hidrológicas que, si se destruyen, difícilmente se pueden recomponer. En cambio, otras estructuras no, en tiempos socialmente razonables. No obstante, la cuestión no son las irreversibilidades locales o regionales. La elevada interconexión global que las necesidades de nuestras sociedades actuales generan hace que esos problemas no se agoten en ellos mismos, sino que se propagan por ellos mismos o en resonancia con ellos a otras partes del planeta, en forma de demanda del agua o en forma de conflictos o migraciones.  

Por tanto, la solución está en la gobernanza de esas escalas globales, reconociendo que ya no es solo un tema de calidad y eficiencia, sino de controlar la demanda en valores absolutos. Naturalmente, esto incide en todo las actividad económica y demográfica del conjunto del planeta. A esa escala, claro que hay posibilidades para un mundo más honesto, basado en el conocimiento y una agenda orientada a la justicia social, tal como el informe señala.  

Siempre se habla de puntos calientes, como ciertas zonas de África, pero este estudio habla de una alarma global. ¿Qué problemas son característicos de Europa?  

Europa no es un espacio homogéneo. Los problemas de unos países no son los mismos que en otros y, a veces, la importancia que se atribuye a las cuestiones relacionadas con el agua depende más de quién las proponga que de una valoración objetiva de las mismas. Tradicionalmente, los países del sur han dado más peso a la disponibilidad de agua y los del norte, a la calidad. La Directiva Marco del Agua fue un esfuerzo notable para mejorar la calidad, que fomentó una acción coordinada en muchos países. La crisis climática está zarandeando muchos de los objetivos y métodos establecidos. Sequías recurrentes en zonas no habituales abren nuevos retos. En general, la inestabilidad de la calidad y los recursos demanda de mucho más conocimiento, previsión y voluntad de ejecución de medidas.  

Más allá de esto, y enlazando con lo antes mencionado, la globalización hace que los problemas del agua en otras partes del mundo también repercutan en Europa, en forma de comercio y recursos alimentarios y en las migraciones. El agua es uno de los capitales naturales más importantes, sino el que más, y quizás sea una oportunidad para despertar una acción efectiva y coordinada frente a los tremendos retos de la globalización. 

ES