El mundo ha entrado en la era de la bancarrota hídrica, según un nuevo informe de la ONU
Un nuevo informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH en sus siglas en inglés) endurece el discurso sobre la emergencia hídrica actual al hablar de la era de la “bancarrota global del agua”. Según el informe, los términos de “estrés hídrico” o “crisis del agua” son ya insuficientes, al encontrarnos en una situación que va más allá de una crisis temporal, caracterizada por pérdidas irreversibles de recursos hídricos naturales y la incapacidad de volver a los niveles históricos. El trabajo recuerda que, aunque no todas las cuencas están en bancarrota hídrica, “bastantes sistemas críticos en todo el mundo han cruzado estos umbrales” y están interconectados por el comercio, la migración, el clima o la geopolítica.
2026 01 20 Jordi Catalán bancarrota agua
Jordi Catalán
Profesor de investigación del CSIC en el CREAF
¿Qué implicaciones tiene el informe y cómo encaja con la evidencia existente?
“Este informe es un esfuerzo más para intentar transmitir la urgencia de abordar los problemas ambientales que el crecimiento de la población y el uso de recursos naturales ha experimentado en los últimos cincuenta años. En este caso, se centra en la disponibilidad de agua, el recurso más esencial. Como en otros aspectos del cambio global inducido por la humanidad, las evidencias son abrumadoras y aumentan año a año. El problema no son las evidencias, sino cómo se consigue transmitirlas a los órganos de decisión y agentes sociales de modo que se tengan en consideración de una forma efectiva. En esta tarea, el informe aumenta el énfasis utilizando el término de la ‘bancarrota del agua’”.
¿Cómo se está atendiendo ahora a la escasez de agua y cómo debería modificar dicha atención este informe?
“El informe señala que el lenguaje y las acciones asociadas utilizados hasta ahora sugerían una emergencia temporal que revertiría con algunas medidas. Esto no ha sido suficiente y la situación en muchos lugares ha empeorado extraordinariamente. Como en otros ámbitos, el mundo ha traspasado los límites de seguridad en el uso del agua. Traspasar esos límites implica entrar en una situación donde lo impredecible domina sobre aquello que se puede gestionar razonablemente. Reconocer esto no necesariamente implica resignación, sino que debería ser un acicate para una acción más determinante frente a la crisis climática y el desarrollismo incontrolado en el uso de recursos”.
¿Estamos ya en un punto de no retorno?
“Localmente hay muchos puntos de no retorno, porque hay estructuras hidrológicas que, si se destruyen, difícilmente se pueden recomponer. En cambio, otras estructuras no, en tiempos socialmente razonables. No obstante, la cuestión no son las irreversibilidades locales o regionales. La elevada interconexión global que las necesidades de nuestras sociedades actuales generan hace que esos problemas no se agoten en ellos mismos, sino que se propagan por ellos mismos o en resonancia con ellos a otras partes del planeta, en forma de demanda del agua o en forma de conflictos o migraciones.
Por tanto, la solución está en la gobernanza de esas escalas globales, reconociendo que ya no es solo un tema de calidad y eficiencia, sino de controlar la demanda en valores absolutos. Naturalmente, esto incide en todo las actividad económica y demográfica del conjunto del planeta. A esa escala, claro que hay posibilidades para un mundo más honesto, basado en el conocimiento y una agenda orientada a la justicia social, tal como el informe señala”.
Siempre se habla de puntos calientes, como ciertas zonas de África, pero este estudio habla de una alarma global. ¿Qué problemas son característicos de Europa?
“Europa no es un espacio homogéneo. Los problemas de unos países no son los mismos que en otros y, a veces, la importancia que se atribuye a las cuestiones relacionadas con el agua depende más de quién las proponga que de una valoración objetiva de las mismas. Tradicionalmente, los países del sur han dado más peso a la disponibilidad de agua y los del norte, a la calidad. La Directiva Marco del Agua fue un esfuerzo notable para mejorar la calidad, que fomentó una acción coordinada en muchos países. La crisis climática está zarandeando muchos de los objetivos y métodos establecidos. Sequías recurrentes en zonas no habituales abren nuevos retos. En general, la inestabilidad de la calidad y los recursos demanda de mucho más conocimiento, previsión y voluntad de ejecución de medidas.
Más allá de esto, y enlazando con lo antes mencionado, la globalización hace que los problemas del agua en otras partes del mundo también repercutan en Europa, en forma de comercio y recursos alimentarios y en las migraciones. El agua es uno de los capitales naturales más importantes, sino el que más, y quizás sea una oportunidad para despertar una acción efectiva y coordinada frente a los tremendos retos de la globalización.
2026 01 20 Antonio Collados Lara bancarrota agua
Antonio Collados Lara
Científico titular del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC)
El informe sostiene una idea central contundente: el mundo ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global.
El informe aporta una serie de evidencias para justificar esta idea:
- Aguas superficiales y ecosistemas acuáticos asociados en colapso.
- Acuíferos sobreexplotados y agotados y subsidencia del terreno asociada.
- Reducción importante de la criosfera.
- Agricultura en riesgo debido a la degradación del suelo y salinización de aguas y suelos.
- Sequías exacerbadas por la actividad humana mediante sobreexplotación, deforestación, degradación del suelo y cambio climático.
- Contaminación del agua que hace que gran parte del agua disponible no sea apta para uso humano o agrícola.
El principal mensaje que transmite es que es necesario dejar de hablar de estrés hídrico o crisis del agua, conceptos en los que cabe pensar en una posible recuperación de los sistemas hídricos y ecosistemas asociados. En muchos casos esta recuperación ya no es posible, los daños son irreversibles.
El concepto de ‘bancarrota hídrica’ está muy relacionado con la sobreexplotación de recursos hídricos, que es un término comúnmente usado en el ámbito de la hidrología, ya que en ambos casos se refiere a una situación de uso excesivo de agua por encima de los recursos renovables. Sin embargo, el término ‘bancarrota’ hace hincapié en la irreversibilidad de los daños. Esto es muy importante a la hora de concienciar a la sociedad del problema global asociado al agua.
Además, introducir un símil económico como ‘bancarrota’ para hablar de agua incide en la necesidad de dar valor al agua ya que es un recurso fundamental para la vida en nuestro planeta. Hasta ahora, desde el punto de vista económico, se han valorado más otros recursos naturales como por ejemplo el petróleo, hasta el punto de ‘acuñar’ nuevas monedas como los petrodólares. Quizás en un futuro tengamos que hacer lo mismo con el agua debido a problemas globales relacionados con su escasez y mala calidad. Este es el escenario que trata de evitar este informe demandando una agenda global renovada para la gestión del agua.
2026 01 20 Ana Allende bancarrota agua
Ana Allende
Profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas
La idea de ‘bancarrota hídrica mundial’ que plantea el informe encaja bien con la evidencia científica acumulada en los últimos años y supone un cambio conceptual muy acertado respecto al enfoque clásico de ‘crisis del agua’. En mi opinión, el uso de esta terminología es, además, una estrategia particularmente eficaz desde el punto de vista de la gobernanza, ya que permite trasladar la gravedad de la situación a gestores y responsables políticos acostumbrados a operar con marcos económicos y financieros. El paralelismo con una bancarrota ayuda a entender que no se trata de un problema coyuntural o reversible, sino de haber vivido durante décadas por encima de los ‘ingresos hídricos’, consumiendo capital natural, como los ríos, humedales, acuíferos, suelos o glaciares, hasta niveles que ya no permiten recuperar las condiciones del pasado. En este sentido, el informe no describe una amenaza futura, sino un diagnóstico de la situación actual, coherente con la evidencia sobre agotamiento de aguas subterráneas, degradación de ecosistemas acuáticos, deterioro de la calidad del agua y sequías cada vez más antropogénicas, y obliga a replantear las políticas del agua desde una lógica de límites biofísicos y adaptación estructural.
Respecto a si estamos en un punto de no retorno, el informe es claro al señalar que no todos los sistemas están ‘en bancarrota’, pero sí suficientes como para que el riesgo sea global y sistémico. En Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas son evidentes: sobreexplotación de acuíferos, especialmente en zonas agrícolas intensivas; degradación de ríos y humedales; pérdida de calidad del agua por contaminación difusa y urbana; y una creciente frecuencia de sequías prolongadas, especialmente en el Mediterráneo. La principal implicación para Europa es que no puede seguir abordando la escasez únicamente mediante mejoras de eficiencia, reutilización o nuevas infraestructuras, sin una revisión profunda de la demanda, los usos del suelo y los modelos productivos. El informe apunta a la necesidad de aceptar que algunos impactos son irreversibles y que la gestión del agua debe orientarse a prevenir más daños, redistribuir riesgos y costes de forma justa y adaptar los sistemas socioeconómicos a una disponibilidad de agua estructuralmente menor.
2026 01 20 José Luis García Aróstegui bancarrota agua
José Luis García Aróstegui
Investigador científico en el departamento de Aguas y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC)
Se trata de un informe demoledor en el que se alerta sobre la situación crítica y extrema del agua a nivel global y que aboga por un nuevo paradigma que es la quiebra de muchos sistemas hídricos. Resulta de interés la definición de los conceptos de estrés, crisis y quiebra hídrica y es singular la analogía, en el último caso, al de quiebra financiera, con el objetivo de establecer una nueva etapa.
El informe sostiene que, a nivel global, se han superado los límites hidrológicos, de lo cual existen numerosas evidencias científicas, de tal manera que muchos sistemas han entrado en lo que se viene a definir como ‘bancarrota o quiebra hídrica’, es decir, los cambios producidos son irreversibles. Esto implica que no es realista volver al estado previo en crisis, sino que hay que gestionar un estado poscrisis permanente. El informe propone una agenda para la gestión de esta nueva situación que debe pasar por la aceptación de este diagnóstico y en el que se incluye minimizar los daños irreversibles, proteger el ciclo hidrológico y reequilibrar derechos y expectativas. Entre las implicaciones de este nuevo paradigma está que para muchos sistemas hay que pasar de considerar la posibilidad de mitigación, sin descartarla de forma absoluta, a centrarse en la adaptación.
Especialmente relevante es el estado de muchos acuíferos en situación de agotamiento y para los cuales no es realista plantearse una recuperación, no solo por el alto coste socioeconómico sino también porque los ecosistemas dependientes asociados a muchos de ellos dejaron de existir hace muchas décadas. El informe pone especial foco en los aspectos cuantitativos pero la situación resulta, en muchos casos, más crítica si se incorpora el deterioro de la calidad de las aguas. La contaminación por nitratos de origen agrario de las masas de agua es la más extendida a nivel global y a apenas existen evidencias de recuperación cuando se ven afectadas grandes masas de agua subterránea, a pesar de destinar ingentes cantidades de dinero.
En Europa, la Directiva Marco del Agua indica que la recuperación del buen estado no es una opción, sino un objetivo legal que debe cumplirse de manera progresiva, con un monitoreo constante y esfuerzos continuos. El plazo tras dos prórrogas finaliza en 2027 y, singularmente en el sureste de España, en el que existe un grave problema de sobreexplotación y agotamiento de acuíferos, la preocupación es máxima al no estar claro cómo enfrentar el problema. El agotamiento de los acuíferos puede alcanzar los 15 km3, por lo que no es realista su recuperación y, en muchos casos, incluso no continuar con el deterioro tiene elevados costes, por lo que la adaptación supone, entre otros, centrarse en casos concretos. Hay que admitir que no se está en una situación de crisis que implica situación temporal, sino en una situación permanente sin posibilidad de recuperación, es decir, el problema no tiene solución, y hay que gestionarlo como tal.
El nuevo marco discursivo de ‘bancarrota hídrica global’ conlleva la honestidad de diagnosticar a nivel local, y sobre la base de las evidencias científicas, aquellos sistemas hídricos para los que se debe plantear la nueva agenda. En el caso europeo debería estar alineada no solo con la Directiva Marco del Agua, sino que, en un mundo con tantas interrelaciones, parecería adecuado incorporar el concepto de comercio de agua virtual.
2026 01 20 Leticia Baena Ruiz bancarrota agua
Leticia Baena Ruiz
Investigadora en el departamento de Aguas y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC)
El informe de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) introduce el concepto de ‘bancarrota hídrica global’ como una nueva categoría diagnóstica para describir el estado actual de numerosos sistemas hídricos en el mundo, poniendo de manifiesto la irreversibilidad y el agotamiento del ‘capital natural’.
Llevamos décadas de observaciones sobre sobreexplotación de acuíferos, descenso sostenido del almacenamiento de agua, subsidencia, intrusión salina y degradación de ecosistemas dependientes del agua subterránea. Desde el punto de vista hidrogeológico, la insistencia del informe en que muchos acuíferos no son ‘resilientes’ en escalas humanas es científicamente sólida y a menudo subestimada en la gestión del agua.
Aunque es una realidad, y en muchos sistemas hemos cruzado umbrales críticos (los datos GRACE, los registros piezométricos de acuíferos estratégicos y la expansión global de la subsidencia respaldan esta afirmación), el carácter global del término ‘bancarrota’ debe manejarse con cautela: no todos los sistemas están igualmente degradados y el riesgo es que el mensaje se perciba como homogéneo cuando la realidad hidrogeológica es profundamente heterogénea.
Como destaca el informe, es cierto que, en muchos sistemas, la normalidad ya no existe. El régimen hidrológico ha cambiado y la base ecológica que lo sostenía ha sido degradada, pero todavía estamos a tiempo de actuar en muchos otros que, aunque se encuentran afectados, pueden ser recuperados si se realiza una correcta gestión. La solución pasa por utilizar menos agua y utilizarla de otra forma. Esto se traduce en aceptar que no todos los usos son compatibles con la recarga real y que no todos los derechos históricos pueden mantenerse. La recarga gestionada, la reutilización o incluso la desalinización pueden ayudar, pero no corrigen una bancarrota si el gasto estructural sigue siendo superior a los ingresos.
Ante este escenario la pregunta clave es: ¿hemos llegado al punto de no retorno? Lamentablemente, en algunos sistemas, sí, al menos, a escala humana. Los acuíferos compactados no se recuperan, los deltas hundidos no se elevan y los humedales desaparecidos no resurgen. En otros casos, aún es posible estabilizar la situación y evitar daños mayores. El problema es saber identificar y priorizar los sistemas que son reversibles y los que no.
En el caso de Europa, uno de los mensajes más relevantes del informe es que el continente no está al margen. No es un ‘punto caliente’ clásico, pero sufre una bancarrota silenciosa: sobreexplotación crónica de acuíferos en el Mediterráneo, intrusión salina en costas, contaminación por nitratos, dependencia creciente del agua subterránea durante sequías y subsidencia en zonas urbanas y agrícolas. La diferencia es que aquí la infraestructura y la gobernanza amortiguan los impactos visibles. Pero el balance sigue siendo negativo en muchos de sus sistemas.
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