José Luis García Aróstegui
Investigador científico en el departamento de Aguas y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC)
Se trata de un informe demoledor en el que se alerta sobre la situación crítica y extrema del agua a nivel global y que aboga por un nuevo paradigma que es la quiebra de muchos sistemas hídricos. Resulta de interés la definición de los conceptos de estrés, crisis y quiebra hídrica y es singular la analogía, en el último caso, al de quiebra financiera, con el objetivo de establecer una nueva etapa.
El informe sostiene que, a nivel global, se han superado los límites hidrológicos, de lo cual existen numerosas evidencias científicas, de tal manera que muchos sistemas han entrado en lo que se viene a definir como ‘bancarrota o quiebra hídrica’, es decir, los cambios producidos son irreversibles. Esto implica que no es realista volver al estado previo en crisis, sino que hay que gestionar un estado poscrisis permanente. El informe propone una agenda para la gestión de esta nueva situación que debe pasar por la aceptación de este diagnóstico y en el que se incluye minimizar los daños irreversibles, proteger el ciclo hidrológico y reequilibrar derechos y expectativas. Entre las implicaciones de este nuevo paradigma está que para muchos sistemas hay que pasar de considerar la posibilidad de mitigación, sin descartarla de forma absoluta, a centrarse en la adaptación.
Especialmente relevante es el estado de muchos acuíferos en situación de agotamiento y para los cuales no es realista plantearse una recuperación, no solo por el alto coste socioeconómico sino también porque los ecosistemas dependientes asociados a muchos de ellos dejaron de existir hace muchas décadas. El informe pone especial foco en los aspectos cuantitativos pero la situación resulta, en muchos casos, más crítica si se incorpora el deterioro de la calidad de las aguas. La contaminación por nitratos de origen agrario de las masas de agua es la más extendida a nivel global y a apenas existen evidencias de recuperación cuando se ven afectadas grandes masas de agua subterránea, a pesar de destinar ingentes cantidades de dinero.
En Europa, la Directiva Marco del Agua indica que la recuperación del buen estado no es una opción, sino un objetivo legal que debe cumplirse de manera progresiva, con un monitoreo constante y esfuerzos continuos. El plazo tras dos prórrogas finaliza en 2027 y, singularmente en el sureste de España, en el que existe un grave problema de sobreexplotación y agotamiento de acuíferos, la preocupación es máxima al no estar claro cómo enfrentar el problema. El agotamiento de los acuíferos puede alcanzar los 15 km3, por lo que no es realista su recuperación y, en muchos casos, incluso no continuar con el deterioro tiene elevados costes, por lo que la adaptación supone, entre otros, centrarse en casos concretos. Hay que admitir que no se está en una situación de crisis que implica situación temporal, sino en una situación permanente sin posibilidad de recuperación, es decir, el problema no tiene solución, y hay que gestionarlo como tal.
El nuevo marco discursivo de ‘bancarrota hídrica global’ conlleva la honestidad de diagnosticar a nivel local, y sobre la base de las evidencias científicas, aquellos sistemas hídricos para los que se debe plantear la nueva agenda. En el caso europeo debería estar alineada no solo con la Directiva Marco del Agua, sino que, en un mundo con tantas interrelaciones, parecería adecuado incorporar el concepto de comercio de agua virtual.