Josefa García Barrado
Profesora titular de Farmacología e investigadora del grupo Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca
¿El estudio es de buena calidad?
“El estudio plantea una idea interesante para conocer los hábitos alimenticios de la población. Sin embargo, desde el punto de vista formal y científico, su aportación es limitada, ya que los resultados presentados no alcanzan un nivel de profundidad o relevancia destacado.
En cuanto a la metodología, los análisis realizados son adecuados, aunque el trabajo presenta algunos vacíos que podrían abordarse para fortalecer la interpretación de los resultados. En conjunto, el estudio tiene potencial, pero requeriría un mayor desarrollo para aspirar a una publicación del impacto en el que está”.
¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta?
“El propio estudio reconoce diversas limitaciones que deben considerarse al interpretar los resultados. En mi opinión, destaca especialmente la carencia de datos relevantes sobre las características de los participantes, lo que dificulta la extrapolación de los hallazgos de forma ajustada a los objetivos planteados. Para empezar, son personas dispuestas a compartir sus tiques de compra y eso se puede interpretar de muchas maneras. Además, no tenemos datos e información sobre el índice de masa corporal, la edad, la presencia o ausencia de otras patologías asociadas o la realización habitual de ejercicio físico y eso constituye otra limitación relevante. Además, no puede descartarse que algunos de los cambios observados estén relacionados en este inicio del tratamiento con el apoyo de otros profesionales sanitarios implicados en el proceso de pérdida de peso y no exclusivamente con la intervención analizada.
Por otra parte, el tiempo de seguimiento y el elevado número de compras registradas compensan parcialmente el reducido tamaño de la muestra. Por último, tal y como los propios autores señalan, otra posible limitación del estudio podría ser una clasificación inadecuada de algunos de los alimentos adquiridos”.
¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente?
“Sinceramente, no considero que este estudio suponga un avance significativo en la evidencia científica actual. No obstante, puede interpretarse como un primer paso hacia nuevas formas de investigación en este ámbito, que podrían complementarse en el futuro con estudios más amplios y con diseños metodológicos más robustos”.
¿Es novedoso?
“Sí, el estudio puede considerarse novedoso en la medida en que propone una forma diferente de abordar la investigación, al trasladarla fuera del entorno controlado del laboratorio y acercarla a los hábitos reales de la población. Este enfoque permite observar comportamientos en un contexto más cotidiano, lo que puede aportar una perspectiva complementaria a la evidencia existente”.
¿Pueden ayudar medicamentos de este tipo a cambiar patrones conductuales?
“Desde mi perspectiva, estos medicamentos probablemente no aporten un beneficio conductual superior al de otros fármacos. Al igual que ocurre con antihipertensivos o con antidiabéticos como la insulina, su efectividad depende en gran medida de los hábitos, costumbres y adherencia al tratamiento por parte de los pacientes. Por tanto, aunque puedan contribuir a los objetivos fisiológicos, no sustituyen ni potencian por sí mismos la terapia conductual”.