Los medicamentos para el control de la obesidad se relacionan con una cesta de la compra más saludable

Los medicamentos agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), empleados para el control de la obesidad y la diabetes tipo 2, se asocian con cambios en la compra de alimentos a favor de opciones más saludables. Este resultado, publicado en la revista JAMA Network Open, se obtuvo gracias al análisis de casi dos millones de tiques de compra de más de 1.100 participantes en Dinamarca. Aquellos que iniciaron un tratamiento con fármacos GLP-1 pasaron a realizar compras con menos calorías, azúcares, grasas saturadas y carbohidratos, junto con un aumento modesto del contenido proteico. Asimismo, se observó una disminución en la compra de alimentos ultraprocesados.  

26/01/2026 - 17:00 CET
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Joana Nicolau - cesta compra fármacos obesidad

Joana Nicolau

Investigadora en el Servicio de Endocrinología y Nutrición, Grupo de Investigación en Enfermedades Vasculares y Metabólicas del Hospital Universitario Son Llàtzer, Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares (IdISBa)

Science Media Centre España

El estudio recientemente publicado en JAMA Network Open que analiza los cambios en los patrones de compra de alimentos tras el inicio de tratamiento con agonistas del receptor del GLP-1 es un trabajo de buena calidad metodológica y con un enfoque innovador. Utiliza datos objetivos de compra procedentes de tickets de supermercado, enlazados con registros de prescripción farmacológica en una cohorte poblacional bien caracterizada, lo que reduce uno de los grandes problemas habituales en nutrición: la dependencia del autorreporte. Desde el punto de vista de la novedad, este trabajo destaca precisamente por analizar el comportamiento de compra, un marcador indirecto pero muy relevante del entorno del comportamiento alimentario real. Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones se habían centrado en cambios en la ingesta o en preferencias declaradas; disponer de datos objetivos de consumo a gran escala representa un avance interesante y abre la puerta a nuevas líneas de investigación.  

Dicho esto, como ocurre con los estudios observacionales, es importante interpretar los resultados con cautela, ya que el propio diseño no permite establecer una relación causal directa entre el inicio del tratamiento con análogos de GLP-1 (aGLP-1) y el cambio en las elecciones en la alimentación. Es razonable pensar que parte de los cambios observados puedan estar influidos por otros factores concurrentes, como el inicio de un seguimiento médico más estrecho, el asesoramiento nutricional o una mayor motivación para modificar hábitos al iniciar un nuevo tratamiento. De hecho, los autores reconocen esta limitación, así como la ausencia de datos clínicos relevantes como el índice de masa corporal o datos de composición corporal, que ayudarían a contextualizar mejor estos resultados.  

Aun así, los hallazgos encajan bien con la evidencia fisiológica y clínica acumulada en los últimos años. Sabemos que los GLP-1 no solo reducen el apetito y aumentan la saciedad, sino que también modulan circuitos centrales relacionados con la recompensa, el control de impulsos y la respuesta hedónica a los alimentos. En este contexto, no resulta sorprendente observar una reducción en la compra de productos ultraprocesados, ricos en azúcares y grasas, y un cambio hacia alimentos menos procesados y con mayor calidad nutricional y aporte proteico. El estudio aporta una pieza más a un puzle que empieza a mostrar que estos fármacos pueden influir no solo en cuánto comemos, sino también en qué elegimos comer.  

Una de las preguntas más interesantes que plantea el estudio es si los aGLP-1 pueden facilitar cambios conductuales más profundos y sostenidos. En la práctica clínica, cada vez observamos con más frecuencia que estos fármacos pueden ‘silenciar’ el ruido alimentario, reducir los antojos y disminuir la ingesta emocional, creando una ventana de oportunidad para trabajar hábitos que antes resultaban muy difíciles de modificar. Esto no significa que el fármaco sustituya a la intervención conductual, sino que puede actuar como un facilitador de esta.  

En este sentido, el mensaje clave sería que el beneficio máximo de estos tratamientos se alcanza cuando se integran en un abordaje multimodal: farmacología, nutrición, ejercicio y apoyo psicológico. Interpretar los aGLP-1 como una solución puramente ‘biológica’ sería una simplificación excesiva. Estudios como este sugieren que su impacto puede ir más allá del peso corporal, influyendo en decisiones cotidianas que, a largo plazo, son determinantes para la salud cardiometabólica y la calidad de vida. 

Declara no tener conflicto de interés
ES

Cristóbal Morales - cesta compra fármacos obesidad

Cristóbal Morales

Responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO)

Science Media Centre España

El estudio me gusta, es ingenioso, aunque se trate de un estudio observacional con la consecuente limitación de que no se puede atribuir causalidad, sino asociación. El hecho de elegir dos poblaciones, aquella con toma de medicación GLP-1 y el grupo control, junto con el análisis de los tickets de compra, aproxima una realidad bastante interesante. ¿Hemos encontrado la vacuna para el ultraprocesado? Parece que sí. Ya UNICEF le declaró la guerra al ultraprocesado en el último informe de hace dos meses sobre malnutrición, señalando que la obesidad era la primera causa de malnutrición en el mundo. 

Lo que sí demuestra el estudio no es nada que no sepamos en la vida real. Un paciente con fármacos de este tipo se inclina hacia elecciones más saludables, incluso con una prescripción nutricional sencilla, de manera bastante automatizada. Esto está relacionado con las áreas cerebrales sobre las que actúan estos medicamentos. En animales de experimentación, sabíamos desde hace muchísimo tiempo que las ratas de laboratorio dejaban de ir corriendo hacia la nocilla y la Coca-Cola y se iban hacia el grano. En ensayos clínicos, que es donde podemos establecer la causalidad, también tenemos recogidos patrones de conducta alimentaria y se ha analizado que existe una ingesta menor de ultraprocesados y mayor de productos saludables en pacientes que toman estos medicamentos.  

Lo interesante de este estudio es la aproximación que utilizan para arrojar luz sobre el problema: el análisis de los tickets de la compra. Aquí, lo que más me interesa a mí, es que se hace hincapié en que los pacientes con el fármaco consumen alimentos con menor densidad energética, menos azúcar, menos carbohidratos, menos grasas saturadas, algo más de proteínas y, lo que es muy interesante, disminuye la ingesta de ultraprocesados. No es que coman menos, sino que la calidad de lo que consumen es mejor. Lógicamente, el paciente que se pone en manos de un endocrino quiere cambiar de vida y también recibe consejo nutricional, aunque esto no se ha medido en el estudio. Por tanto, no se puede decir cuánto es atribuible al fármaco y cuánto es debido a la consulta del endocrino o del nutricionista que le ayuda en ese cambio de vida. 

Los fármacos no son la solución final de la obesidad, ni mucho menos: son el inicio de la solución. Esto el paciente lo debe tener muy claro. El fármaco es un facilitador para adoptar hábitos de vida saludable, para los que nuestra biología y nuestra programación genética nos lo ponen muy difícil. Estos fármacos son vacunas frente al ultraprocesado, son facilitadores de un estilo de vida saludable. Recientemente supimos de su efecto rebote con la publicación en el British Medical Journal. Hay que, y este es un mensaje súper importante para la población, que las personas que los utilizan bien —y hay mucha gente que lo hace así— los emplean como una herramienta de salud a largo plazo, siempre implementando hábitos de vida saludables. En este inicio de una nueva vida, el efecto rebote se previene con una muy buena visión de salud a largo plazo, incorporando hábitos. Es importante que no se utilicen estos fármacos alegremente, sino que están para ser utilizados por grupos multidisciplinares especializados, con una visión de salud en el tiempo y un buen uso, que mucha de la población —diría que la mayoría— hace, aunque muchas veces centremos el foco en el mal uso. 

En resumen, el estudio es interesante, creo que inicia muchas conversaciones y también nos recuerda que, al final, somos fruto de nuestra biología. La parte de la neurociencia, la parte cerebral, el cerebro obeso, sigue teniendo muchísima fuerza a la hora de llevarnos a un peso no saludable. 

No declara conflicto de interés
ES

2026 01 26 Josefa García Barrado medicamentos GLP

Josefa García Barrado

Profesora titular de Farmacología e investigadora del grupo Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca

Science Media Centre España

¿El estudio es de buena calidad? 

“El estudio plantea una idea interesante para conocer los hábitos alimenticios de la población. Sin embargo, desde el punto de vista formal y científico, su aportación es limitada, ya que los resultados presentados no alcanzan un nivel de profundidad o relevancia destacado. 

En cuanto a la metodología, los análisis realizados son adecuados, aunque el trabajo presenta algunos vacíos que podrían abordarse para fortalecer la interpretación de los resultados. En conjunto, el estudio tiene potencial, pero requeriría un mayor desarrollo para aspirar a una publicación del impacto en el que está”. 

 ¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta?  

“El propio estudio reconoce diversas limitaciones que deben considerarse al interpretar los resultados. En mi opinión, destaca especialmente la carencia de datos relevantes sobre las características de los participantes, lo que dificulta la extrapolación de los hallazgos de forma ajustada a los objetivos planteados. Para empezar, son personas dispuestas a compartir sus tiques de compra y eso se puede interpretar de muchas maneras. Además, no tenemos datos e información sobre el índice de masa corporal, la edad, la presencia o ausencia de otras patologías asociadas o la realización habitual de ejercicio físico y eso constituye otra limitación relevante. Además, no puede descartarse que algunos de los cambios observados estén relacionados en este inicio del tratamiento con el apoyo de otros profesionales sanitarios implicados en el proceso de pérdida de peso y no exclusivamente con la intervención analizada. 

Por otra parte, el tiempo de seguimiento y el elevado número de compras registradas compensan parcialmente el reducido tamaño de la muestra. Por último, tal y como los propios autores señalan, otra posible limitación del estudio podría ser una clasificación inadecuada de algunos de los alimentos adquiridos”. 

¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente? 

“Sinceramente, no considero que este estudio suponga un avance significativo en la evidencia científica actual. No obstante, puede interpretarse como un primer paso hacia nuevas formas de investigación en este ámbito, que podrían complementarse en el futuro con estudios más amplios y con diseños metodológicos más robustos”. 

¿Es novedoso? 

“Sí, el estudio puede considerarse novedoso en la medida en que propone una forma diferente de abordar la investigación, al trasladarla fuera del entorno controlado del laboratorio y acercarla a los hábitos reales de la población. Este enfoque permite observar comportamientos en un contexto más cotidiano, lo que puede aportar una perspectiva complementaria a la evidencia existente”. 

¿Pueden ayudar medicamentos de este tipo a cambiar patrones conductuales? 

“Desde mi perspectiva, estos medicamentos probablemente no aporten un beneficio conductual superior al de otros fármacos. Al igual que ocurre con antihipertensivos o con antidiabéticos como la insulina, su efectividad depende en gran medida de los hábitos, costumbres y adherencia al tratamiento por parte de los pacientes. Por tanto, aunque puedan contribuir a los objetivos fisiológicos, no sustituyen ni potencian por sí mismos la terapia conductual”. 

No declara conflicto de interés
ES
Publicaciones
Consumer food purchases after glucagon-like peptide-1 receptor agonist initiation
    • Carta
    • Revisado por pares
Revista
JAMA Network Open
26/01/2026
Autores

Kathrine Kold Sørensen et al. 

Tipo de estudio:
  • Carta
  • Revisado por pares
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