Ignacio J. Molina Pineda
Catedrático de Inmunología y director del departamento de Bioquímica y Biología Molecular 3 e Inmunología de la Universidad de Granada
El informe de la OMS en el que se indica la caída del número de casos de sarampión en Europa y Asia sugiere que esto es debido a que gran parte de la población no protegida ya ha sido infectada y tiene, además, un lado negativo para nosotros. En efecto, España y otros países han perdido su sitio en la lista de libres de sarampión, después de un largo período en el que habíamos estado libres de la enfermedad.
El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas, quizá solo superada por la covid-19, por lo que el control de su diseminación requiere un altísimo porcentaje de población inmunizada con una vacuna que es muy segura y eficaz. Los brotes aparecidos en los últimos años, tanto en Estados Unidos como en Europa, debemos relacionarlos con la disminución de la tasa de vacunación observada tras la covid-19. Hemos estado muy cerca de erradicar la enfermedad y su reaparición debida al rechazo a las vacunas ha sido una gran oportunidad perdida.
El sarampión puede dar lugar a muy graves complicaciones, incluso la muerte, por lo que no debemos considerarla una enfermedad banal. Además, el sarampión provoca la eliminación de las células de memoria inmunológica, por lo que perdemos la protección adquirida frente a otras enfermedades, exponiéndonos de esta forma a sufrirlas. Es, por tanto, necesario recuperar las tasas de vacunación que nos aseguren un control eficaz de la enfermedad.