Yolanda Lechón Pérez
Profesora investigadora en la Unidad de Análisis de Sistemas Energéticos del CIEMAT
El estudio destaca por su alta calidad científica y su enfoque innovador al analizar casi 89 millones de muertes en Europa y combinar, por primera vez de forma sistemática, factores socioeconómicos, contaminación del aire y transición energética en un mismo marco analítico. A diferencia de los trabajos previos, que suelen centrarse únicamente en la exposición a contaminantes, este trabajo introduce una dimensión nueva: la vulnerabilidad desigual de la población y su evolución a lo largo del tiempo en conexión con la transición energética. Aunque se basa en modelos y presenta algunas limitaciones, como el uso de datos agregados de energía renovable y el uso de métodos que podrían suavizar variaciones locales, su escala y su enfoque integrado lo convierten en una referencia muy sólida.
Los resultados revelan una Europa a dos velocidades: las regiones más pobres, sobre todo en el este y el sur, sufren una doble carga, ya que tienen una mayor exposición y un mayor riesgo de mortalidad por contaminación, mientras que las más ricas avanzan más rápido en su reducción. Este patrón concuerda con las evidencias previas, que ya indicaban la existencia de desigualdades en la exposición a la contaminación. No obstante, el estudio va más allá al demostrar que también existen diferencias en la vulnerabilidad y en los beneficios obtenidos de las mejoras ambientales.
La principal novedad es que la transición energética no solo reduce la contaminación, al disminuir las emisiones procedentes de combustibles fósiles, sino que también se asocia con una menor vulnerabilidad frente a la contaminación, en parte vinculada a mejores condiciones socioeconómicas y ambientales en las regiones más avanzadas en la transición. En otras palabras, no se trata solo de ‘menos contaminación’, sino de menor daño para un mismo nivel de exposición. Así, se obtiene una visión más completa y realista de cómo las políticas climáticas pueden traducirse en beneficios sanitarios
En términos de políticas públicas, el mensaje es claro: la transición energética no solo es una cuestión ambiental, sino también de equidad y salud pública. El estudio sugiere que las políticas deben priorizar las regiones más vulnerables, combinando inversión en energías renovables, mejora de la calidad del aire y refuerzo de los sistemas sanitarios. De lo contrario, la transición podría ampliar las desigualdades existentes. La integración de energía, medio ambiente y salud surge así como una condición clave para una transición justa y efectiva.
Para España, estos resultados son especialmente relevantes. Al ser un país del sur de Europa, combina episodios frecuentes de contaminación, especialmente de ozono, con desigualdades territoriales. El estudio sugiere que el avance hacia las energías renovables puede aportar beneficios sanitarios adicionales, pero también subraya la necesidad de complementarlo con políticas de salud pública específicas, como podrían ser la vigilancia epidemiológica, los sistemas de alerta temprana ante episodios de contaminación, el refuerzo de la atención sanitaria en poblaciones vulnerables y la coordinación entre políticas ambientales y sanitarias. En este sentido, la transición energética no solo debería entenderse como una estrategia climática, sino también como una herramienta clave para reducir las desigualdades en salud y mejorar el bienestar de la población.