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Cristóbal Morales

Responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO)

El estudio es de una belleza extraordinaria que viene a respaldar lo que ya venimos diciendo. La obesidad es una enfermedad muy compleja en la cual la genética tiene mucho que ver —no lo explica todo, pero sí una gran parte—. Conviene recordar que se trata de una revista de alto impacto, concretamente Nature, y que metodológicamente han analizado a 27.000 personas mediante un estudio genético.  

Es cierto que una de las limitaciones es que la pérdida de peso es reportada por los propios pacientes, es decir, son datos autoinformados. Sin embargo, el estudio arroja mucha luz sobre una preocupación habitual en la práctica clínica: cada persona responde de manera diferente. Nosotros hablamos de hiperrespondedores e hiporrespondedores, y además cada paciente presenta efectos secundarios distintos. Aquí, la genética podría explicar en parte ambas cuestiones.  

El estudio es muy relevante y pertinente porque aporta claridad a una problemática actual en consulta. Esto se enmarca en lo que denominamos medicina de precisión, un auténtico sueño: que en el futuro el apoyo genético nos permita elegir el mejor fármaco o diseñar el tratamiento más adecuado para cada persona según su perfil genético.  

No obstante, la genética no lo es todo. Como hemos dicho, se trata de una enfermedad muy compleja. Con los datos actuales, sabemos que variables biológicas como el sexo (las mujeres pierden más peso), la presencia de diabetes tipo 2 (las personas con diabetes pierden menos peso), la edad (a mayor edad, menor pérdida de peso) o el hígado graso (también asociado a menor pérdida) influyen significativamente. 

 En el futuro, utilizaremos variables clínicas predictoras tanto de la eficacia del tratamiento como de los efectos secundarios, junto con variables biológicas. Estamos en el inicio, en el despertar, de una nueva medicina: la medicina de precisión.  

En este estudio en concreto, se analizan variantes del gen GLP-1R, localizado en el cromosoma 6, que podrían explicar en parte por qué algunas personas responden mejor, dado el mecanismo de acción de estos fármacos sobre el receptor GLP-1R. Del mismo modo, variantes en el receptor GIPR, localizado en el cromosoma 19, podrían explicar por qué algunas personas presentan más efectos secundarios. Por ejemplo, ciertas variantes podrían bloquear la vía GIPR y hacer que se pierda el efecto protector frente a las náuseas, aumentando así la probabilidad de efectos adversos. 

Se dibuja, desde mi punto de vista, un futuro muy interesante. Es un hito poder anticiparnos mediante la farmacogenómica y aplicar una medicina de precisión en la elección del tratamiento, así como en la mejor forma de utilizarlo, diferenciando entre respondedores y no respondedores, y entre quienes presentan más o menos efectos secundarios. 

Actualmente contamos con dos fármacos en el mercado con altísima eficacia y buenos perfiles de seguridad, considerados esenciales y que son tirzepatida (Mounjaro) y semaglutida (Wegovy). En el futuro aparecerán nuevas moléculas con distintos mecanismos de acción, lo que hará aún más importante el apoyo de la genética para seleccionar el mejor tratamiento, siempre en combinación con el fenotipo o las características clínicas del paciente. 

Este estudio marca el inicio de una nueva era en la medicina basada en la integración de variables genéticas con variables clínicas que ya sabemos manejar en la consulta. 

ES