Autor/es reacciones

Roberto Rosal

Catedrático de Ingeniería Química del departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá

En este artículo, los autores proponen un nuevo indicador para medir la contaminación por partículas plásticas, microplásticos y nanoplásticos, denominado huella de partículas de plástico (plastic particle footprint, PPF). El principio subyacente es que todo el peso de un plástico se convertirá, tarde o temprano, en partículas persistentes, a menos que sea destruido molecularmente mediante procesos como la incineración. Los autores comparan los resultados de esta aproximación con la huella de carbono y concluyen que, aunque determinados objetos de plástico puedan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, deberían de resultar penalizados porque generan una contaminación por partículas persistentes que no existe en alternativas como la madera o el algodón.  

La justificación de la aproximación radica en que determinar las tasas reales de fragmentación de los plásticos y su impacto en el medio ambiente y la salud humana es, en esencia, inabordable dado el estado actual del conocimiento científico. Como alternativa, los autores aplican el principio de precaución, asumiendo que todo el plástico se fragmenta hasta llegar a nanoplásticos y que todo lo que se fragmenta representa un peligro, salvo prueba en contrario, incluyendo la totalidad de los plásticos depositados en vertederos. La consideración del flujo potencial máximo de partículas contaminantes constituye una aportación interesante que puede ayudar a matizar decisiones que, de otro modo, podrían subestimar el impacto ambiental de los plásticos a largo plazo. No obstante, dado el carácter muy simplificado de las estimaciones que implica, podría conducir a importantes sobreestimaciones, por lo que se trata de un cálculo que debe tomarse con precaución.

ES