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Ana Isabel Rodríguez Pérez

Coinvestigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS-USC) y profesora titular en la Universidade de Santiago de Compostela

El estudio de Bueno-López y colaboradores aporta una nueva pista para entender por qué las personas fumadoras presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson. Tras seguir durante unos 12 años a más de medio millón de participantes de China Kadoorie Biobank, los autores confirman esta asociación y aportan un hallazgo muy interesante: entre las personas que nunca habían fumado, aquellas con mayores niveles de monóxido de carbono (CO) exhalado también presentaban un menor riesgo de párkinson. 

Este resultado sugiere que el menor riesgo de párkinson asociado al tabaquismo podría no deberse al tabaco en sí, sino que el CO podría contribuir, al menos en parte, a explicar esta relación. Esta posibilidad es muy interesante porque durante años se ha planteado que la nicotina podría ser responsable de este efecto, pero los ensayos clínicos realizados hasta ahora no han demostrado que frene la progresión de la enfermedad. 

El estudio destaca por el gran número de participantes, el largo seguimiento y el control de numerosos factores que podrían influir en los resultados (exposición pasiva al tabaco, uso de combustibles sólidos en el hogar, actividad física o nivel socioeconómico). Además, los resultados son coherentes con estudios previos realizados en modelos animales en los que se demuestra que, aunque el CO es muy tóxico a concentraciones elevadas, a dosis bajas y cuidadosamente controladas, puede activar mecanismos antioxidantes, antiinflamatorios y neuroprotectores. 

En cualquier caso, y muy importante, este trabajo no demuestra que fumar proteja frente al párkinson y no ofrece ninguna razón para empezar a fumar ni para no abandonar el tabaco. De hecho, el propio estudio confirma que el tabaquismo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares, ictus y muerte prematura. 

La investigación presenta algunas limitaciones: al ser observacional, muestra una asociación, pero no demuestra relación causa/efecto; además, el CO exhalado se evaluó únicamente en un momento, al inicio del estudio (utilizando la media de dos mediciones consecutivas), y no puede determinarse con precisión su origen. Aunque estos resultados no cambian por ahora la práctica clínica, abren la posibilidad de explorar el CO a bajas dosis como estrategia terapéutica, una opción que ya está comenzando a evaluarse en pacientes con párkinson. 

ES