Marta del Pino
Médica de la Unidad de Oncología Ginecológica en el Hospital Clínic de Barcelona, coordinadora científica en el Instituto Clínico de Ginecología, Obstetricia y Neonatología (ICGON) y profesora asociada en la Universidad de Barcelona
El estudio evalúa si es posible detectar el virus del papiloma humano (VPH) en fluido menstrual recogido con una ‘minicompresa’ (minipad), y compara su rendimiento con la toma cervical realizada por profesionales para detectar lesiones precancerosas de cuello uterino (CIN2+).
En conjunto, es un trabajo interesante porque plantea una alternativa no invasiva a la detección de VPH convencional (que realiza el médico o la matrona) y que podría ser especialmente útil para mujeres que no acuden al cribado por barreras como incomodidad, miedo o dificultades de acceso. El estudio incluye una muestra comunitaria amplia (más de 3.000 mujeres con ciclos regulares) y realiza una comparación directa con la toma profesional. En este contexto, la detección de VPH en la muestra menstrual recogida con una minicompresa muestra una buena sensibilidad (similar a la del muestreo cervical convencional) para identificar CIN2+, con un valor predictivo negativo muy alto, es decir, que un resultado negativo reduce mucho la probabilidad de que existan realmente lesiones CIN2+ y puede aportar una elevada tranquilidad clínica.
Dicho esto, no se puede entender este estudio como un posible reemplazo inmediato del cribado actual. Hay limitaciones importantes: incluye solo mujeres que menstruan y con ciclos regulares, y utiliza un dispositivo prototipo que no está disponible comercialmente. Además, como ocurre en muchos estudios de cribado, no se realizó biopsia a todas las mujeres con resultados negativos; esto puede introducir sesgo de verificación y sobreestimar el rendimiento de la prueba.
También debe considerarse que, al recoger material del conjunto del tracto genital, el test podría detectar infecciones por VPH que no estén en el cuello del útero, aumentando falsos positivos. De hecho, como ocurre con cualquier estrategia basada en VPH, el valor predictivo positivo (es decir, la probabilidad de que un resultado positivo corresponda realmente a una lesión CIN2+) es limitado en población general y una proporción importante de resultados positivos no tendrá lesión. Antes de plantear su uso en la práctica clínica, serían necesarios estudios de implementación en otros entornos, comparación con otros métodos de autotoma ya disponibles y análisis de coste-efectividad y circuito asistencial.
En este contexto, conviene recordar que ya existen otras estrategias no invasivas con evidencia sólida. La automuestra vaginal para VPH, cuando se analiza con pruebas basadas en PCR, ha mostrado un rendimiento muy similar al de la muestra tomada por el profesional y ya se contempla en recomendaciones internacionales como una opción para aumentar la participación en el cribado. La orina, recogida de forma estandarizada, también es una muestra prometedora, aunque con resultados más variables entre estudios y, a menudo, con menor especificidad. Por tanto, el valor de esta investigación es abrir una alternativa adicional que podría sumar en determinados escenarios, pero aún necesita replicación e investigación de implementación.