Toni Gabaldón
Profesor de investigación ICREA y jefe del grupo de Genómica Comparada del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) y del Barcelona Supercomputing Centre (BSC-CNS)
El artículo de Sahan y colaboradores investiga el microbioma de restos momificados del famoso ‘hombre de hielo’, Ötzi, de 5.300 años de antigüedad conservados durante tres décadas en el museo del Tirol (Austria) a temperaturas bajas (-6 ºC). La pregunta que intentan responder es relevante: ¿pueden las condiciones de conservación preservar la microbiota ancestral o, por el contrario, permiten la supervivencia y crecimiento de microorganismos que hayan podido colonizar los restos momificados? Para ello el equipo emplea técnicas apropiadas combinando metagenómica, aislamiento por cultivo y detección de daños en el ADN que son característicos de muestras antiguas. La metodología empleada es apropiada y, aunque el estudio tiene limitaciones obvias (como la poca cantidad de muestras y falta de replicados), los resultados son concluyentes.
Los resultados principales son claros y demuestran que la muestra estudiada no ha permanecido inalterada durante este tiempo, sino que hay comunidades de microorganismos, particularmente levaduras adaptadas a condiciones frías, que han colonizado y proliferado en la momia, pese a las bajas temperaturas en el yacimiento original o en el museo. También demuestra que las prácticas de conservación museística como la pulverización de agua para mantener las condiciones de humedad o la aplicación de desinfectantes han alterado las comunidades microbianas, introduciendo o seleccionando algunos organismos. El estudio es importante porque aporta luz sobre cómo interpretar los hallazgos de microbios en muestras antiguas. También arroja dudas sobre estudios de muestras antiguas que sobreentienden que las secuencias obtenidas pertenecen a microbios antiguos asociados al individuo o al ambiente original. Nos recuerda que los microbios, incluidas las levaduras, se abren camino en ambientes tan extremos como las temperaturas por debajo de 0.
El estudio no solo arroja una jarra de agua fría (literalmente) sobre nuestras esperanzas de conocer comunidades microbianas antiguas; también aporta posibles soluciones para mejorar la conservación de muestras antiguas o discernir entre la composición microbiana original de una muestra arqueológica y las colonizaciones posteriores.