José V. (Pipo) Roces-Díaz
Profesor en la Universidad de Oviedo, investigador en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB) del CSIC-Universidad de Oviedo
Muchas veces, lo que preocupa a la comunidad científica en relación con el cambio global no es (solo) la magnitud de los cambios, sino la velocidad a la que se producen. Esto es aplicable a muchos procesos, desde la tasa de extinción de especies hasta la de acumulación de CO₂ en la atmósfera.
Y es que en los últimos años (y semanas), durante algunos episodios de incendios forestales particularmente problemáticos, hemos oído hablar en los medios de eventos en los que el fuego se mueve muy rápido y se propaga a velocidades anormalmente altas. Esto resulta particularmente preocupante cuando quienes hablan de ello son las personas que se ocupan directamente de la extinción de los incendios, por razones obvias.
Un grupo de científicas/os del fuego, con una gran experiencia analizando los incendios forestales, su ecología y sus impactos en Norteamérica, se preocupa en este trabajo también por la velocidad. En este caso, tratan de buscar relaciones entre la velocidad de propagación de los incendios y algunas de sus otras características (por ejemplo, sus efectos ambientales). Para ello, han recopilado datos asociados a casi 3.500 incendios que han tenido lugar durante más de una década en el oeste y las regiones boreales de Norteamérica, en zonas arboladas dominadas por especies de coníferas. Cabe destacar que esta amplia zona de estudio incluye, en general, territorios donde el fuego es, de forma natural, un elemento clave y frecuente en el funcionamiento de los ecosistemas.
El conjunto de datos que utilizan parece sólido e incluye una amplia variabilidad ambiental, pero, pese a esa heterogeneidad, el patrón de los resultados parece bastante coherente. En general, encuentran una relación positiva entre la velocidad de propagación y la severidad del fuego, que es una buena medida de los impactos del incendio. Es decir, los incendios que se propagan más rápido están asociados también, a priori, a impactos más fuertes.
Los incendios de comportamiento extremo son cada vez más frecuentes en buena parte del planeta e incluso son observados en zonas en las que nunca se habían registrado (o donde eran muy poco frecuentes). Por lo tanto, constituyen una de las principales preocupaciones de la comunidad científica. Lo son tanto por sus efectos sobre la sociedad (por ejemplo, pérdida de vidas y de bienes materiales), como por sus impactos sobre los ecosistemas, su funcionamiento ecológico y sus valores naturales. Este trabajo añade una pieza más para entender estos incendios: no solo importa cuánto queman o con qué intensidad lo hacen, sino también la velocidad a la que se propagan, ya que todas estas variables están relacionadas entre sí.