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Cristóbal Morales

Responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO)

El artículo es una joya, es realmente precioso y de alto interés. La idea general la conocíamos, pero tener estudiadas genéticamente a cuatro generaciones de ingleses que nos revelen que el entorno actual, la sociedad obesogénica, potencia la expresión de estos genes que regulan el hambre y la saciedad es importante. Realmente esta epidemia de obesidad no se debe a un cambio de genes, sino que es el cambio de entorno lo que permite que la fuerza genética se manifieste más.  

Un posible titular sería que el código postal hace que el código genético se exprese con mucha más fuerza. Si en los niños de la posguerra de 1946 el efecto de la genética tenía un impacto de 0.46 sobre el índice de masa corporal, ahora vemos que esa fuerza se ha multiplicado por dos en esta última generación. La sociedad obesogénica hace que se expresen con mayor fuerza los genes que nos predisponen a tener obesidad.  

También hay tres puntos muy importantes. Primero, de la desigualdad de distribución de riesgo vemos que las personas más obesas tienen una expresión mayor de esos genes. Eso permite ayudar a entender las causas biológicas que llevan a las personas a tener sobrepeso u obesidad.  

Segundo, pone sobre la mesa un problema de salud pública y la obligación de legislar para proteger a esta población, entendiendo el impacto en la expresión génica que tiene la sociedad obesogénica. Y tercero: tenemos que caminar hacia una medicina de precisión y profundizar en el diagnóstico, porque hoy sabemos que la carga genética a veces influye en un 50-70 % en este aumento de peso. Para mí, el titular sería que el código postal está potenciando, está ganando al código genético.  

Simplemente no cambia la genética, lo que cambia es la expresión de esos genes que actualmente se expresan con el doble de fuerza que en anteriores generaciones. Eso hay que entenderlo; nos obliga a actuar. 

En resumen, el artículo es una auténtica preciosidad y la metodología es bastante buena. Da mucho de qué hablar, genera mucho debate y pone sobre la mesa una verdad incómoda que tenemos la obligación de afrontar como un problema de salud pública.

ES