Rosa del Campo
Investigadora de la Universidad de La Rioja y miembro del Grupo Especializado para el Estudio de la Microbiota Humana de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC-GEMBIOTA)
¿El estudio es de buena calidad?
“Este estudio tiene una gran calidad metodológica. Además de usar un amplio número de pacientes y controles, se incluye por primera vez a los que, teniendo la mutación genética que está más relacionada con el párkinson, no desarrollan la enfermedad. También se ha utilizado un análisis novedoso de la microbiota, aunque echo en falta complementarlo con la metabolómica, es decir, no qué bacterias están, sino qué metabolitos producen”.
¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta?
“En el campo de la microbiota solo podemos comparar a enfermos y sanos y ver las diferencias con estadística, pero eso no sabemos si es causa o consecuencia. Ellos mismos lo comentan, y ahora lo que queda es validar estos cambios prospectivamente, además de añadir los estudios metabolómicos para identificar que están haciendo esas bacterias de forma diferente a los controles sanos”.
¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente?
“La implicación más grande es que en los sujetos que tienen mutaciones que predisponen a tener párkinson, su microbioma intestinal se parece más a los enfermos que a los sanos, lo que apunta a que habría que estudiar a estos sanos portadores de mutación y de bacterias similares (por qué no desarrollan la enfermedad o la retrasan). Esto conlleva el desarrollo de nuevas líneas de investigación, así como test predictivos basados en la genómica humana y la microbiana para asignar la probabilidad de desarrollar párkinson a un sujeto cuando está aún sano”.
Ya se habían asociado con anterioridad alteraciones en la microbiota o trastornos digestivos con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson. ¿Qué conclusiones se pueden empezar a extraer?
“Esta pregunta es la más complicada de responder. Efectivamente, ya hace tiempo que se viene poniendo el foco en el intestino para las enfermedades neurológicas degenerativas. Se han encontrado diferencias significativas en los pacientes y en los controles, pero no se ha identificado un microorganismo concreto. Esto no es una infección de un microorganismo, sino una colonización patogénica de un ecosistema completo, donde no es sencillo encontrar la causa concreta. A pesar de los cambios en la composición, todos creemos que es más importante el cambio metabólico, sobre todo porque esas bacterias generan sustancias que pueden ser neurotóxicas, pero también pueden degradar otras que sean neuroprotectoras. Se habla mucho de cómo la microbiota modifica los fármacos y, en el caso del párkinson, se relaciona con microrganismos que degradan la dopamina y por ello algunos pacientes dejan de responder a la medicación. A pesar de toda la bibliografía que existe sobre el eje cerebro-intestino, aún no se ha concretado el mecanismo que se asocia en cada enfermedad, pero no tenemos duda de que la microbiota contribuye en las enfermedades neurodegenerativas y en concreto el párkinson empieza en el intestino. Uno de los factores que es común en todos ellos es el estreñimiento severo, lo que prolonga las fermentaciones bacterianas de los alimentos, y es clave poder mejorar el tránsito intestinal para evitar esa sobrefermentación”.