Un estudio muestra que alteraciones del microbioma intestinal pueden identificar a personas con riesgo de desarrollar párkinson

Uno de los factores de riesgo genético para desarrollar la enfermedad de Parkinson más conocidos es ser portador de variantes del gen GBA1. Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Medicine ha comparado el microbioma de 43 portadores de dicho gen que no habían desarrollado la enfermedad con 271 pacientes con párkinson y 150 personas sanas. Los resultados mostraron, además de alteraciones en el microbioma en el grupo de pacientes, que un 25 % del microbioma de los portadores de este gen mostraba alteraciones, siendo un perfil intermedio entre los otros dos grupos. Los resultados fueron validados con cohortes independientes de Reino Unido, Corea y Turquía. Según los autores “las alteraciones del microbioma intestinal pueden identificar a individuos con riesgo tanto genético como no genético en la población general que podrían estar progresando hacia la enfermedad de Parkinson”.

20/04/2026 - 17:00 CEST
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Analía Bortolozzi - microbioma parkinson

Analía Bortolozzi

Científica titular en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB–CSIC), investigadora principal en el CIBERSAM y responsable del grupo de Neurofarmacología de Sistemas en el IDIBAPS–Fundació Clínic

Science Media Centre España

Este estudio encaja y refuerza fuertemente el modelo del párkinson de ‘cuerpo primero’ (body-first), el cual sugiere que la enfermedad puede iniciarse con alteraciones en el sistema nervioso entérico y autónomo antes de propagarse al cerebro. Ya existía evidencia de cambios en el microbioma de pacientes con párkinson diagnosticado y en modelos animales. La gran aportación demostrada aquí es que un gran componente del microbioma (aproximadamente el 25 %) ya presenta alteraciones en personas con riesgo genético sin síntomas (GBA-NMC), mostrando un estado intermedio entre los controles sanos y los pacientes con la enfermedad del Parkinson.

Desde un punto de vista metodológico, este trabajo combina datos clínicos exhaustivos y metagenómica fecal de una cohorte principal de 464 personas y utiliza un análisis novedoso basado en la coherencia de la variación de la abundancia bacteriana entre los distintos grupos (evaluada mediante el delta de Cliff). Esto permite detectar cambios sutiles pero consistentes en una gran proporción del microbioma, en lugar de fijarse solo en variaciones extremas de unas pocas especies. Así, los investigadores han dado un paso más creando una herramienta basada en 16 especies bacterianas (PDMS-16), capaz de identificar individuos de la población general sana que presentan un perfil clínico más cercano al de los pacientes con párkinson. No menos importante, los hallazgos principales de este estudio no se limitaron a la cohorte original, sino que fueron validados en tres cohortes independientes y geográficamente diversas (Estados Unidos, Corea y Turquía), aportando una gran robustez a los resultados obtenidos.

Sin embargo, y tal como lo indican los propios autores, el diseño del estudio ha sido transversal (una fotografía en un momento dado) y se ha incluido un número reducido de personas con riesgo genético sin síntomas (43 individuos GBA-NMC), de modo que no se puede confirmar qué individuos en riesgo acabarán desarrollando verdaderamente la enfermedad. Se necesitan estudios longitudinales a lo largo del tiempo para confirmar la conversión al párkinson clínico.

Aunque se ha asociado con anterioridad alteraciones en el microbioma o trastornos digestivos con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson, se pueden extraer varias conclusiones muy relevantes de este trabajo que cambian la perspectiva de la enfermedad. Las alteraciones del microbioma intestinal evolucionan progresivamente con el desarrollo de la enfermedad y no son simplemente una respuesta al tratamiento farmacológico o a los síntomas tardíos del párkinson. Además, los cambios en ciertas especies bacterianas están fuertemente correlacionados con síntomas prodrómicos (aquellos que preceden en años a los síntomas motores), tales como disfunción autonómica, estreñimiento crónico, trastornos del sueño REM o depresión. Esto se observa tanto en personas con riesgo genético como en población ‘sana’ con alta vulnerabilidad en desarrollar la enfermedad. La conclusión principal es que el microbioma intestinal tiene el potencial real de servir como un marcador temprano no invasivo. Evaluar la composición del microbioma podría ayudar a identificar en la población general (con o sin riesgo genético conocido) a aquellos individuos que se encuentran en la fase premanifiesta y progresan hacia el párkinson, abriendo una ventana de oportunidad crucial para futuras terapias neuroprotectoras preventivas.

Declara no tener conflicto de interés
ES

José Manuel Fernández-Real - microbioma parkinson

José Manuel Fernández-Real

Jefe del grupo de Nutrición, Eumetabolismo y Salud del IDIBGI y del CIBEROBN, catedrático de Medicina de la Universidad de Girona y jefe de Sección de Endocrinología del Hospital Dr. Josep Trueta

Science Media Centre España

El estudio presenta varios elementos que apuntan a una calidad metodológica razonable, como el uso de un tamaño muestral relativamente amplio, la inclusión de distintos grupos (pacientes con enfermedad de Parkinson, portadores de variantes en GBA1 sin manifestaciones clínicas y controles sanos) y la validación de los hallazgos en cohortes independientes de diferentes países. Además, la incorporación de datos metagenómicos fecales y el intento de aplicar métricas cuantitativas como el delta de Cliff sugieren un enfoque analítico sofisticado. Sin embargo, la calidad global del estudio debe interpretarse con cautela, ya que la solidez de sus conclusiones depende no solo del tamaño muestral o la replicación, sino también del diseño y del control de variables externas.  

Entre las principales limitaciones destaca el carácter fundamentalmente transversal del estudio, que impide establecer relaciones causales claras. Es decir, no se puede determinar si las alteraciones en la microbiota intestinal contribuyen al desarrollo de la enfermedad de Parkinson o si, por el contrario, son una consecuencia de procesos fisiopatológicos ya en marcha, incluso en fases subclínicas. Asimismo, la microbiota intestinal está fuertemente influida por múltiples factores de confusión, como la dieta, el uso de medicamentos, el estilo de vida o el entorno geográfico, y no queda del todo claro hasta qué punto estos han sido controlados de manera rigurosa. También resulta relevante el menor tamaño del grupo de portadores de GBA1 sin síntomas, lo que podría afectar a la robustez de las comparaciones y a la interpretación del concepto de microbiota ‘intermedia’. Por otro lado, el uso de métodos analíticos novedosos, aunque potencialmente valioso, puede dificultar la reproducibilidad y la comparación con otros estudios si no está suficientemente estandarizado. 

En cuanto a las implicaciones, el estudio refuerza la hipótesis de que existe una relación estrecha entre la microbiota intestinal y la enfermedad de Parkinson, y sugiere que ciertos perfiles microbianos podrían estar asociados no solo con la enfermedad establecida, sino también con estados de riesgo o fases prodrómicas. Esto encaja con un cuerpo creciente de evidencia que vincula el eje intestino-cerebro con enfermedades neurodegenerativas, incluyendo hallazgos previos sobre alteraciones gastrointestinales tempranas y cambios en la composición bacteriana en pacientes con párkinson. Sin embargo, aunque estos resultados son coherentes con estudios anteriores, todavía no permiten establecer la microbiota como un biomarcador clínico fiable ni como un factor causal demostrado.  

En relación con la evidencia previa, el hecho de que ya se hubieran descrito asociaciones entre trastornos digestivos, alteraciones de la microbiota y enfermedades como el párkinson sugiere que estamos ante un fenómeno consistente, aunque aún incompletamente comprendido. A partir de estudios como este se puede empezar a concluir que la microbiota intestinal podría desempeñar un papel relevante en las fases tempranas de la enfermedad o en la modulación del riesgo, especialmente en individuos con predisposición genética. No obstante, las conclusiones deben ser prudentes: más que un marcador definitivo de progresión hacia la enfermedad, la microbiota parece, por ahora, un componente más dentro de un sistema complejo en el que interactúan factores genéticos, ambientales y fisiológicos. Será necesario contar con estudios longitudinales y mejor controlados para determinar si estas alteraciones tienen valor predictivo real o potencial terapéutico.

No declara conflicto de interés
ES

Rosa del Campo - microbioma parkinson

Rosa del Campo

Investigadora de la Universidad de La Rioja y miembro del Grupo Especializado para el Estudio de la Microbiota Humana de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC-GEMBIOTA)

Science Media Centre España

¿El estudio es de buena calidad?  

“Este estudio tiene una gran calidad metodológica. Además de usar un amplio número de pacientes y controles, se incluye por primera vez a los que, teniendo la mutación genética que está más relacionada con el párkinson, no desarrollan la enfermedad. También se ha utilizado un análisis novedoso de la microbiota, aunque echo en falta complementarlo con la metabolómica, es decir, no qué bacterias están, sino qué metabolitos producen”. 

¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta?  

“En el campo de la microbiota solo podemos comparar a enfermos y sanos y ver las diferencias con estadística, pero eso no sabemos si es causa o consecuencia. Ellos mismos lo comentan, y ahora lo que queda es validar estos cambios prospectivamente, además de añadir los estudios metabolómicos para identificar que están haciendo esas bacterias de forma diferente a los controles sanos”. 

¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente?  

“La implicación más grande es que en los sujetos que tienen mutaciones que predisponen a tener párkinson, su microbioma intestinal se parece más a los enfermos que a los sanos, lo que apunta a que habría que estudiar a estos sanos portadores de mutación y de bacterias similares (por qué no desarrollan la enfermedad o la retrasan). Esto conlleva el desarrollo de nuevas líneas de investigación, así como test predictivos basados en la genómica humana y la microbiana para asignar la probabilidad de desarrollar párkinson a un sujeto cuando está aún sano”. 

Ya se habían asociado con anterioridad alteraciones en la microbiota o trastornos digestivos con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson. ¿Qué conclusiones se pueden empezar a extraer?  

“Esta pregunta es la más complicada de responder. Efectivamente, ya hace tiempo que se viene poniendo el foco en el intestino para las enfermedades neurológicas degenerativas. Se han encontrado diferencias significativas en los pacientes y en los controles, pero no se ha identificado un microorganismo concreto. Esto no es una infección de un microorganismo, sino una colonización patogénica de un ecosistema completo, donde no es sencillo encontrar la causa concreta. A pesar de los cambios en la composición, todos creemos que es más importante el cambio metabólico, sobre todo porque esas bacterias generan sustancias que pueden ser neurotóxicas, pero también pueden degradar otras que sean neuroprotectoras. Se habla mucho de cómo la microbiota modifica los fármacos y, en el caso del párkinson, se relaciona con microrganismos que degradan la dopamina y por ello algunos pacientes dejan de responder a la medicación. A pesar de toda la bibliografía que existe sobre el eje cerebro-intestino, aún no se ha concretado el mecanismo que se asocia en cada enfermedad, pero no tenemos duda de que la microbiota contribuye en las enfermedades neurodegenerativas y en concreto el párkinson empieza en el intestino. Uno de los factores que es común en todos ellos es el estreñimiento severo, lo que prolonga las fermentaciones bacterianas de los alimentos, y es clave poder mejorar el tránsito intestinal para evitar esa sobrefermentación”. 

No declara conflicto de interés
ES

Climent Casals-Pascual - microbioma parkinson

Climent Casals-Pascual

Jefe de servicio de Microbiología en el Hospital Clínic de Barcelona, profesor asociado en la Universitat de Barcelona e investigador en ISGlobal Barcelona

Science Media Centre España

El principal problema de los estudios de asociación de la microbiota con enfermedades concretas es que normalmente adolecen de un diseño adecuado para entender sus implicaciones clínicas o si los resultados son generalizables. Este estudio, sin embargo, presenta un diseño impecable (dentro de las limitaciones de los estudios observacionales) en el que no solo se describe una población sana y una población enferma (enfermos de párkinson), sino que estudian pacientes con una variante genética de alto riesgo de desarrollar la enfermedad (a medio camino entre los sanos y los enfermos) con un tamaño de muestra importante. De manera consistente, describen un subgrupo de bacterias con valor predictivo para el desarrollo de la enfermedad en sus fases iniciales y la validan en cohortes independientes de otras poblaciones con éxito. Las funciones metabólicas de estas bacterias permiten explicar o al menos, generar hipótesis plausibles, de cómo la enfermedad de Parkinson se inicia en el intestino y no en el cerebro años antes de desarrollar los síntomas neurológicos característicos del párkinson.

Los síntomas intestinales, como el estreñimiento, son característicos del intestino en el enfermo de párkinson, pero la disbiosis intestinal descrita parece anteceder en años el desarrollo de la enfermedad, por lo que las consecuencias del estudio son altamente significativas desde el punto de vista de desarrollar una intervención temprana, bien en forma de recomendaciones dietéticas en personas de alto riesgo como la posibilidad de reemplazar una microbiota dañada por una de sana, como por ejemplo, mediante el trasplante de microbiota fecal.

La firma microbiana identificada debe validarse prospectivamente, pero este artículo presenta, sin duda, unos resultados muy prometedores.

No declara conflicto de interés
ES
Publicaciones
Microbiome signature of Parkinson’s disease in healthy and genetically at-risk individuals
    • Artículo de investigación
    • Revisado por pares
    • Humanos
Revista
Nature Medicine
20/04/2026
Autores

Menozzi E. et al. 

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
  • Revisado por pares
  • Humanos
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